El director Blake Edwards y Julie Andrews durante la filmación de Víctor Victoria (1983) y Peter Sellers como el Inspector Closeau. La prensa/Cortesía

Blake Edwards más allá de la Pantera Rosa

Edwards nunca ganó un Oscar competitivo, pero en 2004 la Academia le otorgó una estatuilla conmemorativa de toda su carrera.

Franklin Caldera

Muchos de estos directores realizaron filmes premiados por la Academia como mejor película: Norman Jewison ( Al Filo de la Noche ), Franklin J. Schaffner ( Patton ), William Friedkin ( Contacto en Francia ), George Roy Hill ( El Golpe ) y Sydney Pollack ( África Mía ).

Edwards nunca ganó un Oscar competitivo, pero en 2004 la Academia le otorgó una estatuilla conmemorativa de toda su carrera.

Su mejor filme dramático es Días de Vino y Rosa (1962), una visión descarnada del alcoholismo en etapa crónica y las bendiciones del programa de Alcohólicos Anónimos. La película se basó en el guión original de J.P. Miller para un teledrama transmitido en vivo en 1958, bajo la dirección de John Frankenheimer, con Cliff Robertson y Piper Laurie, tan impresionantes en la pantalla chica como Jack Lemmon y Lee Remick en la versión cinematográfica dirigida por Edwards.

Después de trabajar en la televisión dirigiendo episodios de la serie Peter Gunn (con música jazz de Henry Mancini), Edwards debutó en el cine dirigiendo Mi Papá Va al Colegio (1960), comedia bobalicona con Bing Crosby.

Su segundo filme consolidó su carrera como realizador cinematográfico: Muñequita de Lujo (Breakfast at Tiffany’s). Si bien la figura estilizada de Audrey Hepburn, en traje de Givenchy admirando en la madrugada los diamantes de Tiffany’s, es un icono del cine, la actriz era demasiado refinada para interpretar a Holly Golightly, una campesina convertida en call-girl que aprende a desenvolverse en los entornos más sofisticados de Nueva York (Truman Capote, autor de la novela, había insistido en Marilyn Monroe para el papel).

Pero la película que cambió (para bien o para mal) el destino de Edwards fue La Pantera Rosa (1963), comedia filmada en Roma, París y Los Ángeles, con reparto multiestelar (David Niven, Capucine y Claudia Cardinale). En el papel del inepto inspector francés Jacques Closeau, destacó entre todos el actor inglés Peter Sellers.

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El éxito de crítica y público de este filme dio origen a la serie de películas de La Pantera Rosa, caracterizadas por sus magistrales secuencias de títulos de crédito (con la juguetona pantera animada por Hawley Pratt), la inolvidable melodía de Mancini y las dificultades del inspector para expresarse en inglés.

Aunque la carrera de Sellers fue muy variada, se le hizo difícil desprenderse de Closeau, al que interpretó incluso después de su muerte prematura (en 1980) cuando Edwards dirigió Tras la Pista de la Pantera Rosa (1982), utilizando tomas descartadas de los filmes anteriores en las que aparecía el difunto actor.

Sin Sellers, Edwards dirigió, La Maldición de la Pantera Rosa (1983) con Ted Wass (como un sustituto de Closeau igualmente torpe) y El Hijo de la Pantera Rosa (1993), con el italiano Roberto Beningni, que no lograron revivir la serie. Bajo la dirección de Shawn Levy en 2006, Steve Martin, especialista en reciclar viejas películas, fue el nuevo Closeau, con suficiente acogida para generar una segunda parte, dirigida por Herald Zwart en 2009.

Otro foco de concentración de Edwards fueron sus intentos por cambiar la imagen demasiado azucarada de Julie Andrews (su esposa desde 1969), fijada en el subconsciente colectivo por los dos grandes éxitos de la actriz: Mary Poppins (producción Disney de 1964), y La Novicia Rebelde (1965) de Robert Wise.

Los esfuerzos conjuntos de la pareja (Darling Lili, Semilla de Tamarindo , S.O.B. y El Hombre que Amaba a las Mujeres ) no lograron la aceptación ni del público ni de la crítica, aunque Víctor Victoria (1983), remake de un filme alemán (con la malograda Renata Muller) sobre una soprano empobrecida que trabaja como travestí en un cabaret parisino, fue tan popular que se convirtió en musical en Broadway.

Marido y mujer lograron su mayor éxito con 10, la mujer perfecta (1979), pero entre la sobria comicidad del diminuto Dudley Moore y la belleza escultural de Bo Derek, la Andrews pasó prácticamente inadvertida.

Aparte de las películas del inspector Closeau, la asociación Edwards-Sellers produjo una comedia zonza llamada La Fiesta Inolvidable (1968), que muchos espectadores (entre ellos el cuentista nicaragüense Carlos Alemán Ocampo) recuerdan con cariño por la secuencia en que el comediante, haciendo de hindú, busca desesperadamente un baño para descargar su vejiga a punto de explotar.

Blake Edwards, fallecido el pasado 15 de diciembre a los 88 años, pertenece a la generación de directores provenientes de la televisión que dominó el cine estadounidense en la década de 1960

La Prensa Literaria

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