PorAshbaf Abul- Yazid
Ladrón de Bagdad
Cada día
decenas de personas dan su vida
por un cráneo escondido
en el casco oxidado.
Un corresponsal describe la muerte
que cubre los ojos:
la pequeña chica no maduró
su grito debajo de los escombros,
y el niño no ha terminado la idea
después de decapitarlo,
y la madre que les prepara el pan,
ocupó su sitio ante el horno
que borra con la mano de la muerte
la cara del mapa.
¡cómo se salva una ciudad, quemándose entre dos ladrones!
Un muro
Las rosas trepan un muro
abandonado por el tiempo,
abre camino con las palancas de la luz
entre las fisuras oscuras,
dibujando corazones de colores,
cambiando el color del cielo,
y alterando la forma de las ventanas
y de las mujeres.
Y cuando sobre sus cabezas brotan las coronas,
olvida su nombre
y se imagina ser el paraíso.
El rabelista
A mí no me canta
el viejo rabelista
en el montesino a su mujer que dejó sola
cuidando sus cuentos y cabras
y cuando me vendió su rabela
me donó todas sus tristezas
y la memoria de su sonrisa.
Traducción de Nadia Gamal Eddin
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