Fakhri Ratrout, poeta palestino jordano, radicado en Nicaragua.LA PRENSA/M.ESQUIVEL

De los cantos de Palestina

Hacía frío cuando nació y nevaba en la ciudad desértica de Zarqa (Al-Zarq en árabe). No le hablaron que sería poeta, pero su padre que era maestro le enseñaba las historias fantásticas de los libros.

Hacía frío cuando nació y nevaba en la ciudad desértica de Zarqa (Al-Zarq en árabe). No le hablaron que sería poeta, pero su padre que era maestro le enseñaba las historias fantásticas de los libros.

En 1972 Fakhri Ratrout, el segundo de nueve hijos, palestino y jordano, supó que la poesía era una manera de estar al otro lado del mundo marcando con un lápiz las cosas que otros no adivinaban.

De niño pasó algunos trabajos, su infancia fue dura: “De niño no fui feliz, porque mi familia era muy pobre, sufrí mucho la pobreza, éramos una familia grande, mi padre era un maestro y no ganaba lo suficiente para tantos hijos, así viví en Jordania. De niño trabajé en muchas cosas, vendí dulces, chicle, estuve trabajando años así, en la calle como mucha gente lo hace”, a lo que agrega Ratrout que será un niño toda la vida “niño aunque estoy cerca de los cuarenta, voy a ser un niños con un corazón viejo”.

Pero ese niño marcado por la pobreza y por las fuerzas de salir adelante, trabajó duro y logró llegar a la universidad, ahí hizo méritos y se graduó con una licenciatura en Filología Árabe de la Universidad de Yarmuk en Jordania, luego ejerció como su padre la docencia por seis años, y llegó en el 2000 a Nicaragua donde le esperaban parientes a los que se unió en la venta de tejidos.

Los ancestros de Fakhri llevan más de 80 años de estar en el país, su bisabuelo vino de Palestina en un largo viaje, sus tíos y primos siguieron igual la travesía, y forman parte de la comunidad de árabes musulmanes que en su mayoría viven en Managua.

Al llegar a estudiar a Zarqa al norte de Jordania, con un clima de desierto, no hay árboles poca agua la lluvia, no cae mucho, los largos días en soledad en un pequeño hotel que rentaba en sus años de estudiante fueron determinantes para que él reflexionara sobre la vida y las cosas que le rodeaban. “Pasaba largas hora viendo cómo las hormigas hacían las filas y llevaban la comida. Era impresionante ver la vida en pequeño, era la belleza misma de ese instante lo que me sorprendía”, fue así como él descubrió que esos momentos y esas formas de belleza podían contarse en la poesía.

“Esos seis años en ese cuarto, recuerdo que era la habitación 113 y ahí podía meditar sobre la misma vida, leyendo mucho fueron años de grandes lecturas, leía mucha novela, poesía, libros de política, también leía a escritores árabes y extranjeros”.
Junto a su esposa Ghadeer Abu-Sneineh durante un desayuno árabe.LA PRENSA/ M.ESQUIVEL.

Luego años después de la universidad entre los muros de la ciudad de Jericó, él fue asombrado por los colores de la vida y su poesía se tornó con los primeros cantos, así conoció la literatura del poeta francés Jean Arthur Rimbaud, al colombiano Gabriel García Márquez y a otros autores entre ellos a Mahmod Darwish el poeta que ha cantado el sufrimiento del pueblo palestino. “Este poeta hay que conocerlo porque ha escrito la realidad y la vida de este pueblo, su sufrimiento, su valor, lo ha hecho de manera humanitaria, él nunca ha sido guerrillero pero ha plasmado este pueblo y los valores de su cultura de manera humanista”.

Fakhri también recrea como los palestinos han sufrido desde la invasión de 1948. “Desde esos años, el pueblo está sufriendo, hombres mujeres y niños, todos sufren, por ejemplo miles de palestinos abandonaron sus casas, familias, los israelitas empezaron a matar a la gente y a adueñarse de sus tierras, los palestinos viven en campos en Jordania, ellos tienen la llave de su casa con el sueño de abrir su casa y volver a ella, muchos de ellos se murieron pero quedó su sueño”.

“Como palestino sufro pero hay otros que sufren más que yo, mi esposa que es palestina nació en Jordania, ella no puede entrar a Palestina, con sus treinta años nunca ha pisado Palestina, sólo puede ver la ciudad desde lejos, desde la frontera, siendo su tierra, la de su familia, sus abuelos, es muy triste esto. Vivo en Nicaragua como palestino y me siento como en mi país. Suad Marcos una vez dijo algo muy importante: ‘Me duele Managua como me duele Jerusalén’, esto pegó en mi mente y en mi corazón, aquí los nicaragüenses entienden el sufrimiento de los palestinos, en otro países no es igual”.

Pero estas reflexiones van más allá cuando el poeta árabe dice: “Este mundo no me pertenece, esta guerra no me pertenece”. Al lo que el responde: “La gente que más conoce a Dios son los poetas y entienden más al mundo. Más que mucha gente que pasa toda su vida en una mezquita, Dios no nos está mandando profetas pero está mandando poetas. Siempre hay mucho que aprender de la poesía y de los escritores, ese mundo pequeño pero propio”.

Ratrout con su primer libro de poesías El Paraíso de los Sicarios , traducido al español por Amr Mohamed Said y publicado por la Fundación Casa de Poesía del Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, advierte en uno de los títulos de sus poemas: “En el ojo del poeta brotó una raíz amarga”. Pero al poeta dentro de la cultura árabe se le respeta, se le valora sea hombre o mujer.

“Antes con la llegada de Mahoma se creía que era un poeta, pero él explicó que no. En las comunidades a los poetas se les respeta y tiene como una gran cosa, son sabios y consejeros, su poesía es cantada por el pueblo y además se hace popular porque ésta es repetida de coro en coro, lo otro es que los poetas se han alimentado del Corán por sus imágenes y por su ritmo y música”.

En Nicaragua y lo sencillo

“Si yo no conociera estas calles, este verdor, el cielo tan limpio, no escribiría esos Haiku en mi poesía, la sencillez, la naturalidad son alimentos para mis palabras, lo mismo ver a una mujer tirando de un carretón o ver a la gente con sus tradiciones como Santo Domingo, como traen al Santo y lo pasean por el mercado, todo eso es muy lindo”.
junto a su esposa Ghadeer Abu-Sneineh durante un desayuno árabe.
 LA PRENSA/ M.ESQUIVEL.

De lo sencillo y de la escritura el poeta sostiene que escribe lo que siente: “He escrito sobre Nicaragua y el mundo árabe, también escribí sobre la vida en Jericó cómo vive la gente y las costumbres de ellos, podes encontrar sobre ambos, las diferencias y lo que los une, lo semejante a mí, me gusta la poesía sencilla, no me gusta escribir solo sobre Jordania o sobre Palestina, lo hago pensando en el mundo, cuando esta poesía sale de su nido”, pero el mayor reto para Fakhri Ratrout está ahora junto al Ghadeer Abu-Sneineh, su esposa con quien ha procreado dos bellos niños árabe-nicaragüenses y es traducir al árabe los versos de los poetas nicaragüenses.

Amparado en la poesía Fakhri Ratrout reflexiona sobre Palestina, Jordania y Nicaragua: “Tenemos cosas iguales, vivimos las mismas tragedias, somos pueblos iguales”

La Prensa Literaria

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