Por Suad Marcos Frech
Sortilegio estridente
Emerjo coralina en arrecife,
vendaval marino me agita trémula.
Tempestades ondulan marejadas voluptuosas.
Tiento la agonía de mi cuerpo;
-se inicia-con olor a madriguera,
húmedo,
palpitante.
Arrecifes de quimeras renacen
con collares de peces en mi piel.
El mar evoca la lujuria inacabada.
Ataviada
Mis confines de leyenda te rodean.
Protula tubularia incito entregas.
Los velos rojos emergen de tus grietas,
se deslizan,
rebasan coros de sirenas.
Las cimas se confunden,
envuelven,
circundan,
ciernen la marisma que a su antojo me penetra.
Expando tu figura en el paisaje.
El sol revela mi sangre.
Regueros de destellos brotan,
se desgranan,
retoñecen.
Anémona
Emerjo en vigilias sedientas.
Aromas encarnados a mi vientre
repiten ortigas blancas.
Rebosa mi esencia
húmeda,
florecida.
Mi avidez se enrosca en versos.
Brioso mi barro te guarda.
El umbral de mi otoño
-hondonada en la arena-
salpica reflujos de madréporas.
Me acoplo a corales pardos,
verdosos,
a colores transmutados.
Mi hojarasca íntima se agota al alba.
Desciende sobre mi cuerpo
la fuerza de poemas infinitos.
Silenciosos los deseos
repiten el amanecer.
Ver en la versión impresa las paginas: 4