Un día te escuché decir:
nací en Palestina
y hablo árabe,
llevo la cultura conmigo
y estoy fuera, en Nicaragua.
Hermano,
por mi parte declaro:
yo nací en Nicaragua,
segunda generación,
hablo mal el árabe,
soy musulmana, soy cristiana,
llevo la cultura conmigo
en todas mis palabras que reclaman,
que circulan,
que se diversifican en la existencia
de ese pueblo del que vengo.
Complejas se extienden bajo esa tierra,
estallan una y otra,
y otra vez arremolinándose en mis sentidos,
construyendo madrigales en las tumbas
sin nombres, sin apellidos.
Hermano, mis palabras la postulan única:
Palestina.
Identidad
Acoplo mis palabras arraigadas
a la dignidad bravía de mi pueblo.
Mi razón y mi sangre se atropellan:
¡cómo detener tanta embestida!
Una tempestad de dolor persigue
el paso desvelado de mis palabras,
mis versos se aferran a las piedras
lanzadas por manos infantiles.
En Gaza el aire se deshace.
Se desvanece.
De nuevo se impone la muerte,
apiña imágenes,
sonidos…
Desoladora se repite.
Entre sangre y polvareda,
trenzamos guirnaldas de esperanzas
enhebrando
la única palabra: Palestina.
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