Por Salvador Espinoza Moncada
San Juan Viejo de Belén, Rivas, patio de una casa solariega, exuberante naturaleza, árbol frondoso con nido de oropéndola, nítido, hecho de hebras de esparto o lana, intacto, pero provisto de gran movimiento a causa del viento.
Esta escenografía natural y auténticamente nicaragüense quizá sea el recuerdo más vivo que lleva Socorro de su niñez al lado de su abuela materna Doña Leoncia Espinoza viuda de Bonilla, madre de su madre, Doña Juana, soltera y madre, hacedora de su única fortuna: Socorro Bonilla Castellón, hija noble que invierte sus apellidos en un acto de valentía para honrar a su madre, figura esencial de su vida.
De carácter fuerte, enérgico, sensible y libre, no podía ser de otra manera, pues además de la influencia del entorno familiar, el sendero de su vida se fortalecerá con las enseñanzas de Madre Alberta en el Colegio La Asunción de Niñas especiales y Doña Josefa Toledo de Aguerri en la Escuela Normal Central de Señoritas de Managua, recibiendo una educación integral, con maestros de la talla de Don Carlos Tünnerman López que esculpió sus manos para el piano, Adán Castillo, con quien descubrió su verdadera vocación por el Teatro, para emprender todo un ritual de iniciación en el arte.

Como el ave paseriforme de gran plumaje amarillo, con alas y cola negra junto a su nido, siguió moviéndose al impulso del viento con el afán de un vuelo constante. No es casual el Instituto Ramírez Goyena y su prestigio para obtener su bachillerato, sentenciando su regreso, no ya como estudiante, sino como maestra de grupos experimentales de teatro. Intelectual precoz, audaz y deseosa por vincularse con el ambiente cultural de la época, llega hasta Adolfo Calero Orozco y Julio Icaza Tijerino, responsable de su incorporación al Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica.
Inquieta, perseverante, emprendedora, prendida y enamorada del arte, de la poesía y de los poetas o del poeta, musa de su poeta Octavio Robleto en su época de estudiante de derecho en León. La bella y jovial Socorro, la intérprete feliz del verso castellano, quien, junto a grandes promesas del círculo de intelectuales de la Ciudad Universitaria de León como Carlos Tünnerman, Sergio Ramírez, Alfonso Urroz y Raúl Elvir, entre otros, en el período del magnífico Rector Mariano Fiallos Gil, es descubierta por sus capacidades histriónicas en un recital poético, correspondiendo al propio poeta Robleto el discurso de presentación de la revelación. Este fugaz momento será la antesala de una relación epistolar.
Cartas y postales que se guardan como testigos mudos, pero que hablan tan sólo recordar la imagen del malinche donde se enamoraron, profetizando la espera. Ocho años después se consagrarán a la vida familiar. No sin antes consagrarse al arte. Una beca en Cultura Hispánica para estudiar en la Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, España, es la única oportunidad para abandonar a su poeta y graduarse de actriz en la Cátedra Tirso de Molina del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid y en Artes y Letras en la Universidad de Madrid.

Transcurrían los años 1963-1965 en España cuando Socorro destaca por su calidad interpretativa en Antes del Desayuno dirigida por su profesor Manuel Dicenta, considerado el mejor director de Teatro de esos años. Así, su figura no tarda en proyectarse y conectarse con la intelectualidad teatral del momento y conocer a Menéndez Pidal, Alfonso Paso, Buero Vallejo y Alejandro Casona, quienes frecuentaban el famoso café madrileño “Gijón”.
Precisamente una de estas personalidades del teatro español, el Sr. Alejandro Casona, impulsará a Socorro para que a su regreso a Nicaragua funde en 1965 una de las compañías más prestigiadas en la historia del teatro nicaragüense: Comedia Nacional , estrenando Los árboles mueren de pie .
Una fructífera labor iniciará con esta agrupación no sólo desde la producción teatral, sino de la formación y capacitación, es decir, Socorro Bonilla Castellón es una verdadera institución teatral forjadora de una interminable lista de generaciones de teatristas que se han iniciado o han sido invitados por Comedia Nacional, entre ellos Evelyn Martínez, Nidia Palacios, José Arias, Erick Blandón, Guillermo Mejía, Xiomara Centeno, Mayra Bonilla, Lesbia Espinoza, Aníbal Almanza, Marina Obregón, Erasmo Alizaga, entre otros.
Es el momento de un gran desarrollo del teatro nicaragüense, no por el apoyo institucional, sino por el empeño, la dedicación y el talento de los artistas, donde Socorro se perfila como promotora de la corriente experimental del teatro, labor iniciada por Doña Gladys Ramírez de Espinosa, recorriendo como hormiguita los centros de enseñanza secundaria para dejar ahí el germen del Teatro, fundando agrupaciones y ejerciendo el magisterio del arte teatral, creando y enseñando, juntos la educación y la cultura, binomio que siempre ha defendido en aras de una educación integral. Así nacen el Teatro Experimental en el Instituto Miguel de Cervantes estrenando La novia de Tola de Alberto Ordóñez Argüello, volviendo universal nuestro teatro nacional reviviendo su escenografía natural de Belén, el Teatro Experimental del Instituto Ramírez Goyena, estrenando Cascabelito protagonizado por Xiomara Centeno, el Teatro Juventud del Instituto Experimental de México y el Teatro Experimental del Colegio Faure.
Cuántos teatristas formados, pasando de los grupos experimentales al escalafón mayor: La Comedia Nacional. Cuánta actividad generada en los mismos colegios, en las salas de teatro de la vieja Managua, el Teatro de la Cruz Roja, el Teatro de Bellas Artes, una interacción del joven estudiante recién iniciado en la secundaria y su aspiración de pasar a la universidad sin dejar el teatro.
Por ello también el Grupo Ollantay de la UNAN, gracias al maestro Fidel Coloma que lleva a Socorro como educadora de teatro. Esta incansable y fecunda labor de descubrir, enseñar y promover la lleva a fundar la Escuela Nicaragüense de Declamación y Teatro, ofreciendo becas a jóvenes estudiantes. Bajo este alero aparecen Evelyn Martínez y Mayra Bonilla, entre otras destacadas de la escena nacional actual.

Luego Evelyn interpretará a Felisa en Los árboles mueren de pie en el Teatro de la Cruz Roja. Época de oro del teatro nicaragüense, menciona Jorge Eduardo Arellano en su boletín nicaragüense de Bibliografía y documentación editado por el Banco Central No.58-59, truncada por el terremoto del 72, sin embargo Socorro no se detuvo, casi por estrenar Las mujeres sabias decide continuar los ensayos en el patio de su casa en Ciudad Jardín y presentarse luego en el Teatro Carpa Rubén Darío ante una multitud de damas de la sociedad que promovieron este espacio para verse reflejadas en la obra de Molieri que criticaba su mismo comportamiento frente a la erudición y la cultura.
Ésa es Socorro Bonilla Castellón, tenaz, aguda y crítica, frente a un medio hostil y de doble moral, valorando y dimensionando al ser humano, al hombre, a la mujer, al profesional de la cultura; por ello su lema: “Luchar por la cultura teatral y la subsistencia del actor nacional”, y por ello también La asamblea de las mujeres , de Aristófanes, con la misma carga de ironía que el comediante griego la escribió para acercar al público a la realidad política y social de la vida cotidiana.
Socorro Bonilla Castellón sobrevive así al somocismo, sin contaminarse, sin hacer concesiones, siempre fiel a sus principios de luchar por la cultura nacional. Ésta será siempre su bandera que izará con orgullo en el transcurrir de la Revolución, fenómeno cultural, político y social de gran trascendencia para Nicaragua, que a pesar de la ruptura que causa con la aparición del nuevo movimiento teatral joven – revolucionario y el teatro producido en las décadas anteriores, logra insertarse en un proceso de cambio y de transformación sin ambigüedades, defendiendo su causa, respetando y criticando al nuevo teatro, necesario y emergente.
Muestra de ello es Por aquí pasó un soldado y Qué pasó en Monimbó de Octavio Robleto, Cantata a Simón Bolívar de César Rengifo y Qué cuarenta días y qué cuarenta noches , espectáculo de poesía teatralizada basado en el poemario del poeta revolucionario Leonel Rugama. Adquirida ya una recia personalidad, es trasladada de la UNAN a dirigir el Teatro Nacional Rubén Darío, ascenso equivalente a su altura, enfrentada sin embargo a las incomprensiones, enjuiciada por su conducta intachable, que quisieron empañar la mediocridad, el descontento y la inexperiencia de algunos pocos que se creyeron jueces y resultaron juzgados. Airosa de ese trance, se quedó 10 años defendiendo su opción, a base de experiencia y conocimientos, defendiendo y preservando al gran elefante blanco y su naturaleza cultural y artística, a su adorado templo de la mística artística donde tantas veces luchó y demostró su valor para que le permitieran entrar durante la dictadura somocista.
Ésa es Socorro Bonilla Castellón, ahora Rectora de la Universidad del Valle, luchadora incansable, fuente infinita de mística y pasión por el teatro. Maestra eterna del teatro.
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