Por Evelyn Martínez
“El hambre de cultura sólo se mitiga enseñando mejor y estudiando más”.
Socorro Bonilla Castellón
Yo estaba estudiando en quinto grado en el Colegio Renovación de la profesora Lucrecia Provedor, cuando llegó una invitación de parte de la Escuela Nicaragüense de Declamación de Socorro Bonilla Castellón para dos alumnas del quinto y dos de sexto grado para estudiar gratuitamente declamación en la primera escuela de este género que se abría en nuestro país; esto fue en el año 1962.
Afortunadamente solamente había una declamadora en mi clase, Judith Saravia, ahora profesora de primara, y la profesora doña Verita preguntó a quién más le gustaría asistir y entre las que levantaron la mano estaba yo porque me encantaba la poesía declamada y me escogió entre las demás por ser excelente alumna, nada más; de lo contrario me hubiera quedado con el deseo.
Comencé a recibir clases con doña Socorro junto con otras alumnas ya iniciadas en la declamación, entre ellas Daisy Cisneros, Neiva Ordóñez, Alma Sarria y Esperanza Morales (hija de doña Esperanza de Morales) en su hermosa casa de habitación que estaba en la Calle Momotombo, en la que también brindaba servicio de hospedaje a jóvenes estudiantes universitarias, entre ellas Merceditas Prado, ahora profesora de piano.
En este grado ambiente comencé a aprender en el primer año de clases con doña Coquito (como le llamábamos sus alumnas) las bases de la declamación: uso del diafragma, proyección de la voz, vocalización y ritmo, cerrando el curso con una presentación al público en la Escuela Nacional de Bellas Artes que fue dedicada a doña Leonor García v. de Estrada, Presidente de la Mesa Redonda Panamericana de Managua.
En 1964 regresó de España luego de recibir estudios superiores de Declamación y Teatro en la Real Escuela de Arte Dramático de Madrid y prosiguió con el segundo curso y la escuela se llamó Escuela Nicaragüense de Declamación y Teatro con integrantes del primer curso, entre los que estaban Eva Conrado y César Aróstegui, el segundo curso y la Sección Infantil entre cuyos alumnos estaba Mayra Bonilla. En este segundo curso nos enseñó la declamación con movimiento escénico, así como declamación coral contando con la colaboración especial de la gran actriz Blanca Amador. Esta vez cerró el curso con una presentación al público en el Teatro de la Cruz Roja que fue dedicada en vida al periodista y maestro Gabry Rivas.
En 1965 incluye el primer curso de arte dramático y funda la Comedia Nacional de Nicaragua, en la que debutamos Luis Adolfo Reyes, Álvaro Marenco, Leticia Saravia, Consuelo Narváez y la suscrita compartiendo escena con Blanca Amador, Mamerto Martínez, Pilar Aguirre, Socorro Bonilla Castellón, Sucre Frech y Gonzalo Zapata, bajo la dirección del actor mejicano ya fallecido César Sobrevals con la obra Los árboles mueren de pie de Alejandro Casona, quien marcó un hito en la historia del teatro nicaragüense por gran éxito alcanzado y por los cuatro premios “Junior de Plata” (de la Cámara Junior de Nicaragua cuyo Presidente fue Chanito Aguerri ) al Mejor Actor, Mamerto Martínez; Mejor Actriz, Blanca Amador; Mejor Actriz Secundaria, Pilar Aguirre y Mejor Actriz Debutante, la suscrita.
Desde entonces seguí participando en la Comedia Nacional en las obras Los Verdes Campos del Edén, Proceso a Cuatro Monjas y La Asamblea de las Mujeres bajo la dirección de doña Coquito y Antígona , bajo la dirección del director argentino ya fallecido, Carlos Jiménez.
Gracias a doña Coquito tuve la oportunidad de aprender el difícil y aristocrático arte de la declamación y mi incursión en el bello arte de la actuación. Como bien plasmó ella en el programa del cierre del segundo curso: “Con la creación de este centro dedicado al florecimiento del verso y el arte teatral, estoy mitigando, en una pequeña dosis, el hambre que padece el mundo. Hambre no sólo de pan, sino de Dios, de espiritualidad, de cultura. Sólo dando lo mejor de nosotros mismos podremos combatir este mal”.
El mundo teatral en Nicaragua hemos perdido a una gran promotora y educadora teatral difícil de sustituir por su tenacidad, perseverancia y amor al teatro. Que en paz descanse.
*Orden Independencia Cultural Rubén Darío y Medalla de la Excelencia 2008
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