Socorro Bonilla en una de sus actuaciones teatrales. LA PRENSA/Cortesía.

Adiós a la rectora

Uno de los primeros retos de Socorro Bonilla Castellón al llegar a la Universidad del Valle fue fundar la cátedra Rubén Darío

Por  Kathia Sehtman

¿Por qué solo se tarda un minuto en decir hola, y toda una vida en decir adiós? Nicaragua entera está de luto. Todos estamos abatidos. Se nos ha muerto una gran dama, maestra, actriz, madre y por sobre todo un ser humano excepcional.

Hemos participado con orgullo y mucho amor en los honores que bien merecidos se le han hecho. Hemos leído lo que en todos los medios de comunicación se ha publicado sobre esta gran mujer y sus invaluables aportes.

Pero ¿quién era Socorro Bonilla Castellón para nosotros? ¿Cómo era nuestra magnífica Rectora? Fue hace 14 años cuando por primera vez nos conocimos.

Entró en nuestra casa con un vestido rojo y escuchó pacientemente cada palabra del proyecto, que un grupo de jóvenes soñadores y amantes por la educación le presentaban.

No decía nada, solo escuchaba y pidió entonces hablar a solas con uno de ellos; a él le preguntó viéndole los ojos: “¿Dígame jovencito, es éste un proyecto serio, está usted comprometido?” Al final sus palabras fueron: “Voy a confiar en ustedes, vamos a construir juntos ese sueño”. Aceptó la Rectoría con una sola condición: la cátedra Rubén Darío.

Desde ese primer día inició su labor, piedra con piedra, como bien decía. Enseñándonos con su ejemplo y pasión. Dirigiendo personal y enérgicamente cada uno de los grupos que han ido conformando la cátedra Rubén Darío. El primero con no más de 10 alumnos, el último con más de 100. Llegando desde nuestras aulas a la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío.

Una anécdota que ilustra su pasión por transmitir la excelencia, es que esa clase llegó a ser la materia con más alto retiro en esta universidad; preocupados nos reunimos con ella para analizar las circunstancias y fue ahí en donde con vehemencia defendió los valores y principios que teníamos que transmitir “no conformarnos con poco, lograr que nuestros alumnos se conquistaran más allá de sus propias creencias”.

Desde ese día, la cátedra se imparte a los alumnos de último año, porque doña Socorrito a esas alturas ya la conocen bien y aceptan los retos.
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Todos tomamos distintos caminos en la vida, pero no importa dónde vayamos, tomamos un poco de cada quien. Hoy solo nos queda decirle gracias, gracias por haber confiado en nosotros y haber tocado nuestras vidas, por haber creído en Arnoldo, aquel joven de hace 14 años, su Arnoldo doña Socorro.

Se es profesor por variadas circunstancias, pero se es maestro solo por una: se cree en el futuro luchando en el presente a través de la educación.

Permítannos hoy darles una pequeña e improvisada muestra de su amada cátedra Rubén Darío. ¿Por qué solo se tarda un minuto en decir hola y toda una vida en decir adiós?

*Vicerrectora

Universidad del Valle

La Prensa Literaria

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