Por Isidro España
Se anuncia el cortejo fúnebre
la noticia corre por ciudades lejanas
consternación, recuerdos, lágrimas y risas.
Las cortinas se descorren de las ventanas,
tras los cristales empañados de rocío
del pueblo se van dibujando los recuerdos
frágil y ágil de cuerpo, organizando, enseñando,
produciendo el mundo mágico del espectáculo,
la fuerza brava de la mujer que lucha y se supera,
resuelta en su interpretación de Antígona
en el centenario de Rubén Darío.
Solíita para proveer un techo al artista
en su casa de la calle Momotombo
y en Ciudad Jardín F 18, que compartió
con la poesía de su amado esposo.
Años juveniles que se llevó el viento en
vertiginosa carrera por la vida y el arte.
Allá, otro recuerdo tras el ventanal
húmedo de rocío de un te quiero,
solidaria escondiendo artistas mensajeros
en el anidado corazón de Rubén Darío
arrullado por las brisas frescas del lago.
Cómo olvidar “Los Verdes Campos del Edén”
las noches de luna llena en Managua
maestra guía, directora, artista de Nicaragua
que diera el sagrado abecedario del arte
en copas de cristal forjadas con el alma
de esa patria agradecida que hoy la llora
frágil gorrión del alma de dos pueblos
Memoria consagrada al verso
el teatro, los sueños y la esperanza.
Un dolor crece dentro de mi tórax
y lágrimas humedecen mis pupilas.
Flores y honores a la dama del teatro
de Nicaragua doña Socorro Bonilla
que en Honduras tiene semillas y
huertos en flor ,usted tiene en todos
los puertos del arte pañuelos blancos
odiando al sol y en su féretro la bandera
de la unidad de dos pueblos hermanos
en el amor ,el arte, la risa y el dolor.
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