José Coronel Urtecho, Ernesto Cardenal y Fernando Silva en El Castillo Río San Juan. LA PRENSA/ ARCHIVO.

El tigre está en la niña

El tigre está en los ojos Preso entre curvas mansas, perezosas Despertando del lodo como vegetaciones Entre panales y gorgeos al borde de la cama El grifo abierto, el rumor, el vapor de la bañera El zumo de naranja, las tostadas Todo lo que se apunta con la lengua del lápiz El gesto de la mano que suelta una paloma Los pechos como nidos ocultos en las ramas

            Tiger! Tiger! burning bright

             In the forest of the night

                               William Blake

El tigre está en los ojos

Preso entre curvas mansas, perezosas

Despertando del lodo como vegetaciones

Entre panales y gorgeos al borde de la cama

El grifo abierto, el rumor, el vapor de la bañera

El zumo de naranja, las tostadas

Todo lo que se apunta con la lengua del lápiz

El gesto de la mano que suelta una paloma

Los pechos como nidos ocultos en las ramas

Y una serpiente dulce como un canto

Entre viejas consolas y entre jaulas de flores

Buenos días, muchacha hace tiempo olvidada

No despiertes del todo en la visita

Sigue tus infalibles líneas ecuatoriales

Siempre dormida, virginal, obscena

Conoces tú a la dama de la mano en el pecho?

El tigre está en la niña del ojo de la mujer.

LA CAZADORA

Mi señora, tan luego se levanta

va a cazar un venado matutino,

sin miedo a los colmillos del saíno,

ni al mortal topetazo de la danta.

Entra con ojo alerta y firme planta

en la espesura donde no hay camino,

y de los matorrales, repentino,

salta un venado que su paso espanta.

Ella rápida apresta su escopeta,

veloz le apunta, le dispara y mata

—y después el marido, que es poeta,

cuando regresa la mujer que adora,

en un soneto clásico relata

la bella hazaña de la cazadora.

A UN ROBLE TARDE FLORECIDO

Un desmedrado roble sin verdor

que seco ayer a todos parecía,

hijo del páramo y de la sequía,

próxima víctima del leñador,

Que era como una niña sin amor

que en su esterilidad se consumía,

con la lluvia de anoche oh, qué alegría!

ha amanecido esta mañana en flor.

Yo me he quedado un poco sorprendido

al contemplar en el roble florido

tanta ternura de la primavera,

Que roba en los jardines de la aurora,

esas flores de nácar con que enflora

los brazos muertos del que nada espera.

La Prensa Literaria

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