Pedro Joaquín Chamorro gran conocedor del Gran Lago y del río San Juan. LA PRENSA/ARCHIVO.

Una posición clara sobre el San Juan

Las declaraciones del Canciller de Costa Rica en torno a la canalización hidroeléctrica del río San Juan y las informaciones periodísticas en torno a ellas seguidas de un comunicado emitido por nuestra Cancillería, hacen imprescindible activar la formación de un criterio bien claro sobre el problema para lo cual vamos a partir sobre los siguientes puntos:

Por Pedro Joaquín Chamorro C.

Las declaraciones del Canciller de Costa Rica en torno a la canalización hidroeléctrica del río San Juan y las informaciones periodísticas en torno a ellas seguidas de un comunicado emitido por nuestra Cancillería, hacen imprescindible activar la formación de un criterio bien claro sobre el problema para lo cual vamos a partir sobre los siguientes puntos:

1-Nicaragua es una nación que a través de la historia ha visto injustamente reducidas sus fronteras y en el caso de los límites con Costa Rica, esta última como consecuencia de la ayuda prestada en 1856 contra la invasión filibustera de 1855 y aprovechando nuestra debilidad causada por la sangría de la Guerra Nacional logró en 1858 el Tratado Cañas-Jerez que adelantaba sus fronteras hasta la ribera sur del río San Juan en un punto situado tres millas abajo del El Castillo, además de ganar otros territorios en la costa del Pacífico.

Ese desafortunado antecedente hace natural que los nicaragüenses debamos de tomar hoy en día una posición de prudente recelo, sobre todo porque nuestro actual Gobierno carece de una política clara de fronteras, la cual debería de fundamentarse en la razón de haber dado ya nosotros más de lo que han dado todos los otros países centroamericanos en “aras de hermandad y unidad centroamericana”, razón por la cual toca a ellos en el presente ser dúctiles y justos en el trato fronterizo, si es que en verdad sienten el centroamericanismo que dicen sentir y están animados por los propósitos fraternales que de él pueden derivarse.

2-Desde el punto de vista geográfico, político y de acuerdo a derecho, respetando el tratado Cañas-Jerez, Nicaragua puede hacer en el río San Juan las obras necesarias a su desarrollo sin tocar en absoluto los pequeños derechos de Costa Rica, conferidos a la libre navegación del río en el trayecto que va “desde la expresada desembocadura (Atlántico) hasta tres millas antes de llegar al Castillo Viejo”. Y esto para objeto exclusivo de comercio, es decir, dispensándose al país vecino todo cobro de impuestos por atracar en las orillas del río (en la parte encimada) conservando Nicaragua “exclusivamente el dominio y sumo imperio de las aguas del San Juan, desde su salida al lago hasta su desembocadura en el Atlántico” (Arto. 6 del Tratado).

Lo anterior plantea dos posibilidades:

A- Cualquier obra que Nicaragua efectúe en la zona situada entre el puerto de San Carlos (frente al lago) y tres millas más abajo de El Castillo, se haría en pleno territorio nicaragüense, o sitio en que AMBAS RIBERAS hasta muy adentro de la tierra son nuestras, de manera que la construcción de una represa hidroeléctrica en el propio Castillo, que según muchos técnicos, es el sitio más adecuado por estar allí los mayores desniveles de corriente (Raudales de El Toro y El Castillo) o tres millas más abajo, no tiene por qué consultarse al país vecino, pues sus estribos a derecha e izquierda, estarían en territorio nicaragüense.

B- Cualquier canalización en esta zona para efectos de navegar en el río sería también puramente nicaragüense.

C- Si se trata de canalizar el río en su curso abajo (tres millas después de El Castillo) como las aguas son totalmente nicaragüenses ellas podrían desviarse con esclusas construidas en la ribera izquierda o bien derivar naturalmente por medio de un dragado hacia los pequeños caños que toman el curso del San Juan del Norte (río San Juanillo) sin que Costa Rica tenga razón alguna para cuestionar la obra.

Durante las últimas décadas los costarricenses han aprovechado las aguas del San Juan como han querido, y hasta se dice que, trabajaron varios ingenieros de drenaje a objeto de aumentar el caudal del río Colorado, mermando así aguas del San Juan en perjuicio de Nicaragua, todo debido al abandono en que nuestras autoridades mantienen esa zona. Cierto o no lo de esos ingeniosos desvíos, la verdad es que el caudal del San Juan ha derivado hacia el Colorado y en este último los costarricenses han puesto durante los años recientes trampas de pesca, aprovechando para ellos, lo que es nuestro.

Y con tan precarios derechos como son nada más los de navegar en la parte del río, han hecho esto, por qué nosotros con “el dominio y sumo imperio” de las aguas del San Juan, no vamos a aprovechar plenamente estas últimas…?

Nicaragua no puede ceder más en materia de frontera, y nuestros planificadores para evitar conflictos o dimes y diretes internacionales, desde ahora deben de insistir en la necesidad de hacer todo estudio, todo proyecto, considerando exclusiva y únicamente la parte del río cuyas dos riberas son nicaragüenses sin lugar a discusión, es decir, no más abajo de las tres millas inglesas que corren a partir del Castillo Viejo, hacia la desembocadura del San Juan.

Es tiempo ya de que veamos las cosas con claridad y sepamos prever el futuro, pues como afirmamos antes, nuestro pueblo, regalador y generoso o descuidado, ha sido el más dañado del istmo por el pretexto romántico de los sentimientos fraternales centroamericanistas.

Y no se crea que la mención hecha por nosotros de utilizar el potencial del río San Juan a la altura de El Castillo, o de efectuar la canalización en la parte baja del río siguiendo el curso del San Juanillo (íntegro en territorio nicaragüense) son alternativas dichas al azar; no, la segunda de ellas estuvo a punto de ser realidad a finales del siglo pasado, pues allí precisamente se hicieron más de 15 millas de canal, y por lo que respecta a una represa hidroeléctrica cerca de El Castillo con los famosos estribos a ambos lados de Nicaragua, la obra ha sido considerada como una de las más lógicas por quienes técnicamente han estudiado el caso.

De modo que si Nicaragua hace una represa en El Castillo es como si se hiciera en El Tuma, o sea que nuestros vecinos del sur, no tendrían absolutamente nada que decir ni qué hacer.

Es indispensable por consiguiente poner las cosas en claro y hacer conciencia sobre el anterior planteamiento.

La Prensa Literaria

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