Ernesto Cardenal. LA PRENSA/ U.MOLINA.

Sobre el mojado camino

Sobre el mojado camino en el que las muchachas con sus cántaros van y vienen, cortado en gradas en la roca, colgaban como cabelleras o como culebras las lianas de los árboles.

Por Ernesto Cardenal

Sobre el mojado camino en el que las muchachas con sus cántaros van y vienen,

cortado en gradas en la roca,

colgaban como cabelleras o como culebras

las lianas de los árboles.

Y una especie de superstición flotaba en todas partes.

Y abajo: la laguna de color de limón,

pulida como jade.

Subían los gritos del agua

y el ruido de los cuerpos de color de barro contra el agua.

Una especie de superstición…

Las muchachas iban y venían con sus cántaros

cantando un antiguo canto de amor.

Las que subían iban rectas como estatuas,

bajo sus frescas áncoras rojas con dibujos

los cuerpos frescos de figura de ánfora.

Y las que bajaban

iban saltando y corriendo como ciervas

y en el viento se abrían sus faldas como flores.

ACUARELA

Los ranchos dorados cercados de cardos;

chanchos en las calles;

una rueda de carreta

junto a un rancho, un excusado en el patio,

una muchacha llenando su tinaja,

y el Momotombo

azul, detrás de los alegres calzones colgados

amarillos, blancos, rosados.

La Prensa Literaria

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