LA PRENSA/CORTESÍA

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Desde el año 1999 empezó como voluntaria en la Fundación Fabretto, y en el 2007 tomó el cargo de Directora de Eventos. “Realizamos actividades en grandes ciudades como Miami, Chicago y Nueva York, recaudando fondos para ejecutar programas de salud, nutrición, desarrollo comunitario y educación en pro de los niños que viven en extrema pobreza en Nicaragua”, afirma.

Gabriela Argüello es graduada de la carrera de Administración de Empresas de la Universidad de Marymount, Washington D.C. “Trabajé en la Embajada de Nicaragua en Estados Unidos durante cinco años, y de esa manera me fui involucrando con el cuerpo diplomático de la ciudad”, relata.

Desde el año 1999 empezó como voluntaria en la Fundación Fabretto, y en el 2007 tomó el cargo de Directora de Eventos. “Realizamos actividades en grandes ciudades como Miami, Chicago y Nueva York, recaudando fondos para ejecutar programas de salud, nutrición, desarrollo comunitario y educación en pro de los niños que viven en extrema pobreza en Nicaragua”, afirma.

UNA FUNDACIÓN DE AMOR

La Fundación Fabretto nació en memoria del misionero salesiano Rafael Fabretto, quien llegó a Nicaragua en el año 1952 a realizar obras de beneficencia, y tras su muerte, en 1990, un grupo de personas dirigido por el norteamericano Kevin Marinacciun —que ahora reside en Nicaragua— se unió para seguir con su legado y así sacar de la miseria a miles de familias en el país.

“Trabajamos con más de 6 mil niños y sus familias, facilitando el acceso a múltiples programas de educación y salud, que les permite salir del ciclo de la pobreza. Además, promovemos actividades económicas desarrollando proyectos de microempresas en seis centros, los cuales están ubicados en los departamentos de Managua, Madriz y Estelí”, señala Argüello.

APORTE SU GRANITO DE ARENA

Gabriela explica que si le interesa ayudar a estas familias, una opción es el apadrinamiento de un niño — aportando una cuota mensual de 30 dólares— de esta manera el menor dispondrá de materiales escolares, almuerzos por un año y atención médica, por otro lado, también existe un programa artesanal de bisutería, donde un grupo de 80 adolescentes elaboran joyería que posteriormente es vendida a bajos precios.

“El trabajo es duro y pesado, requiere de mucho tiempo, integridad y paciencia, pero al final del día me basta con ver los rostros felices de los niños y niñas”, cuenta con una sonrisa.

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