No hay duda de que las madres siempre buscan lo mejor para los hijos, tratando de hacer cada día lo mejor para ellos. Es en esa búsqueda que algunas madres caen en la exageración a extremo de querer controlar la vida de sus hijos, se inmiscuyen en la crianza de los nietos, en lo que come y hasta cómo respira su hijo. Esto se torna en una relación completamente asfixiante y dañina.
Este comportamiento lo viven los hijos desde pequeños y no se salvan ni estando casados, a tal punto que la madre se convierte en la “dueña” de la vida de sus hijos.
Es quien supone que sabe “mejor” que nadie cómo se manejan las situaciones y no deja a sus hijos tomar decisiones. “Existen mamás que por su personalidad, ya sea débil, dominante, nerviosa o perfeccionista, obstaculizan el desarrollo normal de sus hijos y llegan a crear una dependencia sicológica hacia ellos”, señala la sicóloga familiar María Lourdes Ruiz.
Su opinión es la mejor
Ruiz explica que casi siempre las madres creen que su opinión es la mejor para sus hijos e insisten para que las cosas se hagan como ellas dicen, ya que según ellas tienen la experiencia que da la vida y consideran que sus hijos no tienen la suficiente madurez para decidir por ellos mismos. “La madre por amor se ciega y le cuesta trabajo darse cuenta de que puede estar equivocada y llega a enojarse cuando no hacen lo que ella dice”.
A criterio de la sicóloga, estas personas tienen por lo general rasgos obsesivos; “ella pretende que todo se haga en el momento que decide y ordena, son perfeccionistas, más no significa que sean perfectas, pues ellas cometen muchos errores y tratan de cubrirlos de manera inconsciente exagerando, mandando y exigiendo”.
Añade que quienes viven a su alrededor les temen, viven fastidiados por su conducta acentuada y muchas veces menospreciados porque nunca se queda bien con ella. “Es competitiva, con su familia en general: padres y hermanos, siempre exagera en atenciones para demostrar a los demás que es así como debe ser una verdadera ama de casa o trabajadora”.
El problema
La sicóloga señala que estas personas también tienen cualidades. “Son muy activas, creativas y trabajadoras, su problema es que exageran. Estas mujeres no son mala gente, el problema es que tratan de ser aceptadas realizando las cosas con perfección, según ellas, rapidez y prontitud. En algún momento de sus vidas sus padres y familiares halagaban esa conducta de trabajadoras limpias y hacendosas. Esa conducta quedó fijada de tal manera en su subconsciente y sale a flote como un deseo de que las personas que conviven con ellas la amen, la respeten y acepten”.
Esa conducta exagerada es como una máscara que al quitarse van a encontrar a una persona sensible, llena de necesidades y afecto, cuando se ponen la máscara es cuando se vuelven insoportables.