Por María José Uriarte
Los señalamientos y las investigaciones de las que es objeto el embajador de Nicaragua en Costa Rica, Harold Rivas Reyes, al parecer son menos importantes para el canciller Samuel Santos, que el supuesto boicot que participantes en la Cumbre sobre el Cambio Climático realizada en Dinamarca, quisieron impulsar contra los representantes de los países miembros del Alba.
Durante su intervención en una firma de convenio con Japón, el canciller Santos criticó el acuerdo firmado en Copenhague, por líderes mundiales, señalando que éstos “quieren verse como donantes, siendo en realidad contaminantes”. Sin embargo, en ningún momento el jefe de la diplomacia del Gobierno de Daniel Ortega, se refirió a los problemas del embajador Rivas Reyes en Costa Rica, donde las autoridades incluso no descartan declararlo “non grato”, en dependencia de los resultados de las investigaciones que se llevan a cabo.
Por el contrario, Santos prefirió ahondar con algunos medios de comunicación sobre la Cumbre Climática y las conversaciones sostenidas con los cooperantes, pero al pretenderse abordar el tema del embajador Rivas Reyes, se disculpó, alegando que iba a una reunión.
La Cancillería mantiene así su silencio, sobre el escándalo que rodea a Harold Rivas Reyes, por el uso de vehículos de lujo de parte de la familia del magistrado presidente del Poder Electoral, Roberto Rivas Reyes, y sobre la situación de los hijos del Presidente Daniel Ortega, Maurice y Laureano, los que utilizan pasaporte diplomáticos, sin estar acreditados ante las autoridades costarricenses.