Mientras los líderes mundiales debatían ayer en Dinamarca sobre cuánto dinero aportarán para que los países pobres enfrenten el cambio climático, en Nicaragua el campesino Adalid Marenco y sus dos hijos recorrían el municipio de San Lorenzo, en Boaco, buscando empleo porque la sequía los dejó sin cosecha.
La sequía este año fue provocada por el fenómeno El Niño, que debido al cambio climático se está volviendo más frecuente, multiplicando sus efectos: sequía en algunos países, inundaciones en otros, como es el caso de Nicaragua que ha sufrido en otros años inundaciones y huracanes que dejan decenas de muertos.
En la capital de Dinamarca, Copenhague, los líderes ofrecían hasta ayer a los países pobres unos seis mil millones de dólares para 2010, 2011 y 2012 . En San Lorenzo, Marenco se conforma a veces con encontrar un conejo en el camino para “matar” el hambre de su familia, tras perder entre tres mil y cuatro mil córdobas en siembras infructuosas.
La realidad de Marenco no es única. Los campesinos de al menos 25 municipios del país viven la misma situación por los efectos del cambio climático.
También los pequeños y medianos productores tuvieron problemas al momento de cosechar. Aunque el tema se durmió en los últimos meses, algunos alcaldes y líderes comunitarios creen que en Nicaragua podría desatarse una situación de hambruna.
La reunión de Copenhague, conocida como Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Copenhague (COP15), los líderes y científicos del mundo pretenden que este tipo de situaciones no empeore con el tiempo.
Nicaragua aparece entre uno de los tres a cinco países más amenazados del mundo por el cambio climático.
Uno de cada cuatro nicaragüenses está expuesto a algún desastre causado por este fenómeno, razón por la que el país no debe estar ajeno a los resultados de Dinamarca.
El cambio climático es una realidad. Sus víctimas comentan su sufrimiento aún cuando no saben el origen.