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Al grito de ¿Quién causa tanta alegría?, miles de nicaragüenses se lanzaron esta noche a las calles de todo el país para celebrar una vez más la tradicional Gritería, en honor a la Vírgen Concepción de María, una fiesta que los católicos celebran desde hace 152 años y que ya se ha extendido a otros países donde radican nicaragüenses.
Justo a las seis de la tarde, y tras el tradicional estruendo de los juegos piroténicos, miles de personas de todos los estratos se volcaron a las calles para visitar los altares levantados en hogares de todo el país al grito de «¿Quién causa tanta alegría?».
La romería inició oficialmente luego que el arzobispo de Managua, Monseñor Leopoldo Brenes, emitiera tres veces el grito, seguido de la explosión de petardos desde la catedral metropolitana de Managua.
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Miles de feligreses comenzaron así a recorrer las calles de barriadas y zonas residenciales para visitar los altares que los devotos de la Virgen hacen en sus casas con ornamentos de palmas, flores locales y adornos propios de la época y entregar obsequios de todo tipo a quienes que llegan a cantar.
El obsequio depende de la capacidad económica de los dueños del altar y puede consistir en dulces, frutas, juguetes, utensilios de cocina o productos de la canasta básica, entre otros.
La Gritería es una de las celebraciones de mayor arraigo y expresión de la religiosidad en Nicaragua, sin distingos sociales, económicos ni de ideología y tuvo sus origenes en la ciudad de León en 1857, en medio de una erupción que cubrió la metrópoli de humo y cenizas por varios días.
El párroco de la iglesia comenzó a realizar rezos y cantos a la Virgen para calmar la furia de la naturaleza, pero eran tantos los feligreses que llegaban que luego la gente comenzó a reunirse en las casas a rezar y levantaban altares a la Purísima.
En este hecho, según la leyenda, se originó la Gritería, que se ha mantenido a lo largo de 15 décadas.
Para garantizar el orden y seguridad a la población la policía movilizó a miles de agentes y prohibió la portación de armas y explosivos en las zonas donde se desarrollan las actividades.