- Aumenta el paso hacia Panamá, y organizaciones ticas y nicas buscan proteger la salud de los indocumentados
[/doap_box]
LIBERIA, COSTA RICA
Una familia numerosa cruzó, completa e indocumentada, de Nicaragua a Costa Rica. Dejaron su casa en el barrio Jorge Dimitrov, de Managua, en un virtual abandono, llegaron a la ciudad de San Carlos, Río San Juan, fallaron en el primer intento de entrar a territorio costarricense y días después lo consiguieron por la zona fronteriza de Papaturro.
Luz Marina Matamoros, directora de la Casa del Migrante en San Carlos, se sorprendió al ver hace semanas la determinación de esa familia por salir de Nicaragua y buscar suerte en el país vecino. “Qué familia más grande ésa, eran más de 20… Chavalitos chiquitos, grandes, las parejas, la hermana con el marido, la abuelita, unos tiernos”, recuerda. “Yo con lástima viendo un tierno, un recién nacido que llevaba una muchacha”.
La migración de nicaragüenses hacia el sur continúa, a pesar de la crisis económica que cerró más de 100 mil empleos en la construcción costarricense. “Yo no diría que la migración hacia Costa Rica está bajando. No, porque creo que hay un proceso de reunificación familiar importante y un proceso de migración circular, en que la gente no se queda aquí”, viene por temporadas, afirma Adilia Eva Solís, directora del Centro de Derechos Sociales del Migrante (Cenderos), con sede en San José.
También aumenta el paso de migrantes nicaragüenses hacia Panamá, porque “los panameños necesitarán entre 200 y 300 mil personas” para trabajar en la expansión del Canal, la instalación de dos grandes refinerías y la construcción en general, en auge, explica José Pires, director en Centroamérica del Organismo Internacional para las Migraciones (OIM).
Sobre el arribo de migrantes nicaragüenses a territorio panameño, Pires comenta: “Se habla de dos mil personas por mes o algo así… Hay otros deportados porque entran sin papeles”.
40 POR CIENTO SIN PAPELES
Para instituciones públicas y organizaciones sociales de Nicaragua y Costa Rica, ese movimiento migratorio exige coordinar mejor la protección sanitaria a la gente, por lo general indocumentada.
Las mujeres que emigran “en lo último que piensan es en su salud y fallecen por un embarazo o una agresión sexual”, dijo Karla Aburto, del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) de Nicaragua, ante funcionarios costarricenses y nicaragüenses que se reunieron en Liberia para buscar una forma de garantizar atención en salud sexual y reproductiva a la población migrante.
Los nicas que van a trabajar a Costa Rica acceden poco a los servicios de salud, por miedo a ser deportados por falta de documentación o ser maltratados y rechazados, precisa un estudio reciente realizado por el Centro de Estudios y Promoción Social (CEPS) y Cenderos.
En la zona fronteriza falta definir una política o programa de salud para los migrantes, porque en Costa Rica éstos son rechazados por el personal de Salud, indicó Alba Alvarado, del CEPS.
En la frontera nicaragüense existen centros de salud, pero carecen de personal médico permanente.
“La gente comienza a ser vulnerable desde el momento que sale” de su hogar, y en el camino “sufren asaltos, violaciones sexuales y extorsión”, explica Alvarado.
Los hijos de inmigrantes, que nacen en Costa Rica, tienen derecho a la nacionalidad costarricense, pero ha costado que el Registro de este país los inscriba porque los padres carecen de documentos, expuso Adilia Eva Solís. Luego “van al Consulado (de Nicaragua), les piden el acta de nacimiento costarricense y como no la tienen, tampoco los inscriben”, afirmó.
Calcula que 160 mil nicaragüenses podrían estar en Costa Rica sin ningún documento de su país (cédula). “Nicaragua tiene corresponsabilidad en eso, en la población que no tiene documentos”, señala. “Nicaragua tiene que resolver… Si no hay voluntad política y medidas extraordinarias, eso no se resuelve”.
Si en Costa Rica permanecen 400 mil nicaragüenses, el 40 por ciento podría estar indocumentado. “En la zona fronteriza es mayor… En comunidades más rurales hasta un 60 por ciento de la población (migrante) no tiene ningún documento. Ves muchachitos que nacieron aquí, crecieron aquí, no tienen papeles, no pueden hacer nada, ni estudiar”.
SALUD POR DERECHO
El año pasado habrían emigrado 875 mil nicaragüenses, un 25 por ciento más que en 2007, cuando se fueron 700 mil, según datos de la Red para las Migraciones, basados en registros oficiales. Este año la tendencia persiste, con la inclusión de un nuevo destino: Panamá.
En Río San Juan, Luz Marina Matamoros ha conversado este año con al menos 30 nicaragüenses que iban hacia Panamá: “Ellos dicen ‘voy a ir a Costa Rica, pero me paso a Sixaola’ (frontera sur costarricense). Otros se van en los botes a San Juan del Norte y allá es fácil, llegan a San Juan y tienen la cruzada allá por Tortuguero, aunque hay unos que se bajan un poquito antes de llegar a San Juan y van por la Barra del Colorado”.
“Me dicen algunos (migrantes) que ya en Costa Rica no es fructífero, porque ya no hay tanto trabajo y las pagas no son tan buenas”, recuerda Matamoros. “Ellos ven que en Panamá es dolarizado y encuentran que hay más trabajo”.
Adilia Eva Solís cree que la migración de nicas a Panamá y El Salvador “es también por temporadas, es como para recoger dinero, que quiero componer la casa y me regreso”.
La costarricense Diana Trimiño, de OIM en Costa Rica, advierte que “las mismas desigualdades que empujan a la migración también causan la extensión de enfermedades”.
Por eso insiste en que la atención en salud a esa población “no debe subordinarse a la presentación de documentos o trámites migratorios”, porque “la salud del migrante afecta a la sociedad en general” del país de destino.
“La discriminación es una forma de violencia”, enfatizó Trimiño al defender la tesis de que si hay migrantes saludables, hay comunidades saludables”.
PIDEN FLEXIBILIDAD
Joel Medina López, especialista en salud de OIM, sugiere dar atención médica directa a los inmigrantes nicaragüenses “en los cantones donde se aglomeran, en las haciendas y en los centros de construcción”.
“Por los problemas de irregularidad, difícilmente un migrante va ir a atenderse a una unidad de salud, salvo cuando sea una emergencia; y ya cuando llega a esa unidad de salud, muy poco se puede hacer por él”, dice.
“La migración ordenada, basada en derechos humanos, puede contribuir enormemente al desarrollo del país de destino”, opina Medina.
Luz Marina Matamoros, encargada de dar albergue a nicas rechazados en territorio costarricense, duda que los indocumentados puedan conseguir asistencia en salud.
“Si nos basamos en los derechos humanos, yo tendría que atender a las personas por ese principio, nada más; pero ellos (los costarricenses) tienen sus leyes y ellos por lo menos piden el documento de identificación, que es sensato, para saber a quién atienden”.
“No es tanto de que los atiendan sin nada, sino de que la población (migrante) tenga la posibilidad de asegurarse”, explica Adilia Eva Solís. “¿Cómo? Primero, que la Caja del Seguro Social costarricense flexibilice los requisitos, porque una persona nicaragüense que quiere asegurarse por cuenta propia, si no tiene cédula de residencia no lo puede hacer. Lo segundo, lo más importante, que los patrones aseguren a su gente, es obligación de ellos”.
El problema, indica Karla Aburto, es que “cuando hablamos de la salud no nos acordamos de los migrantes; y cuando hablamos de los migrantes, no nos acordamos de la salud”.