El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, negó ayer que su país organizara la vuelta del depuesto mandatario de Honduras, Manuel Zelaya, a Tegucigalpa.
Preguntado sobre las acusaciones de participación de Brasil en el retorno, Lula señaló: “Ustedes van a tener que creer a los golpistas o a mí”.
“Hay que dejar que salga el presidente golpista”, remarcó el presidente minutos antes de trasladarse a la cena inaugural de la cumbre del G-20.
El Ministerio de Exteriores del régimen de facto indicó ayer en un comunicado que “la presencia del señor Zelaya en la misión de Brasil en Tegucigalpa (es) un acto promovido y consentido por el Gobierno de Brasil”.
“Resulta evidente la intromisión del Gobierno del señor Lula da Silva en los asuntos internos de Honduras”, afirmó la declaración. La “injerencia” de Brasil, apuntó, también es por “permitir” que su embajada “se convierta en un centro de subversión mediática, desde donde el huésped irregular (Zelaya) y su cercano entorno político continúan formulando llamamientos a la insurrección y a la toma del poder por la fuerza”, añadió.
En una entrevista con el canal de televisión pública estadounidense PBS, Lula dijo que Zelaya “tuvo que parar en alguna embajada y creo que la preocupación no debe ser en qué embajada está o cómo llegó”.
El presidente dijo que lo importante “es que hay un golpista en el poder” en Honduras, en relación a Roberto Micheletti.
“Es justo que el presidente elegido democráticamente quiera volver a su cargo. El golpista, si quiere ser presidente, que dispute las próximas elecciones”, añadió Lula.
Zelaya está refugiado en la embajada de Brasil en la capital desde el pasado lunes, cuando volvió por sorpresa a Honduras, de donde las fuerzas armadas le expulsaron tras un golpe de estado el 28 de junio.