- Muchas veces las malas conductas de los niños son más que un gesto de malacrianza, pueden ser un síntoma de depresión… Escuche con Nosotras las campanadas de alerta
Cuando hay conflictos que no son bien manejados por los adultos puede desencadenar depresión en los niños.
Los hijos únicos que se quedan con empleadas que desarrollan la rutina de darles de comer, mantenerlos limpios y viendo televisión, se sumergen en un mundo distinto al real que es el de la convivencia.
Los niños necesitan convivir y la escuela a temprana edad es una alternativa. Es un espacio muy importante en el que los niños empiezan a conocer a otros niños y a realizar otras actividades.
Los maestros deben integrar en todas sus actividades a los niños, especialmente a los que se ven tristes o solitarios.
Es importante trabajar a nivel social-fectivo para que el niño se exprese, se involucre y, que use su imaginación.
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Lo que más disfrutaba Amandita Pérez, de 7 años de edad, era montar su bicicleta todas las tardes y recorrer entre risas y a toda velocidad varias veces su cuadra junto a dos amiguitas y su mascota Linda. Desde hace dos semanas esa actividad ya no le interesa más a la pequeña que cursa el segundo grado, prefiere encerrarse en su cuarto porque dice estar cansada y tener dolor en las piernas.
Quince días también ha sido el tiempo en que su padre dejó el hogar porque se quedó sin empleo en Nicaragua y decidió emigrar a Costa Rica. No quería que se fuera, tampoco quiero que me compren nada. Yo sólo lo quiero a él, dijo.
De acuerdo a la sicóloga familiar, María Lourdes Ruiz, Amandita, no tiene dolor de piernas, sino que padece de depresión. Un trastorno que altera el estado de ánimo y que aparece cuando el niño, adolescente o adulto sufren luto por cambio de domicilio, por pérdida de un ser querido, una mascota, divorcio, castigo severos, migraciones, enfermedades prolongadas y hasta cuando llega un hermanito a la familia y la situación no se ha sabido manejar, explica Ruiz.
Agrega que se puede decir que existe depresión cuando la persona ha tenido cambios en el estado de ánimo por lo menos dos semanas consecutivas. Hay pérdida de interés de casi todas las actividades. El estado de ánimo puede ser irritable en lugar de tristeza, también puede haber cambio de apetito y de peso, es decir que puede ser que cambien su estado alimenticio o que coman poco o demasiado.
Ojo a los cambios
Otras de la alteraciones que sufren los niños es trastorno en el sueño. Muchas veces se despiertan sobresaltados por la noche y no se pueden dormir, luego pasan el día somnolientos, con pereza, agotamiento, sus movimientos son muy lentos, les falta energía y hasta presentan sentimientos de culpa.
Sin duda, la depresión se reflejará en el bajo rendimiento académico. Hay dificultad para pensar, para concentrarse o tomar decisiones.
Extremos dañinos
Algunos niños que sufren de depresión sufren de mucho accidentes, caídas, quebraduras, rasguños o golpes.
En crisis o etapa severa vienen a la mente pensamientos suicidas, de muerte, detalla la especialista.
Cuando hay una depresión severa los síntomas se mantienen la mayor parte del día. durante al menos dos meses seguidos.
Más que una malacrianza
Cuando un niño vive un duelo pueden sufrir de irritabilidad y muchas veces se puede confundir con malacrianzas. Se quejan de todo u otras veces pueden sólo enmudecer, sus ojos se tornan tristes y se aisla. No se reúnen con sus amigos, hay quejas somáticas, (les duelen diversas partes del cuerpo), se vuelven lentos para caminar y siempre se quejan de que están cansados, recalca Ruiz.
Cómo ayudarlos
Buscar ayuda especializada es muy importante porque se hace un acompañamiento al niño y se orienta a los padre de la manera en que deben actuar.
El siguiente paso es investigar la causa que ocasiona la depresión.
Bríndele mucho apoyo, haga sentirle que es amado y dele seguridad en todo sentido.
Nunca lo compare con nadie. Si tiene varios hijos no tenga preferencia con ninguno. No evidencie su estado frente a otras personas, todo lo contrario, tiene que haber mucho apoyo .
Nada mejor que mimarlos y a la vez averiguar sobre su rutina. Estar pendiente sobre el tipo de comida que más le gusta, si duerme toda la noche, si necesita de nuevas actividades y distracciones, comenta Ruiz.
Juegue con él y así le será más fácil hablar sobre sus problemas.
También puede leerle libros infantiles o acompañarlo a dibujar. Debe dedicarle un momento especial y único y así, crear un ambiente más cercano y de confianza.
Al llegar la noche léale un cuento antes de dormir. De esta forma le estará diciendo al niño que los problemas no son culpa de él.
Deprimidos desde bebés
Según los especialistas del tema, la depresión en los niños puede aparecer desde que son lactantes. Los niños menores de un año pueden tener depresión, la forma más conocida es la que aparece cuando a un lactante se le separa de su cuidador más cercano, en general es su madre. El niño protestará inicialmente llorando porque tendrá miedo y moverá las extremidades continuamente.
Buscará entre todos los adultos a su cuidador, rechazándolos. Al final el niño se muestra triste, apático, llora en silencio mirando al vacío y cuando se les coge en brazos para consolarle, buscan de nuevo a su madre o padre y al no encontrarlos se abraza al extraño, continúa sollozando y no se consuela.
Los niños un poco mayores presentan tristeza, llanto fácil, irritabilidad, abandono de actividades que antes le gustaban y trastornos de la alimentación y el sueño.
Muchos niños deprimidos presentan además angustia, episodios de temor y agobio injustificados y alteraciones de la conducta como rebeldía y agresividad.
Depresión y autoestima
Para Jennifer Gómez, pedagoga de Kinder Ker, muchas veces son los adultos los que llevan a los niños a estados depresivos, cuando los hacen sentir culpables o inútiles por determinadas situaciones. Por eso cuando ellos boten o quiebren algo hay que decirles que no hay problema. Porque es ahí donde comienza a formarse la baja autoestima.