- En nuestra vida sexual, nadie tiene la última palabra, más que NOSOTRAS mismas. Digamos sí al placer, no a la culpa y dignifiquemos nuestra sexualidad, es uno de los consejos de Adriana Trillos, especialista en terapia individual y de pareja
Sin duda, la sexualidad humana va más allá de lo biológico, de la estructura de nuestro cuerpo y de las sensaciones que podemos experimentar con él, pero con el tiempo, hombres y mujeres hemos aprendido a darle una utilidad diferente.
Las mujeres en particular hemos sido privadas de muchos placeres, argumentando que lo sexual es naturaleza del hombre. Es el momento de romper con esos mitos e ideas tan antiguas sobre la sexualidad femenina y que históricamente han dominado e inhibido su desarrollo en nuestra sociedad.
La autora es sicóloga, especialista en terapia individual y de pareja, Clínica El Roble.
La mejor fuente de placer:
¡tu mente!
La belleza física y un excelente estado de salud no garantiza que una mujer disfrute libremente del placer sexual si tiene un NO censurador programado en su cabeza.
La reconocida socióloga estadounidense Helen Kaplan, especialista en sexualidad femenina, asegura que la incapacidad de la mujer para tener un orgasmo está estrechamente relacionada con condiciones culturales negativas y prohibitivas.
Muchas veces, la mujer prefiere la autoestimulación cuando está sola porque no hay nadie que pueda juzgarla ni criticarla. Es entonces cuando se siente libre de sentir, gemir y hasta gritar del placer. Mujeres: ¡No necesitamos permiso para disfrutar del sexo! Activemos en nuestra mente un sí al placer y seamos felices.
Sexo y amor: amigos y rivales
Ciertamente es más común que sean los hombres quienes sostengan encuentros casuales con otras personas, sin el riesgo de comprometer sus emociones. Sin embargo, lo que por años ha impedido que la mujer haga lo mismo es el miedo a ser considerada una cualquiera. Aceptar estos términos, implica para la mujer enfrentarse a dos opciones: renunciar al amor o dar sexo para obtenerlo. Y ya que es raro que alguien opte por lo primero, lo segundo es lo que por lo general incorpora a su identidad sexual.
Debido a esta misma dinámica, muchos hombres se ven obligados a hacer lo contrario, es decir, a ofrecer amor a cambio de sexo, y una vez que lo obtienen, se van.
El temor a quedar embarazadas es otro factor que determina el número de parejas sexuales que puede tener una mujer. ¿Podrían ustedes imaginarse un embarazo por cada pareja que tuviéramos?
La libertad sexual femenina puede ser además percibida como una amenaza para el hombre, quien siente que le están quitando su puesto de poder y dominio. Es por eso que la asignación de roles sexuales es clara: la mujer es pasiva, el hombre es dominante. Poco a poco, estamos finalmente comprendiendo que a veces el sexo va con el amor y a veces simplemente no. Ninguna de las dos situaciones nos quita valor como personas.
La Marca del Deseo
No me refiero a la novela (aunque se relaciona mucho, habían muchas mujeres deseosas en ella), sino a lo que todas las mujeres conocemos como hormonas. La influencia hormonal sobre el deseo sexual es innegable, pero ¿realmente puede determinarlo por completo? La experiencia de miles de mujeres en el mundo demuestra que no.
Cuando ovulamos, producimos los niveles más altos de estrógenos y progesterona, esas hormonas femeninas que aumentan nuestro deseo. Al llegar la menstruación y el embarazo, los niveles bajan, por lo tanto, el deseo disminuye; sin embargo, no desaparece. Muchas mujeres sostienen relaciones sexuales durante el ciclo menstrual e incluso durante el embarazo, como resultado de un claro y marcado deseo.
Como ven, no hay diferencias significativas con respecto al hombre en este aspecto, pero en la práctica nos han hecho creer que sí las hay. Ni los hombres son unos animalitos sexuales con instinto que no se pueden controlar, ni las mujeres son seres insensibles a los manjares del sexo. Ambos somos fisiológica y psicológicamente capaces de responder a los mismos estímulos y perder el control es sólo una elección.
Sentidos al máximo
La estimulación visual para excitarse no es exclusiva del hombre. A las mujeres también nos gusta ver, ¡y mucho! Además de tocar y oler, por supuesto. La diferencia es que nos quedamos calladas, pues no solemos expresar abiertamente nuestros deseos sexuales. Cuando utilizamos todos estos medios para sentir y disfrutar del sexo, logramos llevar nuestros sentidos al máximo y podemos tener orgasmos más intensos.
Las condiciones del entorno y el tipo de relación que tenemos con nuestra pareja, también facilitan el proceso, todo depende de la satisfacción de nuestras necesidades sexuales y emocionales, incluso de nuestro estado de ánimo. Es por eso que a veces queremos sexo salvaje, a veces sexo tierno, a veces rápido, a veces despacio.
La vestimenta, las imágenes erótico sensuales, las caricias y los aromas son los estímulos perfectos para encender los sentidos y provocar la excitación en la mujer. Si la experiencia es compartida, mejor.
Sexo sin penetración
Algunos hombres no saben que la mujer no necesita ser penetrada para sentir placer ni para tener un orgasmo. De hecho, el órgano sexual con mayor capacidad para obtenerlo en la mujer es el clítoris, el cual no puede ser estimulado directamente en muchas posiciones sexuales con penetración.
Es por eso que el sexo oral a la mujer o cunnilingus es una de las prácticas más gustadas por las mujeres en general. Pero cuidado, el asunto no es tan sencillo. El cunnilingus puede ser muy doloroso y desagradable para una mujer si es practicado por alguien sin experiencia o preparación previa, pues el clítoris está cubierto por un tejido igual de sensible que el del glande, donde además hay múltiples terminaciones nerviosas que permiten la erección del mismo. Por eso es muy importante que quien lo aplica, que utilice principalmente la lengua, que esté pendiente de las reacciones de su pareja y que avance al ritmo de la respiración de ella.