“Una vez les dije que hiciéramos elecciones y se enojaron (los comandantes del FSLN). Tomás y todos ellos se enojaron”, dice Edén Pastora Gómez al recordar el inicio de la revolución de 1979. (LA PRENSA/René Ortega)

El FSLN logró el poder y perdió legitimidad política

Edén Pastora Gómez, el jefe guerrillero del Frente Sur en 1979, afirma que los chilenos que asesoraban a la dirigencia del FSLN recomendaron desbaratar a la clase media de Nicaragua, porque pensaban que era tan peligrosa como la clase media en Chile, que le había minado el poder a Salvador Allende. Eso causó la fuga […]

  • Edén Pastora Gómez, el jefe guerrillero del Frente Sur en 1979, afirma que los chilenos que asesoraban a la dirigencia del FSLN recomendaron desbaratar a la clase media de Nicaragua, porque pensaban que era tan peligrosa como la clase media en Chile, que le había minado el poder a Salvador Allende. Eso causó la fuga de miles de profesionales nicaragüenses
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Mientras concede esta entrevista, Edén Pastora recibe una llamada al teléfono móvil. Alguien le pide que interceda ante el presidente Daniel Ortega Saavedra por un problema de tierras. “La gente cree que lo veo diario (a Ortega)”, comenta después de atender y apagar el teléfono para que no interrumpa más. “Tengo 14 meses de no sentarme a hablar de trabajo con Daniel”.

Ortega, quien fue miembro de la Junta de Gobierno primero y Presidente después en la década de la revolución, volvió a ser elegido Presidente de Nicaragua en noviembre del 2006, como candidato del FSLN.

Pastora trabaja con él ahora, como delegado en el departamento de Río San Juan, y considera que Ortega está haciendo “otro tipo de revolución”, distinta a la de 1979.

El problema que le plantearon por teléfono parece ser de invasión de tierras. Pastora justifica a Ortega: “A Daniel, sus funcionarios a veces lo engañan… hay gente que no respeta a veces los títulos de propiedad”.

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Edén Pastora Gómez activa el video y en las imágenes borrosas, de hace más de 30 años, se puede ver a Daniel Ortega vestido de militar en un campo rodeado de guerrilleros. Comienza el año 1979 y están en algún lugar del Frente Sur, cerca de la frontera con Costa Rica, de donde Ortega llegó para leer un parte a los combatientes.

Pastora sube el volumen del televisor y la voz de Ortega, bastante atropellada, resuena: “Los Estados Mayores de nuestra organización (el FSLN) y la Dirección Nacional de nuestra organización hemos tomado la decisión de pasar a nombrar jefe del Ejército sandinista al comandante Edén Pastora”. Se oyen aplausos.

El ‘Comandante Cero’, como se le conocía a Pastora después del asalto al Palacio Nacional de agosto de 1978, tenía 42 años en ese momento y en el video se le ve sonriente y cargando un fusil R15, americano. Ese filme es una prueba histórica de la importancia que él tuvo en la guerrilla contra la dictadura de Anastasio Somoza Debayle.

Es también la prueba de que, una vez en el poder, la dirigencia sandinista lo marginó, y el cargo de jefe del Ejército sandinista se lo dieron a otro: Humberto Ortega Saavedra.

¿Cómo le explicaron esa decisión, de arrebatarle el nombramiento que se ganó en medio del fuego de la artillería y los bombardeos de los aviones de la Fuerza Aérea somocista? “Ni siquiera me invitaron a la formación del Ejército”, dice Pastora con un halo de nostalgia tres décadas más tarde, en su casa de Managua donde vive de forma modesta.

“En la guerra yo soy el jefe, pero en la paz, en el poder, es otro”, enfatiza, como para que no quepa duda de cómo se repartió el poder después que el 19 de julio de 1979 la insurrección popular se impuso sobre el régimen de Somoza.

¿Y No reclamó?

“¡Qué voy a estar peleando poder…!”

NUEVA VIDA REVOLUCIONARIA

Después de sorprender al mundo con sus hazañas guerrilleras, Pastora provocó dudas sobre el gobierno sandinista cuando renunció a su cargo de jefe de las Milicias y se fue de Nicaragua, en los primeros días de julio de 1981, poco antes de la celebración del segundo aniversario de la revolución.

En la carta que dejó mostraba la intención de sumarse a otras luchas guerrilleras en Centroamérica, en concreto a la de Guatemala. Sin embargo, terminó formando la Alianza Revolucionaria Democrática (Arde) que se enfrentó a la revolución sandinista, otra vez desde el sur, con bases en Costa Rica.

Ahora, cuenta que sus contradicciones con algunos miembros de la Dirección Nacional del Frente Sandinista (FSLN) comenzaron temprano, pero hubo actitudes de algunos dirigentes que le decepcionaron más, como el derroche y el lujo.

“Voy a visitar con mi esposa al comandante Jaime Wheelock y lo encuentro viviendo en la casa de míster Spencer, el dueño de las minas de oro de Nicaragua (en la época de Somoza), viviendo como vivían los dueños de minas de oro, mi comandante jefe de la tendencia Proletaria, en una casa de dos niveles con una pared llena de piedras con pepitas de oro, con empleadas uniformadas, no de ‘compas’ (militares), de empleadas, con un stock de siete (autos) BMW”, afirma Pastora.

“Salí de allí asqueado y le dije a mi mujer: ‘me voy’. Cuando veo a mis comandantes viviendo como vivía la alta burguesía, la aristocracia, a mí me golpea”, alza la voz el legendario ‘Comandante Cero’ al justificar su rompimiento con la revolución.

Sin embargo, el partido sandinista se empeñó en destruir a la clase media de Nicaragua, según confirma Pastora: “Fue decisión de la Dirección Nacional acabar con la clase media, porque los (internacionalistas) chilenos aconsejaban (al FSLN) de que a (Salvador) Allende lo había tumbado la clase media, porque la clase media no tiene conciencia de clase… se opone a toda reforma social”.

“El Frente se propuso golpear a la clase media”, reitera. “Dios me libre una mujer medio pintada en un toyotita corriente… ¡Burguesa! Y ya el CDS (Comité de Defensa Sandinista) le hacía la vida imposible… Uno que ya tenía su oficinita y su empresita y estaba trabajando… ¡Burgués! Ya le pintaban la casa, no vivía tranquilo. Entonces, esta gente se fue”.

Descartó los planes con la guerrilla guatemalteca, según cuenta, porque el FSLN pidió a los líderes de ese movimiento cortar con él. “Yo no sabía que había un acuerdo entre la ultraderecha guatemalteca y el Frente Sandinista, de que Guatemala no le ayudaba a la Contra y que el Frente no le ayudaba a la guerrilla guatemalteca”, asegura. “Por eso es que en la lucha de la Contra Guatemala no se metió, ni nunca Guatemala se quejó de que el Frente le mandó un fusil”.

“Los jefes (de la guerrilla guatemalteca) están aquí en Nicaragua y el Frente (Sandinista) les dice ‘o cortan a Pastora y les vamos a dar todo lo que ustedes necesitan, o trabajan con Pastora pero se nos van de aquí ya, todos’”.

¿ACUERDO SECRETO CON ORTEGA?

Edén Pastora afirma que él hizo un acuerdo con el comandante Humberto Ortega Saavedra, para formar Arde, pero se niega a dar detalles. Deja entrever que Arde surge como una estrategia militar para favorecer a la revolución y quitar espacio a la contrarrevolución financiada por Estados Unidos, que operaba desde Honduras.

Pastora se habría comunicado desde Costa Rica con el jefe del Ejército sandinista para convenir que los dos propósitos de Arde serán “dar una alternativa a este pueblo, si las cosas se ponían al extremo, presentarle una alternativa distinta (a la Contra y al FSLN)” y “no dejar entrar a la Contra por el sur”.

Pero la Seguridad del Estado mandó matar a Pastora, señalado por la propaganda del Gobierno sandinista como un “contra” más. Uno de los últimos atentados contra él ocurrió en mayo de 1984, en la zona fronteriza de La Penca, donde resulta herido después que un supuesto periodista hizo explotar una bomba.

Tras el fin de la revolución, en 1990, Pastora volvió a Nicaragua y fue a buscar a Humberto Ortega, todavía jefe del Ejército, para reclamarle. “Ideay, Humbertó, no me jodás, me iban a matar… ¿No le dijiste vos a la Dirección?”, dice haberlo confrontado. “Y me dice Humberto: ‘Edén, un secreto es entre dos. Si lo saben tres no es secreto… Menos entre nosotros (los nueve comandantes), porque la Dirección Nacional estaba infiltrada y si lo sabe la CIA… Porque lo hubiera sabido la CIA”.

Róger Miranda Bengoechea, asistente personal del entonces General Humberto Ortega, desertó a mediados de la década de los 80 llevándose los planes de defensa del Ejército Sandinista para entregarlos a la Central de Inteligencia Americana (CIA).

También podría deducirse que Pastora era una pieza de la contrainteligencia militar sandinista, cuando empezó a combatir a la revolución a partir de 1982. Él calla cuando se le pregunta y luego indica: “Que se los cuente Humberto (Ortega)”.

“Yo creía que Humberto se lo había comunicado a la Dirección (Nacional), pero la Dirección no sabe y me manda a matar, me manda a los etarras (de la ETA)”, se limita a comentar.

Cuando el Gobierno sandinista acepta negociar el fin de la guerra con las organizaciones contrarrevolucionarias, agrupadas en la Resistencia Nicaragüense, en marzo de 1988, Pastora había vuelto a su antiguo trabajo, el mismo que hacía a mediados de los años 70, antes de tomar las armas para botar a Somoza: estaba pescando en San Juanillo, Costa Rica.

SE REÍAN DE CASTRO

Una de las primeras contradicciones entre Edén Pastora y la dirección suprema del FSLN fue por el tema de las elecciones. “Una vez les dije que hiciéramos elecciones y se enojaron. Tomás y todos ellos se enojaron”, confiesa. “Dijeron que ya el pueblo había hecho su elección con sangre y había votado por nosotros”.

“Eso es para nosotros, no para la comunidad mundial”, repite el argumento con que les refutó. “Necesitamos la legitimidad ante el mundo, que no te lo da la guerra. La guerra te da el poder, la legitimidad política ante el mundo te la da unas elecciones libres”.

Sin embargo, la Dirección Nacional del FSLN tenía el propósito de controlar siempre el Gobierno, aunque hubiera un Presidente como el elegido en 1984, que igual fue uno de los nueve comandantes, Daniel Ortega.

El comandante Jaime Wheelock aclaró antes de los comicios de 1984: “No creo que vayan a surgir tendencias mesiánicas o que de repente caigamos en un presidencialismo ingenuo. El candidato a la Presidencia (Daniel Ortega) es un candidato de la Dirección para completar una obra”.

Humberto Ortega lo confirmó el mismo año: “La elección de un Presidente no va a alterar nuestros mecanismos internos. La Dirección Nacional seguirá siendo el garante de las grandes decisiones, una especie de consejo de la revolución, sin que esto niegue la figuración política que el Presidente adquiere”.

El FSLN bloqueaba las actividades de los partidos de oposición, a los que tildaba de burgueses si se negaban a colaborar o someterse al partido sandinista; y el comandante Bayardo Arce les hizo esta advertencia en 1984: “La burguesía aquí tiene para muchísimo tiempo en la medida en que acepte participar en el proceso revolucionario, en la medida en que no opte por actitudes políticas confrontativas”.

Edén Pastora relata que los jefes del FSLN ignoraban hasta los consejos de Fidel Castro, el gobernante cubano que ya tenía 20 años en el poder cuando los sandinistas triunfaron.

“Fidel nos decía: ‘no se peleen con los gringos, no pongan la tarjeta de racionamiento, no lleven los tanques T55A y B, son el símbolo del poder soviético. No pongan la tarjeta de racionamiento, tiene un costo político tremendo y después no van a poder salirse… Todos los consejos de Fidel, buenos, no los oyeron”, asegura Pastora. “A veces se reían de Fidel y lo veían como el viejo loco. Es que en política lo real es lo que no se ve”.

SANDINISMO CONTRA MARXISMO

Pastora, quien estuvo hasta el último momento en las trincheras del Frente Sur, entró triunfal a Managua el 20 de julio con la idea de que comenzaba en Nicaragua una nueva era “con libertad, respeto a los derechos humanos, con pluralismo político”, pero al cabo de tres décadas lamenta que los dirigentes de la revolución se hayan alineado a la Unión Soviética y a Cuba.

“Los compañeros eran demasiado jóvenes, los dirigentes (del FSLN) no tenían la experiencia para llegar a la estatura de estadistas”, comenta. “El sandinismo es tercermundista, es no alineado, el verdadero sandinismo… Nos hubiéramos mantenido no alineados, nosotros debimos haber visto a la revolución como una quinceañera, pintarla, vestirla y coquetearle al oso (URSS) y al águila (EE.UU.), pero no acostarse con ninguno”.

Avanzado el día 17 julio de 1979, cuando se entera que Somoza renunció y se fue de Nicaragua, el comandante Pastora llamó a los jefes de artillería y les ordenó tomar por asalto la loma 50, en el Frente Sur, que la noche anterior estaba en poder de los soldados de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), el cuerpo élite de la Guardia Nacional.

El plan de los guerrilleros era lanzar una lluvia de morteros sobre la loma, mientras la infantería avanzaba por lo bajo. “Cuando tiramos los primeros morterazos y no contestan el fuego, me llama Javier Pichardo, el jefe de la artillería, y me dice: ‘no contestan’. Me voy con él y revisamos, ya no había nadie, (los guardias) se habían retirado”.

Pastora llamó a Humberto Ortega, quien dirigía la guerra desde San José, Costa Rica, y éste le ordenó avanzar con las columnas del Frente Sur hasta Managua, por si la Guardia se atrincheraba en la capital, pero ésta ya no resistió más y se desbandó.

Recuerda que recién el triunfo, los países “se peleaban por quien daba más apoyo” a la revolución nicaragüense. “A gobiernos y políticos se les hacía fácil apoyarnos, era meritorio apoyar al Frente Sandinista”, aunque después “perdimos el apoyo de la humanidad y nos quedamos sólo con una parte (el campo socialista), que era imposible que desde allá fueran retaguardia para nosotros”, critica el “Comandante Cero”.

En sus palabras se perciben resentimientos lejanos: “Sergio Ramírez era el más radical… Cuando yo llegaba a querer calmar, se reía. ‘Cómo se ve que el Comandante Cero no tiene nivel político ni ideológico’. Así me decía ante la Dirección Nacional. Él era el gran radical y yo el mediatizador, el reformista, y se burlaba de mí”.

“Empezamos bien, pero cuando ellos empiezan a cambiar el sandinismo por el marxismo, allí está lo jodido”, reflexiona Edén Pastora Gómez a 30 años del inicio de la revolución que terminó en 1990. “El sandinismo es la antítesis del marxismo; uno es totalitario, el otro es demócrata; uno es alineado, el otro es no alineado… Sandino era un creyente de Dios, de Cristo, y el otro es ateo, materialista”.

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