- Dos mujeres que fumaron por tres décadas cuentan la manera cómo dejaron la adicción. Una de ellas perdió un pulmón por cáncer
Se asocia a la adultez, hombría y por eso es muy frecuente que se adquiera esa costumbre durante la adolescencia para imitar a los mayores, actores de cine y estrellas de la farándula.
Fumar también es una necesidad de tener algo en la boca para controlar el nerviosismo y las inseguridades.
Es el consumo diario lo que crea la dependencia a pesar de que les deja trastornos físicos como bronquitis y cáncer.
Son los síntomas de abstinencia que hacen que la persona vuelva a fumar de nuevo. Al no fumar le causa insomnio, irritabilidad, dolores de cabeza, ansiedad, dificultades de concentración, disminución de la frecuencia cardíaca.
Distraigase lo más que pueda. Participe de actividades de grupos comunitarios.
Evite el contacto con fumadores.
Haga ejercicios para evitar la ansiedad.
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Cuando Ruth Kelly vio a su hija de dos años, Ruth Victoria con una tiza en la mano simulando fumar y con sus piernitas cruzadas se impactó tanto que decidió de un tajo dejar este hábito. Pero el daño causado por el fumado en su organismo durante 20 años ya le había ocasionado un cáncer de pulmón que lo descubriría cinco años después.
La socióloga Ruth Kelly, de 68 años, recuerda que empezó a fumar en su juventud por inmadurez y falta de carácter, según su juicio. Me fui a estudiar a Puerto Rico y cuando llegué allá todo el mundo fumaba, tomaba y hacía de todo. Un amigo nica que estaba allá me dijo: busca como fumar que pareces mostrenca. Así inicié a fumar, aprendí a hacer el golpe y me gustó.
Ruth Kelly cuenta que su adicción era tal que en los años 80, en tiempo de escasez, ella siempre andaba un paquete abierto y otro de reserva para que no le faltara el cigarrillo bajo ninguna circunstancia.
Yo era de las que fumaba en ayuna y después del desayuno también.
Cinco años después de dejar el vicio debido a una tos permanente, Ruth se realizó varios exámenes donde descubriría la presencia del cáncer . Me decían que era la tos del fumador, y se hizo como tos chifladora, me hicieron exámenes hasta para tuberculosis porque estaba muy delgada, al final me mandaron una radiografía en los pulmones, fue ahí donde se miró que uno de mis pulmones estaba de color oscuro, muy oscuro. Gracias a Dios pudo extraerse, sin complicaciones para el otro pulmón.
Perdiendo sensibilidades
Ariana Peralta Ríos, consultora de empresas de 64 años, cuenta que empezó a fumar por vagancia. Llegué a la universidad muy joven, a los 18 años. Todos mis compañeros eran adultos y fumaban y yo me sentía acomplejada, para superarlo empecé a fumar. Al inicio me sentía horrible, cada sorbo de cigarro me daba náuseas, pero tenía que aprender para estar a la par de mis compañeros. Así agarré el vicio, sólo lo dejaba cuando me daba cuenta que estaba embarazada por preservar la salud de mis hijos y aunque me muriera no fumaba.
Después de sus partos (cuatro), Ariana esperaba una semana para fumar nuevamente con gran desesperación.
Me fumaba un paquete diario y mantenía paquetes de cigarro por toda mi casa para no demorarme en hallarlo. Los tenía en la cocina, en los libreros, en mi cuarto, en el carro y por todos lados donde me movía solo halaba y ya estaba en mis manos, expresa Ariana.
La campanada de alerta para Ariana sonó cuando estaba perdiendo el sentido del gusto y olfato. Me sentía la boca muy amarga y la comida no me sabía a nada. Tenía que pedirle a otras personas que me probaran la comida porque no sentía ningún sabor. También me dolía mucho la cabeza, tenía mala digestión y me daba mucha tos y empecé a ponerme mal de la garganta.
Explica que pensó que eso era pura payasada y apagué el último cigarro el 3 de mayo de 1993 después de haber fumado casi 30 años de mi vida.
Cómo lo lograron
Estas dos mujeres: Ruth Kelly y Ariana Peralta, no sólo tienen en común que empezaron a fumar por estar a tono con los demás y se quedaron atrapadas por varias décadas en esa dependencia, sino que dejaron el vicio a pura voluntad.
Ruth Kelly señala que al dejar de fumar pasó una semana muy difícil llena de ansiedad y trastornos. Hacía de todo, masticaba chicle y comía caramelos. Después un médico amigo me dijo que tomar mucha agua durante el día ayudaba. También al ducharse con agua caliente se debe frotar con una toalla fuertemente la espalda para que los poros se abran y salga más rápido la nicotina.
Por su parte Ariana narra que vivió tres meses de trastornos, pasó días espantosos con una ansiedad horrible, sufría de bajones de presión, porque además también dejó de tomar café al mismo tiempo. Dejar el cigarro me costó más que divorciarme, estuve hospitalizada. En total pasé tres meses de subsidio a causa de los trastornos.
Agrega que me costó muchísimo dejar el cigarro, sufrí mucho de la misma manera que sufre cualquier adicto a dejar cualquier droga, pero tuve voluntad propia y gracias a Dios no me ha dejado ninguna enfermedad y pude poco a poco recuperar mis sentidos. Al dejarlo me engordé y empecé a comer más porque sentía rica la comida.
Ahora Ariana no resiste el desagradable olor del cigarro. Me molesta el olor que deja en el pelo y la ropa, no lo soporto. A los que fuman les digo que piensen en los daños que deja a la salud y que un cáncer los lleva a la tumba.
Lucha férrea
Para la sicóloga María Lourdes Ruiz, la mejor prevención es no fumar.
Para la sicóloga dejar de fumar es una lucha férrea donde la voluntad es la principal arma del individuo y la ayuda de la sicoterapia . Quien desee dejar de fumar debe estar claro que necesita ayuda médica y sicológica para lograrlo. Estudios señalan que de las personas que fuman un 80 por ciento desean dejar de fumar, un 35 por ciento lo intenta cada año, pero sólo un cinco por ciento lo logra.