- Ahora hasta cobran por acompañar buses
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CORRESPONSAL/ CHINANDEGA
La Policía Nacional preventiva de Honduras inició ayer el cobro de 50 dólares para acompañar a las unidades de autobuses y asegurar el tránsito de comerciantes, excursionistas o trabajadores nicaragüenses hasta la frontera El Amatillo, con El Salvador.
“Es un trámite engorroso con la Policía preventiva y el resguardo de un oficial en los buses es para evitar que cualquier pasajero baje en el camino, para quedarse en Honduras”, manifestó la tarde de ayer el jefe del Batallón Permanente de Frontera, teniente coronel Mario Díaz.
Según las autoridades, los pasajeros que intentan llegar a Tegucigalpa u otra ciudad de ese país son regresados desde la base militar de San Jerónimo, ubicada a 17 kilómetros de la carretera El Guasaule-Choluteca.
Migración y Extranjería en Honduras, en coordinación con soldados de la 101 Brigada, continúan solicitando fotocopias de cédulas a los pasajeros nicaragüenses e iniciaron un proceso de tomar fotografías, según reveló el referido jefe militar nicaragüense.
NO VALEN RUEGOS
La tarde de ayer un aguacero con fuertes vientos complicaba la comunicación en la guardarraya, y aun así los soldados del país vecino seguían atentos al cruce de personas y vehículos.
El hondureño Francisco Alvarado, delegado de Migración y Extranjería, expresó de manera breve que la solicitud de fotocopias es para brindar seguridad a los pasajeros en territorio hondureño.
En el puente internacional El Guasaule se divisa a cuatro soldados hondureños pendientes de cualquier vehículo, a cuyos pasajeros inquieren en ocasiones por varios minutos.
Un grupo de 16 obreros nicaragüenses que laboran construyendo un puente en la zona fronteriza con El Salvador fueron retenidos. Los ruegos para que les dejaran circular y recibir la liquidación fueron en vano ante los militares hondureños que lucen inquietos a orillas del río El Guasaule.
El control militar hondureño contra los nicaragüenses, que cruzan el borde fronterizo, inició tras la salida forzada del gobernante hondureño Manuel Zelaya Rosales.
También se observa que el comercio se encuentra casi paralizado.
Los que sufren por la crisis en la frontera que a lo lejos se nota desierta, excepto cuando pasan furgones, son los cambistas, un grupo de triciclistas, taxistas y comerciantes que llegan de Chinandega y Managua.
“Todo es negocio en la frontera porque mantenemos estrecha relación con los hondureños y esa crisis nos afecta”, precisó el cambista Germán Martínez.