Edmundo Jarquín, dirigente del MRS. (LA PRENSA/ ARCHIVO/ B. PICADO)

Jarquín: el sistema no es confiable

Dirigente del MRS sostiene que Ortega ha encontrado una gran resistencia Jorge Ávalos El Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y su partido, el FSLN, han sido acusados por la comunidad internacional de llevar a cabo un masivo fraude electoral el 9 de noviembre de 2008. Pero aun antes de que la sociedad civil y los […]

  • Dirigente del MRS sostiene que Ortega ha encontrado una gran resistencia

Jorge Ávalos

El Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y su partido, el FSLN, han sido acusados por la comunidad internacional de llevar a cabo un masivo fraude electoral el 9 de noviembre de 2008. Pero aun antes de que la sociedad civil y los observadores electorales denunciaran el ilícito triunfo del FSLN en 105 de los 143 municipios del país, los ojos de la comunidad internacional ya estaban sobre Nicaragua. Cuando Ortega excluyó de las elecciones al Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y a otros partidos, la oposición se unificó y las elecciones mismas se convirtieron en una especie de referendo, que le permitió a la ciudadanía decidir entre democracia o autoritarismo. Edmundo Jarquín, que fue candidato a la presidencia por el MRS en 2006, se convirtió en uno de los principales líderes de la oposición y del movimiento pro democracia que se gestó en las elecciones de noviembre de 2008. Ésta es su visión del estado actual y del futuro de Nicaragua.

¿Cómo calificaría la situación actual que atraviesa Nicaragua?

Nicaragua está en una crisis política que ya está teniendo severas repercusiones económicas, y esta crisis se deriva del masivo y desordenado fraude electoral que practicó Ortega en las elecciones municipales pasadas.

¿Cuáles son esas “severas repercusiones económicas”?

A raíz del fraude, y como consecuencia directa del repudio internacional que éste ha provocado, la Unión Europea decidió congelar la cooperación internacional con Nicaragua. Varios países europeos también cancelaron, suspendieron o recortaron sus proyectos de ayuda económica. También el Gobierno de Estados Unidos anunció en noviembre que congelaba la cooperación de la Cuenta Reto del Milenio. Estas sanciones económicas tendrán graves consecuencias para Nicaragua, debido a que es el segundo país de América Latina después de Haití que más depende de la cooperación internacional. Para darte una cifra, el 40 por ciento del presupuesto es financiado por recursos externos y el 85 por ciento del programa de inversión pública es financiado con estos recursos externos.

¿Cuál ha sido el costo financiero real de esas sanciones?

Actualmente el Presupuesto General de la República de Nicaragua es de mil 500 millones de dólares, y hay un déficit fiscal en este momento de 160 millones de dólares. Es decir, del 10 por ciento del presupuesto. Dos tercios de ese déficit se explican por la caída de la cooperación presupuestaria. Entonces, es una cuestión seria.

¿Cuál ha sido el costo político del fraude?

El sistema electoral ha perdido toda credibilidad y confiabilidad. Si no hay una recomposición total del Consejo Electoral, Nicaragua no tendrá elecciones confiables en 2011. En ese contexto, sin futuro electoral, los riesgos de mayor conflicto y violencia son muy grandes.

¿Y el costo interno para Ortega?

En primer lugar, el FSLN perdió ampliamente las elecciones, en especial en los grandes centros urbanos del Pacífico del país, incluyendo Managua, la capital. Ante la votación masiva, Ortega tuvo que recurrir a un fraude mayor al que había previsto, de tal forma que además de enorme, fue desordenado. Aun así, el fraude no es un hecho consumado porque no lo aceptan los ciudadanos. Los resultados electorales no sólo han sido rechazados por los partidos de oposición, tampoco han sido aceptados por la Conferencia Episcopal, ni por los líderes de otras iglesias, ni por los organismos gremiales del sector privado, ni por la vastísima red de organizaciones de la sociedad civil, que en Nicaragua tienen un nivel de organización enorme y muy vibrante.

¿Es válido decir que el rechazo internacional al fraude es un apoyo a las aspiraciones de democracia de los nicaragüenses?

Dijiste la palabra correcta. Una de las consecuencias del fin de la guerra fría es que crecientemente se reconoce la transnacionalidad de los derechos democráticos como parte de los derechos humanos. Entonces esta reacción se explica por eso, o para ponértelo en otros términos, y me lo han dicho dirigentes europeos: en América Latina es inaceptable un Zimbabwe. Y con Ortega, por aferrarse al poder por medios antidemocráticos, lo que se está perfilando es una situación como la de Zimbabwe, en la que un país próspero es llevado al desastre total. Estamos lejos de llegar a eso, y no vamos a llegar a eso porque la resistencia dentro de Nicaragua y la resistencia de la comunidad internacional son formidables.

¿Incidió en ese clima la exclusión del MRS de las elecciones?

Fue uno de los agravios más evidentes. Esto generó una gran unidad democrática entre la oposición y contribuyó a que las elecciones se politizaran. En la medida en que esto ocurrió se vieron como una gran oportunidad para defender la democracia.

FUERON UN REFERENDO POLÍTICO

Durante tres décadas el eje de la polarización política en Nicaragua fue sandinismo-antisandinismo. Ahora es orteguismo-democracia, como simbolización de la contradicción autoritarismo-democracia. Si este eje de polarización se mantiene, en Nicaragua se habrá producido un cambio político de gran importancia histórica.

¿Cómo se perfila el futuro de Nicaragua con Ortega?

Una vez más, en Nicaragua están en juego valores e intereses esenciales para el futuro democrático. Al llegar al poder Ortega prometió un gobierno de unidad y reconciliación, y apenas llegó sacó del baúl la armazón ideológica de los años setenta y ochenta, y ha dividido y polarizado dramáticamente a la sociedad nicaragüense.

Ortega ofreció gobernar en democracia y lo que está construyendo es una dictadura institucional. Está utilizando las instituciones judiciales, administrativas y fiscalizadoras para chantajear y reprimir a la oposición y a los medios de comunicación. La máscara que Ortega construyó para ganar la Presidencia ya se cayó.

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