Salto hacia el futuro

[email protected] En algunas ocasiones, no tiene nada de admirable derrotar a tu adversario. El verdadero triunfo es superarte vos mismo. Y me parece que, más que vencer a Guatemala, y a la vez, capturar el pase a la Copa de Oro, ese el más grande logro conseguido por el futbol. Nicaragua se sobrepuso a sus […]

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En algunas ocasiones, no tiene nada de admirable derrotar a tu adversario. El verdadero triunfo es superarte vos mismo. Y me parece que, más que vencer a Guatemala, y a la vez, capturar el pase a la Copa de Oro, ese el más grande logro conseguido por el futbol.

Nicaragua se sobrepuso a sus propios complejos, dando el paso al frente que siempre se le ha exigido. Por eso, el trabajo realizado en Honduras tiene un gran valor simbólico y constituye una vacuna contra el pesimismo crónico, que siempre nos ha perseguido.

Me encantó apreciar a un equipo aguerrido, volcado hacia el frente, con el ánimo firme y que aunque provisto más de espíritu que de futbol, dejó atrás las actitudes timoratas y defensivas que le caracterizaban, y que le hacían conformarse con evitar la goleada.

Ahora se saltó al campo a pelear cada juego, incluso contra rivales de colmillo como los hondureños, ante quienes se ofreció una tórrida resistencia a través de 65 minutos, para destemplarse un poco al final, en un partido de exigencia para ambas tropas.

Y aunque se empató con sufrimiento ante El Salvador, cuando la defensa se desfiguró, y se pasó a otro equilibrio en el marcador ante Belice, nos quedó la impresión que se pudo haber propinado una goleada, de haber contado con más puntería en la delantera.

Más importante aún, fue haber halado el gatillo contra Guatemala, con dos formidables definiciones de Samuel Wilson y el concurso de todo el equipo en general, que ahora al fin ha ganado algo, se le ha zafado a sus complejos y se alista para la Copa de Oro.

El arquitecto del trabajo fue el técnico Otoniel Olivas, porque el equipo es el mismo que falló siempre, pero la actitud fue otra. Sin embargo, metió en la mente de sus jugadores que no necesitaban más fuerza o habilidad, sino aprovechar mejor lo que ya tenían.

Olivas tuvo además éxito en lograr que se sometieran a su plan táctico, los comprometió para alcanzar la meta con su país y con ellos mismos, aún cuando no contaron con las condiciones adecuadas, ni en la preparación, ni en la logística.

Estos muchachos salieron en el anonimato, despedidos sólo por sus familiares, no se les garantizó el fogueo adecuado.

Pero iban provistos del carácter y la determinación para sobreponerse a toda dificultad, a nuestra propia indiferencia y hasta desprecio. Fueron tan buenos en esta labor, que se destacaron incluso, aún con la dirigencia que tienen, y eso es realmente admirable.

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