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Tomado de ESPN.com
Según mis cálculos, ya han pasado más de 7,100 días desde que Jim Rice hizo swing con un bate en un juego de Grandes Ligas. Eso sucedió el 3 de agosto de 1989.
Así que el que Jim Rice todavía esté sudando en los días de votación para el Salón de la Fama, dos décadas después, parece un método de tortura que debió ser prohibido por la Convención de Ginebra, no un paradigma del Salón de la Fama del Beisbol.
Mientras tanto, la buena noticia para Jim Rice es: Hasta aquí llegamos. Terminó.
Es su año 15to y final en la papeleta de votación. Así que más vale que consiga ese 2.8 por ciento que le faltó el año pasado para ser consagrado, o, al menos, será liberado del purgatorio de papeletas para los escritores. Por siempre. ¡Ya era hora!
El pronóstico aquí, sin embargo, es que Rice lo logrará finalmente. Se unirá a Ralph Kiner y Red Ruffing como los únicos dos jugadores en la historia que fueron elegidos en su última oportunidad. Y que se unirá al único e inigualable Rickey Henderson en el podio de los elegidos en julio.
Hace 10 años, Rice no conseguía ni el 30 por ciento del voto. El año pasado, sin pegar un solo imparable, de alguna forma superó el 72 por ciento. Así que aunque se quedó corto por 16 votos, está en una posición que indica que este tiene que ser el año.
Ningún jugador en la historia ha estado tan cerca sin alcanzar finalmente el Salón de la Fama. Así que si el grupo de detractores que alegan que Jim Rice no fue lo suficientemente bueno logran mantenerlo fuera esta vez, esos votantes lo ayudarán a hacer el tipo de historia que nadie nunca quiere hacer.
Durante años, he relatado las múltiples noches de desvelo mientras intentaba descifrar dónde colocar a Rice en el contexto histórico. En los cerca de 20 años que llevo votando para el Salón de la Fama, él es el único candidato por el que no voté durante una década y luego, tras años de conversaciones con personas relacionadas al beisbol —y cientos de sabios intercambios por correo electrónico con muchos lectores— cambié de opinión al respecto.
Así que yo entiendo exactamente lo que pensaban esos 151 votantes que lo reprobaron de sus papeletas el año pasado. La carrera de Rice cayó de un acantilado a la edad de 33 años. Nunca llegó a los 500 vuelacercas, y tampoco 400. Y se la pasó casi el 25 por ciento de su carrera como bateador designado. Así que no tiene las credenciales de jugador multidimensional que buscan algunos de estos votantes recatados para favorecer un candidato.
Pero ésta es la razón por la que me convencí de que él merecía este voto: El Factor Miedo. En 11 temporadas de 1975 a 1985, los lanzadores de la Liga Americana habrían preferido ver a Freddy Krueger aterrorizar a su vecindario en vez de ver a Jim Rice caminar hacia la vieja caja de bateo.
En esas 11 temporadas, Rice terminó primero en cinco de seis elecciones para JMV —y fue líder de la Liga Americana en cuadrangulares, impulsadas, carreras anotadas, slugging e imparables extrabases—. Solamente George Brett se mantuvo al mismo nivel en muchas de esas categorías.
Así que él consiguió este voto. ¿Conseguirá los otros 16 que necesita para ocupar un lugar en las paredes de Cooperstown? Se trata del drama mayor de la elección de 2009, por mucho.
TAMBIÉN DAWSON Y RAINES
Hubo una época en que pensaba que Andre Dawson estaba destinado a una sentencia perpetua del limbo en la papeleta al estilo de Jim Rice. Pero algo curioso pasó el año pasado. Se escapó de la villa Limbo.
El “Halcón” fue uno de los saltarines del año al añadir 49 votos y saltar para necesitar apenas 50 votos más para recibir su placa. Así que aquí está, luego de ocho elecciones, con buenas probabilidades de ser elegido.
Ganó un premio JMV y terminó segundo dos veces. Fue Novato del Año. Ganó ocho Guantes de Oro. Y aunque pasó la última mitad de su carrera con más hielo en las rodillas que el zozobrado Titanic, su combinación de imparables (2,774), vuelacercas (438) y bases robadas (314) lo colocan en un grupo exclusivo junto a Willie Mays y Barry Bonds.
En el caso de Raines, será fascinante ver qué tipo de impacto tendrá la aparición de Henderson, porque Raines podría ser el mejor primer bate en la historia de no ser por Henderson.
En siete temporadas de 1982 a 1988, Raines fue el mejor en la Liga Nacional en sencillos, dobles, triples y pasaportes. OK, medita eso. Ahora piensa en los deberes usuales del primer bate. ¿Tú quieres que el tipo llegue a base, correcto? Este hombre alcanzó las bases más veces que cualquiera a su alrededor de todas las maneras posibles.
Y para aquellos que también exigen que su primer bate se robe una base de vez en cuando, consideren esto: Raines es el único jugador en la historia con al menos 70 bases robadas durante seis años en fila. Y se robó 808 bases de carrera. Y acumuló todos esos robos mientras compilaba la mejor tasa de éxito en intentos de bases robadas de la historia (84.7 por ciento).