LA PRENSA/U.MOLINA

Amante de los animales

“El zoológico debería ser un orgullo nicaragüense” Marina Argüello de Sacasa ha llorado, se ha desvelado, pero también ha reído y ha sido feliz, al igual que una madre lo hace por sus hijos, cuando alguno de los animales que se encuentran en el zoológico, está enfermo o es liberado en su hábitat natural o […]

  • “El zoológico debería ser un orgullo nicaragüense”

Marina Argüello de Sacasa ha llorado, se ha desvelado, pero también ha reído y ha sido feliz, al igual que una madre lo hace por sus hijos, cuando alguno de los animales que se encuentran en el zoológico, está enfermo o es liberado en su hábitat natural o simplemente le regalan una caricia, un rugido, un trinar, un aullido, etc.

Recuerda que hace diez años ella y su esposo que es veterinario fueron a ofrecer sus servicios voluntarios al zoológico para cuidar de los animales, sin embargo su ofrecimiento no fue aceptado, sino hasta que un puma fue atacado por abejas africanas y su esposo le salvó la vida. Es en 1999 cuando ella y su esposo se hicieron cargo del zoológico. “Fue todo un reto porque los animales estaban mal cuidados, era una situación bastante caótica y apenas habían 133 animalitos, hoy hay más de 600”.

En ese momento uno de los aliados de doña Marina fue su hijo menor, quien estaba en el país de vacaciones, pero se enamoró del zoológico, al igual que su madre y su padre, y se quedó por un año. Doña Marina es administradora de empresas, cuenta que el amor por los animales lo trae desde niña, ya que siempre los andaba recogiendo de la calle a escondidas de su abuela. “Esto ya lo trae uno, es difícil que se aprenda, tiene que nacer de corazón, porque es una lucha muy dura”.

La casa de doña Marina ha sido cuna de varios de los animales que hoy están en el zoológico. “Cuando teníamos un año de estar aquí nació ‘Tina’ una tigre de Bengala que su madre no pudo amamantar, así que la alimentamos con leche de cabra y la llevamos a la casa, a los dos meses nació una leoncita (China) y también la llevamos a la casa”. Cuenta que “China” es una de sus preferida, ya que cuando era bebé hasta dormía en su cama. También reconoce que “Pumba” (tigre de bengala) es muy querido por ella, aunque una vez le mordió la mano y tuvo que ser operada. “Eso fue por accidente”, sonríe.

Una de las cualidades de doña Marina es que es muy buena conversadora, sobre todo si la plática tienen que ver con animales. “Desde que estoy en el zoológico me he vuelto hasta un poco antisocial, porque me la paso aquí hasta los fines de semana. Es feo decirlo pero prefiero relacionarme con los animalitos, porque los siento honestos, no traicionan, no atacan si no se les hace ni un mal, en cambio el humano es maquiavélico”.

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