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Jugar, ¡Qué cosa tan seria!

El juego durante la infancia resulta clave para el desarrollo de los pequeños y les prepara para la vida adulta Jugar es divertido. Tan sólo eso ya es buen motivo para hacerlo. Pero además cumple un papel vital en el desarrollo del niño. A través del juego, los más pequeños conocen el mundo, lo exploran, […]

  • El juego durante la infancia resulta clave para el desarrollo de los pequeños y les prepara para la vida adulta

Jugar es divertido. Tan sólo eso ya es buen motivo para hacerlo. Pero además cumple un papel vital en el desarrollo del niño. A través del juego, los más pequeños conocen el mundo, lo exploran, desarrollan su mente y aprenden las reglas de la convivencia con los demás. Asegurarse de que los más pequeños tengan tiempo para jugar no es, en absoluto, cosa de niños.

Dejar volar la imaginación

Si una de las principales razones de ser del juego en nuestra especie es preparar al niño para ser un adulto con mayor número de habilidades y un comportamiento más flexible, y por tanto, más eficaz desde un punto de vista evolutivo, es lógico pensar que un pequeño “esfuerzo” extra mejore su eficacia.

Darle todo hecho al niño le resta variedad, reto y pasión al juego. A veces, juguetes demasiado específicos, altamente especializados, le roban creatividad o posibilidades a la actividad lúdica. Un palo puede ser una espada, un caballo o el cetro de un rey, pero… ¿sucede lo mismo con una espada láser? ¿O ésta se limita a ser tan sólo una espada láser? Encontrar aplicaciones nuevas y diferentes a cualquier objeto es una forma de prepararse para resolver problemas y situaciones inesperadas en el futuro, y mejora la plasticidad de la mente y el pensamiento innovador.

Divertirse con todo el cuerpo

El juego tiene su propio lenguaje. Cuando un niño juega, lo hace con movimientos curvos, a diferencia de los movimientos lineales habituales. Y si uno de sus gestos resulta demasiado agresivo, una amplia sonrisa será su forma de decir que, efectivamente, ¡sólo estaba jugando!

Es importante que los niños disfruten de una gran variedad de juegos. Y en esta época sedentaria es más importante que nunca reservar un espacio y tiempo propios a los juegos físicos, ya que son una de las mejores maneras de evitar la obesidad infantil, una enfermedad que alcanza cifras cada vez más elevadas entre los menores.

Cabe señalar que el juego puede consumir entre el 2 y el 15 por ciento de su consumo calórico total y mejorar su capacidad sicomotriz. Pues, a través de su cuerpo, el niño recibe información sensorial vital para integrar y procesar todos los estímulos que adquiere del mundo exterior y que contribuyen a formar su mente.

Diferentes tipos de juego

Exploratorio: experimentar con diferentes materiales y buscar sus límites, juguetear con objetos o con ideas ayuda al niño a ver que para cualquier problema siempre hay más de una posible solución.

Simbólico: recreando e imitando las situaciones de la vida real el niño se abre al mundo que le rodea. Este tipo de juego le permite expresar ideas y mejorar su pensamiento visual y espacial.

Social: el juego con los demás enseña al niño a comunicarse y a comportarse en grupo: así se ve a sí mismo tanto como individuo como parte de una comunidad.

Resolutivo: resolver puzzles o hacer pasatiempos ayuda a reconocer y comprender categorías y asociaciones, así como a ver la realidad desde perspectivas diferentes.

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