Con la caída del bloque soviético y sumergido en el llamado “período especial”, Castro se abrió al turismo y al dólar. (LA PRENSA /ARCHIVO/U. MOLINA)

Cuba: 50 años de dictadura

A pocos días para arribar al aniversario de la revolución cubana, ¿qué hay que celebrar? [doap_box title=»Fidel, el dueño del tiempo en Cuba» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El líder cubano, Fidel Castro, ha dirigido durante casi medio siglo la revolución que derribó el 1 de enero de 1959 al dictador Fulgencio Batista, y marcado los tiempos en […]

  • A pocos días para arribar al aniversario de la revolución cubana, ¿qué hay que celebrar?
[doap_box title=»Fidel, el dueño del tiempo en Cuba» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El líder cubano, Fidel Castro, ha dirigido durante casi medio siglo la revolución que derribó el 1 de enero de 1959 al dictador Fulgencio Batista, y marcado los tiempos en un país en el que no resulta difícil transitar entre los años 50 y el siglo XXI.

En febrero de este año, Fidel Castro, de 82 años, dejó de ser presidente del país, cargo que pasó a desempeñar su hermano Raúl, pero su alargada sombra de líder indiscutible de la revolución cubana se puede sentir en todo cuanto rodea al proceso revolucionario.

En 1953, ante el tribunal que le condenó por el fracasado asalto al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba, su primera acción armada contra Batista, Castro dejó como tarea a la Historia la obligación de juzgarle y, con ello, el sello distintivo de su personalidad. “Condenadme, no me importa, la Historia me absolverá”, dijo.

El joven abogado que se enfrentó a Batista en una guerra desigual, supo aprovechar el profundo descontento social generado por aquella dictadura y ganarse el apoyo popular.

Creó su propio modelo para Cuba, un comunismo caribeño alimentado en el marxismo-leninismo, fundamentado en la base nacionalista legada por José Martí y aliñado por sus propias aportaciones.

En los primeros años posteriores al triunfo de la revolución, Fidel Castro manejó el país como primer ministro y se convirtió en el Jefe del Estado en 1976, con la aprobación de la Constitución que le invistió con el cargo de presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

Ni Estados Unidos, su principal obsesión, ni sus enemigos internos, ni siquiera la caída del bloque soviético hace dos décadas, pudieron apartarle del poder y sólo el paso inexorable del tiempo le llevó a dar un paso al costado.

Trató de adaptar fórmulas de otros países comunistas, pero otras fueron inventos genuinamente cubanos, como los Comités de Defensa de la Revolución —los “ojos y oídos” del régimen—, creados en la década de los años sesenta para vigilar los movimientos de los ciudadanos en cada vecindario.

Defensores y detractores coinciden en que su carisma y su habilidad política para transformar los fracasos en victorias fueron decisivos para la longevidad del sistema.

Castro introdujo en la isla reformas sociales, educativas y sanitarias sin comparación en América Latina en la época y colocó a Cuba en la agenda internacional.

Utilizó la controversia con EE.UU. para elaborar el concepto de “plaza sitiada”, que le permitió tomar no pocas decisiones controvertidas en aras de la defensa del país.

A principios del siglo XXI, cuando parecía hundido y obligado a profundizar la apertura, encontró en el presidente venezolano, Hugo Chávez, un alumno aventajado dispuesto a utilizar su petróleo para ayudarle.

Dedicado a su trabajo como articulista, Fidel Castro es hoy “un soldado de las ideas” que sigue marcando con sus palabras las decisiones importantes que se toman en Cuba y disparando contra sus adversarios.

La Habana/ EFE[/doap_box]

Matos: “Revolución cubana es el fraude más costoso que ha pagado pueblo alguno”

Miami, EE.UU./ EFE

El exilio cubano ha vivido los 50 años de la revolución con la vista puesta constantemente en La Habana, a la espera de la hora final del castrismo y la recuperación de la democracia y la libertad en la isla caribeña.

En el cincuenta aniversario de la revolución, las voces del exilio coinciden en que los principios que la inspiraron —acabar con la dictadura de Fulgencio Batista y restaurar las libertades— fueron traicionados por el hombre que personificó esa lucha: Fidel Castro.

El triunfo de la revolución cubana se consumó en enero de 1959, con la entrada en La Habana de la guerrilla, pero fracasó el anhelo de ver cumplidos sus ideales.

Muy pronto, Fidel Castro comenzó la liquidación de opositores y los juicios de depuración de antiguos compañeros de armas que no estaban dispuestos a comulgar con su sistema totalitario, según dicen expertos y exiliados.

Huber Matos, el único de los comandantes históricos de la revolución cubana exiliado, afirmó que Fidel Castro traicionó los principios revolucionarios hasta convertirlos en el fraude más costoso que ha pagado un pueblo en la historia de América.

En vísperas de cumplirse los 50 años de la revolución cubana, Matos, de 90 años, habló en su casa de Miami sobre “la brutal dictadura de Castro, su incapacidad de entender y aceptar el juego democrático y del Estado policial que ha creado en la isla un clima de miedo”.

“Estamos en presencia de un desastre, de un retroceso de medio siglo, de calamidades y miserias materiales y morales. Probablemente unos 200 mil cubanos pasamos por las prisiones y Dios sabe cuántas vidas se perdieron en los paredones, en el mar y de diferentes formas”, dijo Matos sobre los cincuenta años de revolución.

UN COMANDANTE CARISMÁTICO

Quien fuera maestro rural y, posteriormente, con el triunfo de la guerrilla, gobernador de la provincia de Camagüey, recordó la promesa fundamental que animaba los principios de la revolución: “Restablecer el Estado de Derecho y el sistema de elecciones libres en Cuba”.

Matos, quien se unió a la guerrilla cuatro años después del golpe de Fulgencio Batista en 1952 y llegó a convertirse en uno de los comandantes más carismáticos, destacó la divisa que unía a los rebeldes en Sierra Maestra: “Libertad o muerte”, una consigna que, “a los pocos meses”, dijo, Castro traicionó.

Al cabo de estos cincuenta años de revolución, Matos subraya que Cuba ha dejado de ser una república para convertirse en un “feudo, una finca grande, una cárcel”.

Y al frente de “este fraude” revolucionario de 50 años de historia, de este “engaño al pueblo cubano”, figura Fidel Castro, un “ególatra perverso”, señaló, que “maneja cualquier escenario con una habilidad de artista”.

“Fidel Castro traicionó los principios de la revolución cubana, pero lo hizo con una habilidad y astucia extraordinarias”, para establecer una “nueva dictadura” y un partido único, dijo Matos, quien estuvo 20 años preso por sus divergencias ideológicas con el líder cubano.

Retrató a Castro como “un individuo demoníaco, aunque dotado de una inteligencia excepcional”, capaz de acabar con el mejor compañero, como así hizo, aseguró, con el desaparecido comandante Camilo Cienfuegos.

El 30 de octubre de 1959 el Gobierno cubano anunció que Camilo Cienfuegos desapareció cuando viajaba en su avión desde Camagüey hasta La Habana.

“Ellos (los hermanos Fidel y Raúl Castro) mataron a Camilo, y Camilo, el más carismático de los comandantes, lo presintió en los últimos días de su vida”, antes de su misteriosa desaparición, afirmó.

“EL CAMBIO VIENE”

Tras sostener que el país ha vivido un proceso de paralización en el que lo único que funciona bien es el “aparato represivo y la propaganda”, se mostró convencido de que el régimen castrista “está llegando a su final”. “En la propia estructura del poder” existe la “convicción de que hay que cambiar”. “El cambio viene inexorablemente”, dijo.

Por su parte, el periodista y escritor cubano en el exilio, Carlos Alberto Montaner, dijo que “Fidel Castro fue un traidor, engañó al pueblo cubano y a sus compañeros revolucionarios, tomó el camino de la dictadura comunista y colocó al país en la órbita soviética”.

Montaner, uno de los columnistas más influyentes en América Latina, indicó que el legado de estos 50 años de revolución y castrismo salta a la vista: “Un país en ruinas y una sociedad descreída que sólo piensa en tratar de sobrevivir o escapar”.

Agregó que lo que une a los exiliados, por encima del odio a Fidel Castro, es “el dolor de lo compartido”.

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