Nueve personas, entre ellas ocho militares, fueron decapitadas la semana pasada en Chilpancingo, Guerrero. (LA PRENSA/AP/STR)

México vivió su peor año de la cruel guerra entre narcos

Decapitaciones fueron el sello de ejecuciones, que llegaron a 5,300 [doap_box title=»Operación limpieza» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] En respuesta al alto grado de corrupción en varios organismos de seguridad, el presidente de México, Felipe Calderón, puso en marcha el programa Operación Limpieza, cuyo objetivo es “limpiar las infiltraciones del enemigo, que todos sabemos que existían, pero no […]

  • Decapitaciones fueron el sello de ejecuciones, que llegaron a 5,300
[doap_box title=»Operación limpieza» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

En respuesta al alto grado de corrupción en varios organismos de seguridad, el presidente de México, Felipe Calderón, puso en marcha el programa Operación Limpieza, cuyo objetivo es “limpiar las infiltraciones del enemigo, que todos sabemos que existían, pero no sabíamos donde”.

El propio Calderón dijo que 49 por ciento de los 55,000 policías evaluados en los últimos meses son “no recomendables”.

Una encuesta reciente mostró que 50 por ciento de los mexicanos considera que los narcos le están ganando la batalla al Gobierno.

Mientras, el Ejército mexicano tiene “limitaciones tácticas y técnicas”, según un documento de la Secretaría de Defensa publicado por el diario El Universal, en el que se advierte sobre la “degradación” que sufre el poder militar mexicano.

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MÉXICO/ AFP

Las decapitaciones en México, como las de ocho militares a pocos días de que concluya el año, se convirtieron en 2008 en el cruel sello de los cárteles de la droga, cuyas luchas por el control del mercado y las rutas dejaron la cifra sin precedente de más de 5,300 ejecuciones.

El 21 de diciembre, en Chilpancingo, en el estado de Guerrero, aparecieron nueve cabezas humanas en una bolsa de plástico, ocho correspondían a elementos del Ejército mexicano destinados al combate al narcotráfico y la otra a un civil de profesión abogado.

Junto al macabro hallazgo se encontró un mensaje, atribuido al narcotráfico, de que “por cada elemento que nos maten, les vamos a matar a diez”, lo que fue considerado como una declaración de guerra al Gobierno y a su operativo contra el crimen organizado en el que participan 36,000 hombres, en su mayoría militares.

Escenas similares de horror se vivieron en todas las latitudes: dos cabezas calcinadas en Monterrey (norte), once hombres decapitados, apilados y agarrados de los brazos entre ellos, en Mérida (este), nueve cabezas formadas en el piso, encontradas en Tijuana (noroeste). En la lista de los horrores figuran también el envío, por servicio de mensajería, de cuatro cabezas humanas en Ciudad Juárez (norte), la localidad más violenta del país, y el hallazgo de un hombre decapitado con una cabeza de cerdo sobrepuesta en Durango (noroeste).

“Me preocupa y me entristece el nivel de violencia”, reconoció el presidente conservador Felipe Calderón, que ha establecido la lucha contra el narcotráfico como el eje de su gestión.

LAS PRIMERAS DOS CABEZAS

Las primeras dos decapitaciones de esta serie se registraron hace dos años en el puerto de Acapulco, donde las cabezas aparecieron frente a instalaciones policiales.

El mismo año las cabezas de cinco hombres fueron arrojadas en la pista de un abarrotado bar del estado de Michoacán y en este 2008 las decapitaciones, a menudo acompañadas de amenazantes “narcomensajes”, fueron la constante.

Pese a que el operativo federal antinarcóticos se reforzó en numerosos puntos del país, en 2008 se registraron un promedio de 14 asesinatos por día, la mayoría de ellos en el norte, en ciudades cercanas a Estados Unidos como Ciudad Juárez, donde fueron asesinadas más de 1,500 personas en el año.

“Esas ejecuciones derivan de una lucha encarnizada que están teniendo, en la mayoría de los casos, los criminales disputándose los territorios”, según Calderón.

Los cárteles de la droga se disputan el trasiego hacia Estados Unidos, pero también el creciente mercado mexicano, donde el consumo de drogas “creció casi 30 por ciento entre 2002 y 2008, y en el caso de la cocaína el aumento fue de prácticamente 100 por ciento”, según una encuesta del Gobierno.

Entre las víctimas diarias también hay un alto porcentaje de uniformados, lo que ha provocado masivas renuncias de policías en diversos puntos del país, que denuncian la falta de armas adecuadas para enfrentar a los sicarios.

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