- Cuatro personas nos cuentan cómo han logrado bajar de peso de la mano de una nutricionista, sin someterse a dietas relámpago y sin consumir fármacos
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Fuerza de voluntad
Subir 15 escalones era una tortura para Marina Toruño, quien apenas tiene 22 años. Cuenta que su pasión era la comida chatarra, cuando llegó donde la nutricionista pesaba 157 libras y media, con una estatura de un metro con 60 centímetros. Ya estaba cerca de la obesidad, yo estaba mal de salud, tenía problemas con el hígado y con la presión, ésos eran indicios de que las cosas andaban mal con mi salud, por que nunca me cuidé, afirma.
Cuenta que su vida era demasiado sedentaria, su rutina era de la oficina a clases y luego a casa a cenar y dormir.
Uno de los temores de Toruño al buscar ayuda profesional era que le restringieran muchos alimentos que son de su agrado, así que lo primero que hizo fue decirle a la nutricionista: Vengo porque tengo problemas de salud y quiero bajar de peso, pero si me manda a comer casi nada, no vuelvo a venir, porque sinceramente no voy a poder, me conozco y no podré, recuerda entre risas.
Sin embargo la respuesta de la nutricionista fue que lo único que debía hacer era aprender a comer saludable, balancear las comidas, comer menos grasa y hacer ejercicio. Cuando me dijo eso, todo cambio, sonríe.
En tres meses Toruño ha logrado bajar 18 libras y media, sólo aprendiendo a comer y saliendo a caminar a diario.
Algo fundamental para lograr su objetivo, según Toruño, es el apoyo que le han dado en casa y su fuerza de voluntad. Me han apoyado en la casa porque no se puede solo, cuando mis acompañantes se aburrieron compré una máquina, para cuando no podía salir a caminar, pero no es lo mismo, es mucho mejor caminar, porque uno se relaja y el cuerpo va a su ritmo. El gimnasio no me gusta, siento que uno se desgasta más.
El cambio en su alimentación fue radical. Dice que tenía desorden alimenticio porque a veces cenaba y otras no o comía mucho o muy poquito. Ahora tengo que cenar obigatoriamente, desayunar y almorzar además de dos meriendas.
Un consejo es comer más vegetales y ensaladas porque ayuda a que el metabolismo trabaje más rápido, además beber agua y hacer ejercicio.
El peso es salud
Para la columna de Reyna Vanessa Zepeda soportar 180 libras le era casi imposible, debido a que tiene una estatura de un metro con 47 centímetros. Cuenta que un día al salir del baño no pudo enderezar su espalda, fue donde el doctor y le dijo que tenía una desviación en la quinta lumbar, por tanto debía bajar de peso. Me asustó, no podía moverme, además llegó un momento en que no podía dormir, del lado que dormía se me adormecía el cuerpo, por ejemplo la pierna, el brazo, dice.
En marzo empezó un plan nutricional, asegura que el primer mes bajó 14 libras, con ejercicio y una dieta que no fue tan rígida. Al inicio no fue tan difícil, pero cuando uno se acostumbra se cree experto y empieza a decir puedo comer tal cosa y luego hago más ejercicio y puede haber una recaída, el confiarse es el problema, dice Reyna, quien hace un mes tuvo una recaída y no siguió bajando, lo bueno, dice, es que tampoco aumentó y ahora ya volvió a retomar su plan.
Reyna tiene 32 años, afirma que toda su vida ha tenido problemas con su peso, porque le encantan las frituras y era adicta al pan y al café. Ahora toma su cafecito pero sin azúcar, y el pan pero integral.
El peso ideal de Reyna son 105 libras máximo, actualmente está pesando 138 libras. Su primera meta fue lograr consumir agua, porque no lo hacía por tomar gaseosas o café, tampoco tenía una rutina de ejercicios.
Antes cometía el error de hacer dietas no comiendo o haciendo dietas milagro, incluso tomé pastillas para bajar de peso, que me mandaron al hospital durante cinco días. Ahora me mandaron a comer seis veces al día, señala.
Otro error de Zepeda era decirle a los demás que estaba en dieta, pero luego se iba a comer al cuarto. Bajar de peso es asunto de hacer conciencia.
En cuanto a los problemas de autoestima, señala que se sentía muy mal, ya que ni siquiera le gustaba verse al espejo o salir, ya que se cansaba o no podía usar la ropa que quería. Ir a una tienda y ver algo bonito, que no te queda es una desilusión, un martirio. Lo que hacía cuando salía era ver carteras o zapatos, porque hasta con las joyas era difícil, recuerda.
Zepeda aconseja buscar ayuda profesional, porque uno solo no puede.También puede buscar un amigo o amiga que tenga el mismo problema para hacer ejercicio juntos.