- El “olfato de Martinelli” le indica que Daniel Ortega y Arnoldo Alemán negocian nuevo acuerdo por crisis postelectoral
El doctor León Núñez, un destacado abogado que se ha hecho famoso por sus incisivos escritos que publica en este Diario, en los que expone sus ideas a través de los igualmente famosos “analistas políticos de Acoyapa”, su ciudad natal, dice en esta entrevista a LA PRENSA, que hacer análisis sobre los hechos ya acaecidos “es muy fácil”, que lo que es verdaderamente provechoso ante una situación política es tener suficiente “olfato” para lograr identificar en qué y cómo van a desembocar las situaciones en un país.
Núñez da ejemplos de casos en los que él pudo advertir sobre el resultado de situaciones como la división de los liberales para las elecciones generales del 2006 o el fraude electoral del pasado noviembre.
Pero también advierte que su “olfato” esta vez le está indicando que la crisis post electoral creada por el fraude de las elecciones municipales terminará en un nuevo pacto.
¿Qué dirían los analistas políticos de Acoyapa sobre la situación actual que vive el país, doctor, esta crisis post electoral que parece habernos llevado a un punto muerto donde ni el Gobierno ni la oposición parecen ceder?
En política lo importante es acertar sobre lo que va a venir. Los analistas políticos lo que hacen es opinar sobre hechos pasados o recién pasados. Esto es muy fácil. Lo difícil es tener, como decía Martinelli, el ‘olfato del futuro’.
En el Consejo Editorial de LA PRENSA, el doctor Emilio Álvarez Montalván y yo, antes de las elecciones presidenciales de noviembre de 2006, fuimos los únicos que defendimos siempre la posición de que Daniel Ortega ganaba las elecciones, y de que José Rizo y Eduardo Montealegre no tenían ninguna posibilidad de triunfo.
Como acertamos nos ganamos un premio: (de parte de otro miembro del Consejo Editorial) una botella de Johnny Walker cinta negra.
También en el Consejo Editorial de LA PRENSA, el doctor Emilio Álvarez Montalván y yo coincidimos en que en las pasadas elecciones iba a haber fraude; que Daniel Ortega, principalmente en Managua, se iba a robar las elecciones, y el doctor Álvarez y yo no estuvimos de acuerdo con los que decían que las elecciones se las podían robar solamente en el caso de que la diferencia entre Eduardo Montealegre y Alexis Argüello fuera muy estrecha.
Nosotros sostuvimos que aunque la diferencia fuera abismal, Ortega se robaría las elecciones”.
¿Y cómo llega a esas conclusiones, se basa en un análisis de los hechos? Porque también se podría concluir lo mismo manteniendo una actitud pesimista frente a las cosas.
Mi razonamiento, para ‘olfatear el futuro’, era que para Ortega el costo político de perder Managua, León, Masaya y otras cabeceras importantes era enorme, así que iba a preferir pagar el costo político de robarse las elecciones, que también es enorme, pero sabiendo que este costo lo podía rebajar en un arreglo con Arnoldo Alemán”.
¿Pero en realidad cree que el costo político del fraude era menor? El Gobierno está prácticamente paralizado, por segundo año consecutivo no ha podido llevar sus ansiadas reformas a la Asamblea Nacional y la situación económica en este país es mucho peor ahora y no sólo por la crisis económica mundial.
Es que lo que no previó Ortega fue el demoledor impacto que nacional e internacionalmente iba a causar el fraude electoral, y el impacto ha sido tal, que lo que Ortega tiene arreglado con Alemán no lo ha podido sacar a la luz pública, porque el momento no es propicio.
En primer lugar, porque el ambiente del fraude está más vivo que nunca y en segundo lugar porque Eduardo Montealegre no se va a prestar a esta nueva sinvergüenzada pactista.
Ortega y Alemán están esperando que el tiempo, con todos los trucos y mentiras de que son capaces, reste fuerza al efecto del impacto que causó el fraude, para publicar su nuevo “pacto”, entre el cual está la reforma constitucional que permita a don Daniel seguir mandando. ¿Usted cree (se pregunta Núñez) que el Gobierno le hubiera asegurado al doctor Alemán hace pocos días el dominio sobre 51 manzanas adyacentes al mar, en Tola—que es uno de los filetes de la costa del Pacífico de Nicaragua—si no hubiera arreglo entre ellos?”
¿Qué me diría ese “olfato de Martinelli” de ese arreglo, entonces, en qué consiste?
El arreglo pactista, que de momento está elaborado como primer borrador, y que todavía está en secreto, establece, entre otras cosas, que Ortega le va a dar a Alemán entre diez y quince municipios. Managua, nunca. Porque tanto Alemán como Ortega no quieren que Eduardo Montealegre sea Alcalde de Managua.
Lo que va a dar Ortega son municipios sin importancia, como San Juan de los Platos, San Andrés de la Cuchara, etc. Y para aparecer como satisfaciendo el clamor popular van a destituir a los magistrados del Consejo Supremo Electoral, lo cual sería otra farsa, porque Ortega y Alemán se los van a volver a repartir. Van a reformar la Ley Electoral. Y una vez consumada toda esta tragedia política, si es que la logran consumar, que es lo más seguro, los arnoldistas zancudos seguirán felices, bien cañoneados, ‘con fe en el futuro… y dispuestos siempre a seguir trabajando por el bienestar de la patria’”.