Guillermo Rothschuh Tablada, educador, poeta, ensayista y crítico. LA PRENSA/U. Molina

Humanista de las letras

Guillermo Rothschuh Tablada, educador, poeta, ensayista, crítico y orador. Estudioso y difusor de la obra dariana. Gran promotor de la cultura chontaleña, su raíz. Fundador de instituciones educativas y culturales. Académico de la Lengua. Fiel ciudadano de Nicaragua y de “Nuestra América”, es a estas dos Patrias y a la Patria universal de las Humanidades […]

Guillermo Rothschuh Tablada, educador, poeta, ensayista, crítico y orador. Estudioso y difusor de la obra dariana. Gran promotor de la cultura chontaleña, su raíz. Fundador de instituciones educativas y culturales. Académico de la Lengua. Fiel ciudadano de Nicaragua y de “Nuestra América”, es a estas dos Patrias y a la Patria universal de las Humanidades que ha entregado siempre, con brillo y valentía, el compromiso de su palabra.

La oral, en las aulas universitarias y en todos los ámbitos pedagógicos donde ha impartido su magisterio. La escrita, mediante su obra creadora y ensayística en dilatada producción de más de seis décadas, bajo la advocación del “Padre y Maestro mágico” de nuestras letras hispanoamericanas, don Rubén Darío.

Fui su alumna en los años sesenta, en la vieja Escuela de Ciencias de la Educación. El querido caserón esquinero de la Calle Momotombo. Mucho el tiempo transcurrido desde entonces. Sigue siendo válido el ideal pedagógico, el espíritu de ayer que rinde hasta hoy sus frutos en varias generaciones de maestros(as), contagiadas del ardor primigenio. Edad dorada de la naciente Academia, entre luchas políticas y rupturas históricas. Fulgor de cátedras y catedráticos. Tarea noble, optimista, sólida, emprendida por profesionales de la educación y escritores de altas calificaciones en conocimiento intelectual y en dignidad ciudadana.

Algunos, como es el caso del maestro Rothschuh Tablada, uniendo razón y corazón, ciencia y conciencia, pedagogía y sensibilidad, inteligencia y emoción, mediante la propia sabiduría y creatividad. Por eso concuerdo con Francisco Arellano, académico y poeta, quien afirma: “Guillermo Rothschuh Tablada hizo de la cátedra una catedral con los estilos de la poética…” (Nota crítica sobre el poemario Tela de cóndores del poeta Guillermo Rothschuh Tablada. Managua, Academia Nicaragüense de la Lengua, 2005).

Brillantez, entusiasmo del catedrático-poeta, contagiándonos, embebiéndonos en la sangre nutricia de nuestro mapa creador: Darío, siempre el primero. Martí, Rodo, Montalvo, Neruda, Mistral, Vallejo, Huidobro, Borges, Octavio Paz, Carpentier, el naciente boom narrativo, Rulfo, el maestro; Asturias, uno de sus temas recurrentes…

Y los del propio solar: Alfonso, Salomón, Azarías, Joaquín Pasos, Pablo Antonio, tan cercano a su corazón. Coronel, Cabrales, Calero Orozco, Centeno Zapata, Cardenal, María Teresa Sánchez, Manolo Cuadra, Carlos Martínez, Fernando Silva, Mario Cajina. Lizandro Chávez, Sergio Ramírez, nuevo entonces. Igual Rosario Aguilar, Mariana Sansón, Luis Rocha, Fernando Gordillo (que se quedó joven para siempre), Octavio Robleto, Armando y Flavio, Illescas, Uriarte, Beltrán Morales, McField… y las poetas nacientes: Michele Najlis, Vidaluz Meneses, Ana Ilce Gómez…

Importantes los nombres. Algunos fulgurantes, claves en las historias literarias. Y más aún, conocerlos, degustarlos, en original pedagogía del maestro Rothschuh, que desdeñando recetas metodológicas, aconsejaba leer y escribir incansablemente. Meditar y aprender de los mejores escritores y escritoras. El estilo de sus clases, anecdótico, amistoso, agudo en comentarios, erudito sin afectaciones, siempre llevándonos de la vida a la obra, del verso a la experiencia vital, de la prosa narrativa al contexto histórico. Toda esa didáctica viva, ese gustar de la lengua literaria, hacía que sus saberes, su torrente de lecturas volcado en comentarios y diálogos, se volvieran círculo pedagógico para quienes éramos sus alumnos, varones y mujeres.

Porque, discurría el maestro: “Y si no es el libro, si no es la escuela, si no son sus pensadores, si no es la universidad la Rectora Social de un país, entonces para qué cantar, para qué la poesía, para qué el signo inmortal de Rubén Darío”. (“Chontales en la poesía nicaragüense (1986), en El retorno del cisne (ensayos). Managua, Ministerio de Educación, 1983. (p.35)).

Ese año, el 66, entre las encrucijadas de la política (y el amor en mi caso particular), que nos llevó más de una vez al enfrentamiento y a la protesta contra la dictadura somocista, tuve doble privilegio: ser su alumna y serlo en condición de tutoría. Por circunstancias especiales, fuimos tres en su clase. Materias: Literatura Hispanoamericana y Nicaragüense. Resonaba su voz clara, contundente, por aquellos corredores de la casona esquinera. Recorriendo el hilo de la historia del arte y la literatura, desfilaban el Popol Vuh, El Güegüence, el Inca Garcilaso, Bernal Díaz, sor Juana, Lizardi, el Padre Las Casas, Oviedo, los románticos, costumbristas, indigenistas… Y Darío siempre: el periodista, el poeta, el prosista, el cronista, el antiimperialista, el nicaragüense y universal. Jorge Eduardo Arellano califica esta veta dariana en los “trabajos heterogéneos” de Rothschuh como un hilo de Ariadna. “Canta a Darío, enaltece su signo, refiere su vigencia”. —dice el crítico—. (“La vocación magisterial de Rothschuh”, Prólogo a El retorno del cisne (Op.cit, p.6).

Salpicaban los temas de su cátedra referencias y preferencias extraídas de su amplia cultura, gusto estético y cualidad de lector apasionado, profesional. Cervantes, el gran Padre Nuestro, semilla clásica y de modernidad. Homero, Esquilo, Catulo, Ovidio, Shakespeare, Dante, Balzac, Proust, Joyce, Flaubert, Camus, Góngora, Quevedo, Kafka, Tolstoi, Rimbaud, García Lorca, Alberti, Whitman, Poe, Pound, Elliot… Así comprendíamos, afianzábamos, acometíamos a los conspicuos miembros de nuestra república de poetas y narradores.

Su timbre vigoroso, sello comunicativo hasta los años presentes, el gesto entre serio y pícaro, la indumentaria elegante y olorosa a lavanda, acompañaba su plática siempre llena de interés para nuestros entusiasmos juveniles en aceras y pasillos de nuestra inicial y modesta Alma Mater. Managua provinciana, conspiradora, que nos vio crecer al ritmo de Los Beatles y las cumbias, entre las balas de Somoza y las metas soñadoras del estudio.

Rothschuh compartiendo academia en la UNAN y funciones culturales en el Ministerio de Educación (MED), cuando el cargo se prestigiaba con el personaje que lo ejercía. Varones cultos aquéllos, ganándose con su ser y hacer el rango de humanistas. Practicando avanzada pedagogía con precarios recursos y pequeños presupuestos. Educadores, científicos, pensadores, escritores, todos soñaban una Nicaragua mejor para una mejor niñez y juventud. Todos conspirando para el bien común en el retazo de libertad propiciado por algunas mentes lúcidas, que las había y buenas. Así conformado el grupo intelectual del Consejo Técnico y Dirección Cultural del MED de esos tiempos: Guillermo Rothschuh, Fidel Coloma, Násere Habed, Zepeda Henríquez, José Santos Rivera, Luis Alberto Cabrales, Jaime Incer. Desde allí empujando a la universidad hacia el futuro. Algunos de nosotros tuvimos la oportunidad de foguearnos cerca de ellos como auxiliares de la Asesoría de Castellano, que dirigió por varios años el profesor Coloma. Un sino trágico impide todavía hoy cristalizar el esplendor soñado y apuntalado por aquellos dirigentes emprendedores.

En los setenta, era familiar su figura de cabello entrecano atravesando patios y andenes del Recinto Universitario Rubén Darío, con libros y revistas entre los brazos, para llevar a sus estudiantes la última producción de un novelista, cuentista, poeta, filósofo, crítico, sociólogo. Les facilitaba y muchas veces regalaba, cuando su ojo de experimentado educador veía en los alumnos ganas verdaderas de aprender y crecer.

Tenía su círculo de jóvenes poetas que lo seguían y también le discutían. Porque su método y estilo era cuestionar, debatir, contradecir en sus clases, aún a los grandes nombres literarios, por fervor auténtico, reciedumbre moral, conciencia y herencia. Por pensar y convivir en esta Patria pequeña que Darío soñara grande. Parafraseando la paradigmática expresión de nuestro Poeta Mayor, el maestro Rothschuh afirmaba en uno de sus ensayos: “Un sueño grande para una pequeña geografía. Soñar, andar y desandar lo nuestro”. (Rubén y los modernistas. (1969), en El retorno del cisne, p.39).

De esos años recuerdo algunos buenos consejos, extraídos de una pedagogía práctica y genuina, más de sustancia educativa que de planificaciones técnicas. A sugerencia del profesor Fidel Coloma, director del Departamento de Filosofía y Letras (1973-1977), le consulté acerca de la mejor manera de tratar a estudiantes de Ingeniería, a quienes él impartía clases y sobre los cuales tenía gran ascendiente. Los alumnos en mención gozaban fama de inteligentes a la vez que de revoltosos.

Yo debía por primera vez enseñar Español a tal calidad de estudiantes. “No se preocupe —me dijo— usted va a poder. Los planes y papeles hágalos a un lado de momento. Conózcalos, platique con ellos. Demuéstreles que sabe su materia. Planifique en función del grupo. Sea flexible, pero exíjales mucha y buena lectura. Que lean grandes obras literarias y escriban sobre ellas. Hágalo con amor y rigor. Así se ganará su respeto y simpatía”. Seguí sus consejos. Me llevé bien con ellos, me respetaron y todavía recuerdo los brillantes ensayos que algunos hicieron sobre autores latinoamericanos y nicaragüenses.

El “Maestro de Letras”, —como lo califica Jorge Eduardo Arellano— ha ejercido su vocación magisterial en los tres niveles de la enseñanza: primaria, secundaria y universitaria. En su juventud fue director del Instituto Nacional Josefa Toledo de Aguerri, su paisana ilustre. Fue su discípulo y amigo. Devoto promotor de esta gran dama de la Educación Nacional, ha sido ella su modelo femenino de la excelencia pedagógica y la imagen de la “chontaleñidad” que ha inspirado su “localismo como reducto beligerante”. De ahí que el maestro-poeta decidió volver a su terruño para vivir su propia identidad. Y desde Palo Solo cantar, batallar, contra “rémoras y prejuicios”, y constituirse a la vez en ciudadano de Nicaragua y del mundo a través de la palabra, el pensamiento y la acción cívica.

A propósito de doña Chepita, gracias a la iniciativa del profesor Rothschuh, se concretó el proyecto biográfico dedicado a enaltecer la memoria de la insigne feminista y educadora juigalpina, con el respaldo del Clan Intelectual y el auspicio de la Asociación de Ganaderos de Chontales. Fue un honor y una gran satisfacción para mí el encargo de la biografía conmemorativa, que escribí bajo el título Una chontaleña en la Educación Nacional. Biografía de Josefa Toledo de Aguerri. (Juigalpa, Asogacho, 1988). Agradezco al maestro Rothschuh que me alentó en esta empresa, igual que al profesor Fidel Coloma, con cuya orientación conté siempre. Me apasionó y fue un verdadero reto la investigación y reconstrucción del personaje, por tratarse de la más extraordinaria Maestra, pionera feminista y promotora cultural que ha tenido Nicaragua en toda su historia.

Posteriormente dirigió el Instituto Nacional Central Ramírez Goyena en su época de oro (años cincuenta). Con una sólida formación básica obtenida en la Normal de Varones Franklin Delano Roosevelt, afamada por la alta calidad del profesorado, algunos provenientes de la España republicana y expulsados por Franco, Rothschuh se convirtió en mentor de brillantes generaciones de jóvenes que recibieron su aliento y estímulo. Entre esos jóvenes destacados figuraba Carlos Fonseca Amador.

Co-fundador de importantes instituciones educativas y culturales: Escuela de Ciencias de la Educación de la UNAN, Clan intelectual de Chontales, Colegio Andrés Bello. Catedrático de Literatura nicaragüense, Hispanoamericana y Lenguaje durante dos décadas en la UNAN-Managua (1963-1979), donde alentó vocaciones y realizó brillante labor académica. Asesor del Ministro de Educación, doctor Carlos Tünnermann Bernheim (1979-1984), cargo que lo llevó a viajar por Europa y América en pro de la educación y de la cultura nacionales. Académico de Número de la Academia Nicaragüense de la Lengua. Reconocido promotor y difusor de la obra dariana.

Cuando a mediados de los ochenta decidió retornar a Juigalpa, su ciudad natal, no fue sólo para gozar de la vida familiar y embeberse en su paisaje de llanos y cordilleras, a lo cual tenía todo el derecho. También para —fortalecido en sus afectos, valores locales y costumbres— seguir afirmando el pensamiento y sacar quiebraplatas poéticas a los luceros de sus noches.

Afirma el profesor Fidel Coloma: “Núcleo germinal de su poesía es Chontales. Su naturaleza —los pajonales, los bebederos, los ríos y cañadas, el viento, la luna, el llano— sus aves y animales, sus hombres. Juigalpa es para él suma y resumen de Chontales. “Juigalpa es una vaca echada”, dice en síntesis característica de su obra (La Poesía de Guillermo Rothschuh Tablada. Prólogo a Poemas Chontaleños. Juigalpa, 1960. Edit. Hospicio, León).

La Prensa Literaria

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