Poesía nicaragüense

Hay… ¡ay! Milos J. Gomalle Hay quienes creen que el prójimo es un cerdo hasta que lo enferman sin dar la cara. ¡Ay! de quien siempre se agarra la vara y acaban rascándolo como a un cerdo. Hay los mudos que tienen teléfono y sonrientes aprueban al dictador. ¡Ay! los que por ellos sienten terror […]

Hay… ¡ay!

Milos J. Gomalle

Hay quienes creen que el prójimo es un cerdo

hasta que lo enferman sin dar la cara.

¡Ay! de quien siempre se agarra la vara

y acaban rascándolo como a un cerdo.

Hay los mudos que tienen teléfono

y sonrientes aprueban al dictador.

¡Ay! los que por ellos sienten terror

y callan por no poseer teléfono.

Hay los que viven del fraude y la traición

que por poco nos envían al infierno.

¡Ay! por este mundo sin su liberación.

Y aun por todos los hombres de la Tierra

no he sentido calor en el invierno

por la Paz que distorsiona la Guerra.

La Sapa presumida

Muy enamorada la Sapa esperaba a su Sapo en un charco de agua, cuando en eso se le acercó un Coral Rojo y Negro sonriendo o eso fue lo que creyó la Sapa.

—Yo sólo acepto sonrisas de mi sapo —dijo la Sapa para que le oyeran posibles Sapos que habían a su alrededor y agregó: — pues si bien es cierto que todos somos iguales, perdón animales… también es cierto que las culebras no me gustan.

—Babosa —reaccionó el Coral— yo no vengo a enamorarte, sino que a devorarte; y sólo se miraban las patitas estremecidas de la Sapa por el veneno del Coral que se la tragó de un solo tapazo.

La Prensa Literaria

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