Dibujo de Marc Chagall LA PRENSA/U.MOLINA

Oración

Líbrame Señor de la indiferencia, de perder la capacidad de asombro ante lo grandioso y bello, lo extravagante y profundo. Líbrame Señor de la incapacidad de sorprenderme; dame lágrimas cuando tenga que llorar y risa cuando tenga que reír. Ayúdame a despreciar lo inútil, superfluo y falso, a sacudir las apariencias e identificar sus gestos. […]

Líbrame Señor de la indiferencia,

de perder la capacidad de asombro

ante lo grandioso y bello,

lo extravagante y profundo.

Líbrame Señor de la incapacidad

de sorprenderme;

dame lágrimas cuando tenga que llorar

y risa cuando tenga que reír.

Ayúdame a despreciar lo inútil,

superfluo y falso,

a sacudir las apariencias

e identificar sus gestos.

Líbrame Señor del silencio

cuando la voz necesite hablar,

que no se me ahogue el grito,

que salga despavorido,

que se fugue sin límites,

cuando tenga que salir.

Dame angustia ante la tragedia,

ayúdame a gozar con la felicidad.

Haz que viva la vida

en todas sus tonalidades,

sintiendo intensamente

cuanto hay que sentir

en el momento propicio:

resplandor con la luz,

sombras en la oscuridad.

Haz que me conmueva

en distinta semblanza

ante el dolor ajeno,

la mirada franca,

la sonrisa dulce,

la presencia acogedora,

la sonora voz del que se despoja

y se sumerge íntegro

en el desprendimiento.

Cuando me cobije

con su terrible manto

la fúnebre indiferencia,

nada me inmute,

ni el frío ni el calor,

ni la aridez de la tierra o el alma,

ni el frondoso regocijo de lo natural,

entonces dame algo más,

lo último, te lo pido:

que tu reloj me dé

sin contemplaciones,

en la brevedad,

la precisa Hora

que en su campanada

apague la luz.

La Prensa Literaria

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