No subirá más el silencio a la sombra,
ni ha de arder aquí la raíz del olvido.
El pasado es una espada que agoniza;
su nombre vive de las ruinas y escombros.
Pero los amantes en su alegría avanzan
junto a la edad de una herida
que no duerme,
ni en las arenas tristes que florecen
en la memoria,
ni la desnuda soledad de los abismos.
Porque cada grito, cualquier dolor, un sueño
lo oye al más simple de los mortales
en las fértiles llanuras,
en los desiertos secos.
Sin embargo,
tierna es la noche. Lo oscuro de la pobreza.
Las piedras no tienen agua, se las llevó
el verano y desde entonces no lloran.
Las estrellas nacen, crecen y mueren.
Se parecen a los humanos.