Obra de Mauricio Mejía. LA PRENSA/ CORTESÍA

La calle de Candelaria

Cinco grandes iconos iniciaban aquella calle famosa, el Parque Central, el Palacio Nacional y la Catedral de la entonces nueva Managua, al Centro la Plaza de la República y frente a ella, el Antiguo Club Social de Managua. La calle partía hacia el oriente con el Teatro Salazar —después llamado Alcázar—, pero frente a Catedral […]

Cinco grandes iconos iniciaban aquella calle famosa, el Parque Central, el Palacio Nacional y la Catedral de la entonces nueva Managua, al Centro la Plaza de la República y frente a ella, el Antiguo Club Social de Managua. La calle partía hacia el oriente con el Teatro Salazar —después llamado Alcázar—, pero frente a Catedral vivía la mamá de Julio Martínez, señora que inició su capital con alquiler de coches de caballos, quien conocía de lejos a coches y cocheros, más de cerca, cobraba el arriendo a la antigua, anotando en un cuaderno guardado en un bolso de su delantal y en el otro bolsillo cuidaba celosamente los ingresos. Hacia la esquina arriba estaba el doctor Lacayo, radiólogo, padre de Enrique también médico, después vino El Eskimo.

Entre esa cuadra y la otra vivían chicas preciosas, Ileana Lacayo, las Benard, la hermosa Magda Rause, Norma Cabrera, las Chamorro de doña Lola Coronel y así corría la calle hasta el Parque de Candelaria pasando por la Manina Belli, Coco Renner, Nidia Gurdián y Rosita Argentina Lacayo quien fuera Miss Nicaragua. En el barrio abundaba la belleza, Vilma Pastora, Thelmita Torres, Eira Vega, Miriam Roiz, Lilly Quintana, Nidia Morales que fue actriz en México y su hija Novia del Club 20-30. Esperanza Alvarado, Francis Herdocia y más tarde, Alicia Martínez que cercana a sus quince años se trasladó a Sajonia.

El Barrio de Candelaria era muy alegre, sobre la Momotombo vivía la Carmencita Flores, las Guandique y sus primas, las Otero, las Barquero, los Gutiérrez, el doctor Artiles, el doctor Gregorio Morales, los Largaespada, los Gabuardi, los Vargas y más al occidente los Hurtado, los Robelo, don Tino Lacayo Fiallos y sus hijos, los Elizondo siempre en pijama, don Fernando Solórzano y doña Chila, las niñas Uriarte, la oficina de los Aguerri, por ahí se hospedaba la Berthita Zambrana y al sur del Gimnasio Nacional vivían los Tefel, donde desde las ventanas de sus dormitorios podíamos ver las peleas de boxeo de Francois González y Tuzo Portugués.

La Calle de la Momotombo marcaba el límite con el Barrio de Santo Domingo, sobre esa calle estuvo la pensión Monimbó —hotel de paso— donde pasó unos pocos días el famoso Ché Guevara en su tránsito por Managua y según algunas versiones padeció uno de sus fuertes ataques de asma. La pensión era pulpería también y pertenecía a la familia Eugarrios. Los vecinos comentaban que la tarifa tenía tres precios diferentes. Un córdoba si el piche dormía en tijera de mecate, dos pesos si la tijera era de lona y tres si escogía un catre. Cosas del viejo Managua…

Otros vecinos conocidos eran los Uriarte —familia grande— dueños de toda la calle frente al parque. Los Sarria y sus hermanas. En el tope de la lotería los Escoto, los Bengoechea, los Ramírez; Juancito Barbieri que enseñó a bailar a casi todo el barrio, Pedro Escobar, igualito a su mamá, y su hermano menor idéntico al papá. Dos industriales conocidos eran vecinos, los dueños del Café El Caracol de apellido Ocampo y don Juan Rueda fabricante de alcohol, quien se iniciara con el general Carlos Pasos. Reinaldo Hernández dejaba la esquina de Los Coyotes para iniciar su ferretería en esa misma calle. Orlando Murillo, Samuel Santos, ex Alcalde y actual Canciller, así como el menor de los Rueda hoy pediatra y el menor de doña Esther Conrado médico exitoso en los Estados Unidos.

Eran los chigüines del barrio.

Vecinos también, los Estrada, hijos de don Alfonso —ex ministro de guerra de Emiliano Chamorro—, la viuda del sabio Miguel Ramírez Goyena, su nieto —cara de bamba— William Jacoby, las Solórzano, los Álvarez, los Pastora y su piano. Julián Gutiérrez, famoso por construir cuarterías, tenía la habilidad de construir una barraca o una casa según el bolsillo del necesitado, sólo preguntaba… cuánto poder pagar y zaz iniciaba la construcción, desde luego que cayendo el muerto, soltaba el llanto.

El doctor Mendoza muy acertado, sobrio, de carácter violento con sus nepentes entre pecho y espalda. Alma Delgado, los Gámez, los Castrillo. Chicho Torrentes —primer capitán cadete de la Academia Milita—, Chico Frixione, don Fidel Saballos y su famosa Escuela de Comercio; doña Lidia y sus refrescos, los Tigerino y los Cárdenas. Miriam Lacayo y su familia rivense emparentados con el indio armonioso, todos eran parte del barrio.

En la Calle de Candelaria vivieron los Jirón, reconocidos médicos; panza de leche, Ricardo Castillo; los Montalván, fabricantes de fajas y portafolios; la Lolita Lacayo, fallecida muy joven; los Martínez de doña Merceditas, centenaria y apreciada maestra de muchas generaciones. Los Molina del viejo Managua y los Morales Carazo, descendientes de don Evaristo e hijos de Carlos Morales de amplia trayectoria liberal y factotum en las administraciones de Moncada y Somoza García.

La Biblioteca Americana prestó sus servicios en Candelaria, donde también vivió y tuvo sus negocios don José Argüello Cervantes, la Pepsi tuvo su primer asiento casi enfrente y Benji Gallo fue su primer gerente de ventas; los Peters, los Ocampo de don Serapio, el coronel Gustavo Aguilar Cortés y su señora doña Leonorcita, tíos, como padres de los Ayón, los Arriola y no se diga la Casa de don Juan de Dios Pastora que sirvió después del terremoto del 31 como banco para los empleados públicos.

Una leyenda con visos de verdad asocia al señor Pastora con Rubén Darío, se vieron muy de cerca y se parecieron mucho físicamente, basta ver a sus descendientes para asociarlos con el rostro del gran vate nicaragüense, al igual pasa con la familia Terán Gurdián. Realidad, casualidad, mito… ¡sólo Dios sabe!

La Prensa Literaria

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