Arte o disparate de Mauricio Mejía

Dar de comer a los buitres, sacarse sangre, es una manifestación artística. Mauricio Mejía ha puesto en el tapete esta pregunta, ¿performance o escándalo? Las nuevas concepciones del arte moderno son expuestas por este arquitecto que tiene como vocación cuestionar y romper esquema, en una serie de exposiciones que tienen su fin cuestionador “El arte […]

  • Dar de comer a los buitres, sacarse sangre, es una manifestación artística. Mauricio Mejía ha puesto en el tapete esta pregunta, ¿performance o escándalo? Las nuevas concepciones del arte moderno son expuestas por este arquitecto que tiene como vocación cuestionar y romper esquema, en una serie de exposiciones que tienen su fin cuestionador

“El arte yo digo que es infinito como el cerebro humano”, plantea el artista y arquitecto Mauricio Mejía, al cuestionar los cánones de la historia de las artes, la academia tradicional, el arte en el urbanismo y la sociedad de consumo.

Reitera y avizora, el arte no puede estar encasillado en un formato, sea éste tradicional, posmoderno o conceptual.

Es sobre estos planteamientos teóricos que su arte de claras manifestaciones eclécticas ha venido buscando su propio cauce; así este controversial artista ha decidido bautizarlo como un arte de acción.

Performance, pintura, dibujos, grabados e instalaciones que denotan su marca sensacional, de ironía y crítica a la sociedad, arte y urbanismo.

Por ejemplo nos explica una de sus acciones controversiales —para algunos, vista como “payasadas”— fue darle de comer carne a los zopilotes sobre una mesa, ubicada en el basurero municipal de La Chureca; este performance lo tituló Desayuno navideño para los buitres nacionales, el nombre lo dice todo.

El espectador de galería fue sustituido por la gente del basurero, y los niños que participaron del acto al lanzarles la carne a las aves rapaces fueron parte espontánea de la obra. “Éste es un formato inesperado y no tradicional, que se disparan de lo convencional o conocido”, argumenta seriamente.

Sobre este mismo entorno de contaminación y deshumanización, años después decidió crear su obra de corte sacro e irónico, que llamó Nuestra Señora de La Chureca, la que fue presentada en la V Bienal de Artes Visuales, y exhibida en el Salón de los Cristales del Teatro Nacional Rubén Darío.

Durante la bienal pasada, su propuesta fue rechazada. Esto lo llevó a sacar su obra y como el mismo dice “la exilio en la galería Praxis”, para sorpresa le surgieron nuevas ideas, agregando a esta propuesta su documento Manifiesto urbano, que viene a ser como el racional de la obra, la que era un marco con una placa metálica con alimento enlatado e imanes, dando una idea de consumismo; la otra era una oda a la miseria, representada con un mapa de Managua en descomposición, rota y sin dinero para repararla. Después le pegó fuego para “purificar” la obra, dando una idea de antiartista.

Otras de sus expresiones de impacto fue concebir la idea de sacarse sangre para luego ir a tirársela al monumento del periodista. Acto de mucho simbolismo solidario y en protesta por el asesinato de la periodista María José Bravo y en homenaje al Mártir de las Libertades Públicas, Pedro Joaquín Chamorro.

Arte mural con papel

Desde que Mejía realizaba estudios de arquitectura en la Universidad de Chile, en los años setenta, el papel era ocupado para su carrera y para realizar sus dibujos.

Esta necesidad de incursionar en las artes lo llevó a recibir clases con el maestro César Caracas, el arquitecto Frutos Paniagua, el pintor de lo matérico Alejandro Aróstegui, y con Leonel Cerrato en el taller de gráfica Nicaragua Libre.

Estos conocimientos de arquitectura, pintura, dibujo y gráfica, en el transcurso de estas tres décadas lo ha llevado a expresar a su manera su propio universo, enmarcado, tanto en el oficio como en los retos de lo artístico, los que ve como su “laboratorio de experimentaciones”, pasando del pequeño formato al mural, y del tema monotemático a más complejo e inverosímil.

Expone por primera vez en Suiza, abordando temas sociales del contexto revolucionario pero desde un enfoque figurativo, ingenuo y surrealista. Regresa y exhibe en Puerto Cabezas, sus grabados alusivos a las etnias misquitas y para lograr las primeras pruebas las logra con una cuchara y un rodillito. El trabajar con mínimos recursos ha sido su estilo, y como una forma de contrarrestar la ola del consumismo comercial, y así poder donar las obras que produce.

Así sus manifestaciones adquieren más madurez y proyección, cuando propone una nueva lectura para el arte público monumental al llevarlo al papel. Por ejemplo exhibió su proyecto Intervenciones, éste fue armado con dos “obras murales collage”, mixto en papel, plástico, óleo y otros materiales, los que fueron instalados en dos salas del Centro Cultural Managua, en total desorden-ordenado, ocupando las paredes, y parte del techo y piso. Al final se clausuró regalando las obras. Esto fue bien emotivo y conceptual, quedando claro que ésta es otra manera de exhibir, ver y consumir arte público.

Y la más reciente acción de arte sobre papel fue la realizada durante la presentación de los libros de poemas La casa de fuego de Marta Leonor González y Los días heridos de Leticia Luna. Mientras ellas leían sus poemas, él tomaba frases y las distorsionaba, creando sus propias imágenes a partir de la palabra, logrando unos 20 metros de papel enrollado, los que luego se expusieron al público. “Esto no fue un show, un teatro, sino un dispararte, algo nuevo”, nos comenta el artista.

Asimismo ha logrado dibujar sobre un papel enrollado de un kilómetro de largo, logrando dimensiones monumentales lineales, para luego exponerlo y regalarlo en trocitos. “Suena como raro, porque es fuera de lo convencional; porque estas obras de arte rompen los esquemas tradicionales, y lo establecido”, sostiene.

La Prensa Literaria

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