ENVIADO ESPECIAL/ JAPÓN [email protected]
El lente de la simpatía puede agrandar las virtudes y ocultar los defectos. Y si a eso se suma la escasez de figuras y la necesidad de referentes sobre los cuales la sociedad puede apostar para reorientar su rumbo, se corre el peligro de sobrevalorar cada proyecto.
A eso ha estado expuesto Román “Chocolatito” González, brillante pugilista capitalino que tratará de insertarse en la historia el lunes (4:00 a.m.), cuando dispute el título mundial de las 105 libras de la AMB, en poder del japonés Yutaka Niida.
Para muchos, González es el mejor prospecto surgido en el boxeo nacional desde que Rosendo Álvarez comenzó a mandar en las 105 libras de la AMB. Y el paso de Álvarez fue tan bueno, que llegó a levantar sospechas sobre el dominio de Ricardo López, el formidable peleador de México, que tenía una hegemonía.
A González lo han elogiado dentro y fuera del país. Periodistas y gente de boxeo. Alexis Argüello, que no acostumbra regalar elogios, se entusiasma al hablar de Román. Y cuando los ejecutivos de la AMB lo vieron pulverizando a José Luis Varela y Eriberto Gejón, lo pusieron rapidito en la cúspide del ranking.
Entonces, aquí hay dos cosas: o el “Chocolatito” es realmente bueno, o hay demasiada gente que no sabe de boxeo y lo ha elevado. Yo estoy entre los que creen que es bueno. Que tiene un talento especial. Y no creo que su calidad esté en dependencia del resultado de su pelea del sábado.
Ah, claro, ojalá gane, pero si pierde —porque nadie puede garantizar nada— no creo que su carrera se afecte. Es decir, no creo que sea un fracaso. El gato que no atrapa un ratón no se siente fracasado. Sencillamente va en busca de otro. Así pasa en el boxeo, pasa en la vida. Si no, pregúntele a Argüello, quien no pudo con Marcel, pero después arañó el cielo.