Los genes dictan estaturas,
ciñen sortijas en el pelo, pecas,
sueños profundos o páramos de insomnio.
Arrancan confesiones inaudibles,
guiños de ira, tartamudeos.
Marcan el día en la agenda del suicida.
Como lágrimas de mercurio se afianzan, se separan,
o en vértigo se deslizan en cuerpos y mentes.
Llegan a dictar ideologías,
forman ejércitos de exterminio,
legiones de redentores,
guías celestiales alquilados a Dios.
Del único poder que no disponen los genes,
lo saben estudiosos,
es el del amor.
La elección amorosa no entra en sus heredades:
es la tea imprevisible en toda cosmogonía.
ELVA MACÍAS (México, 1944). Estudió y trabajó en la República Popular China y en la antigua Unión Soviética. Recibió el Premio Chiapas de Literatura Rosario Castellanos en 1992 y el Premio Nacional de Poesía Carlos Pellicer para Obra Publicada 1994. Participó en el cuarto Festival Internacional de Poesía de Granada.