David Ocón
¿Mujeres al borde de un ataque de nervios?, no, ajenas al filme de Almodóvar, instaladas en estados de tristeza, angustia, depresión, sus rostros ante el observador reflejan en tonalidades verdosas, violetas, ocres, agonía de género o simplemente condición humana.
Gratificante es que Carlos Carvalho, nuestro artista brasileño, no expone condicionado por el estereotipo mundial de país del carnaval y la alegría, ese cliché que cada año mueve a millones. Aquí vemos un conjunto desgarrado, unido por una pena secreta compartida, las causas no interesan, pueden ser múltiples porque importa en esta representación la voluntad de mostrar situaciones opuestas al acoso publicitario de la comunicación de masas, obcecada por el objetivo del consumo apoyado en carnadas placenteras.
Procediendo de gamas cálidas y oscuras impregnadas en retazos de carpas de camión, extrae del soporte deteriorado por el uso y la intemperie los rostros como metáforas que surgen de la penumbra tal apariciones veladas inquietantes, presentes a través del pigmento muy diluido y suave, reposado con el cuido con que se aborda el dolor, donde sólo resalta el collage de tiras a modo de cicatrices o delineando contornos, costuras de hilos gruesos uniendo heridas y velos delicados extendidos cual tramas de luz.
Al lado del silencio, fuera del grito estentóreo tremendo, las imágenes condensan más sonidos, algo de la música del vals triste de Sibelius, danza de semblantes femeninos apropiados por el autor y hermanados con los temas de: Münch, Shegel, Lucien Freud, rostros que desde sus retazos o fragmentos se dejan ver y sentir.
Se oye una canción lejana: Azul, la mañana es azul, señal de que un día vendrás , llora Orfeo Negro en la mañana de carnaval.
Dramáticas e intensas se muestran las pinturas de Carlos Carvalho, en Galería Códice el próximo miércoles 3 de septiembre a las 7:00 p.m.