Guus Hiddink, técnico de Rusia. (LA PRENSA/AFP)

La “magia” de Rusia

Enviada especial/ Suiza Con la bendición real de los príncipes de Holanda, ayer dio inició el juego a los 90 minutos de la mejor exposición de futbol en la Eurocopa. Holanda ante Rusia, en la batalla épica del torneo. Era también el duelo del alumno y el maestro. Van Basten, el novato, ante su antiguo […]

Enviada especial/ Suiza

Con la bendición real de los príncipes de Holanda, ayer dio inició el juego a los 90 minutos de la mejor exposición de futbol en la Eurocopa.

Holanda ante Rusia, en la batalla épica del torneo. Era también el duelo del alumno y el maestro. Van Basten, el novato, ante su antiguo estratega, el “Mago” Hiddink.

La barra rusa era minoría, pero se hacía escuchar tan retumbante como los bullicios escandalosos de los naranjas.

Un puñado en especial, que se ubicó en la esquina derecha del estadio de Basilea no paraba de decir “Mi querida Rusia, podemos lograrlo”, que se repetía constantemente y a la vez no tuvieron problema en quitarse sus camisas y quedarse en shorts por el sofocante calor de casi 30 grados que se sentía en la ciudad.

El friccionado juego y sorpresivos arribos de la escuadra rusa aumentó la temperatura. Kolodin y Zhirkov desequilibraban a los holandeses, pero allí estaba Van der Saar, el último hombre que protegía la escuadra naranja.

Un centro inesperado, con mucha rapidez doblegó a los holandeses, Semek se movilizaba por la banda izquierda, encontró a Pavlychenko y éste definió con exactitud. Hiddink celebraba, Van Basten prefirió dar la vuelta y sentarse en el banquillo.

Las banderas rusas se agitaban con locura, las voces de celebración no pararon y una voz que hizo eco en el estadio dijo “Magia, magia, hay magia en Rusia”, se exclamó en todo el estadio.

Desde el palco, Carlo Ancelotti, técnico del Milán, estaba fascinado, mientras los príncipes de Holanda, con miradas de lamento, tragaban amargamente la estocada rusa.

Tras la primera anotación, Rusia era control total, pero Van der Saar estaba atento y evitó toda posible anotación del adversario.

Sneijder, a quien no le salía ni un solo tiro, fue el coautor que le devolvió la vida a Holanda. El mediocampista del Real Madrid halló a Van Nistelrooy y el atacante holandés igualó el marcador.

Un estruendo se escuchó desde el cielo. El príncipe no soporto la emoción, dejó a un lado las costumbres burocráticas y saltó de la alegría gritando junto a su esposa el gol que aún mantenía con vida a la “Oranje Machine”.

Los 90 minutos no fueron suficientes para definir el boleto. Llegó el tiempo extra. Dmtri Torbinski marcó el segundo tantro y Andrei Arshavin acabó con la vida de Holanda, humilló a Van der Saar, colando el balón entre sus piernas.

Aquella barra alegre holandesa quedó silenciosa, mientras ese pequeño grupo de rusos quedaron sin voz por gritar “Rusia está en la semifinal”.

A la máquina holandesa se le olvidó fabricar los goles, se mostraron faltos en condición física, fueron bombardeados por una máquina más poderosa. Hiddink “El Mago”, fue artífice de convertir a Rusia en una poderosa arma mortal y que no tuvo piedad en aniquilar a sus compatriotas del torneo más importante de Europa.

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