- Su piel perdió el color amarillento y su abdomen se desinflamó
Hace dos meses estuvo al borde de la muerte en Cuidados Intensivos y en medio de su agonía ocurrió el milagro: apareció el hígado que necesitaba para vivir.
Entonces Marlon Pastora Paiz, un niño de sólo ocho meses de edad, fue llevado de emergencia al quirófano para el trasplante del órgano, y 60 días después muestra una recuperación que, a criterio de sus padres, es asombrosa.
El hígado que ahora le permite vivir a este niño nicaragüense, perteneció a un adolescente de 15 años, era un órgano sano y le fue donado.
Marlon luce ahora saludable, de su piel desapareció el color amarillento. Sus mejillas y labios adquirieron un tono rosado, y la enorme hinchazón de su abdomen también ha desaparecido casi por completo.
Su mamá Magaly Paiz afirma que tras la cirugía de trasplante de hígado el niño ha ganado cinco libras de peso.
Los padres de Marlon decidieron salir de Nicaragua hacia Estados Unidos en busca de ayuda, porque en su país de origen el pronóstico de vida para el menor era de cero.
El infante padecía atresia biliar, una grave condición hepática con la que nació y le impedía al cuerpo eliminar la bilis, una sustancia que actúa como veneno y ocasiona cirrosis.
OCHO MESES DE SUFRIMIENTO
Marlon tiene ahora diez meses de edad y empieza a disfrutar su infancia. Durante ocho meses vivió en posición horizontal, entre los brazos de sus padres y una cama, acostado boca arriba, con el abdomen tan inflamado que no le permitía movilizarse como un niño de su edad.
“Hoy ya se da vuelta en la cama, todavía no gatea, pero ya puede permanecer en el andarivel”.
VISA POR CONCLUIR
La etapa más difícil fue superada: conseguir el trasplante sin tener los recursos para costearlo. Magaly Paiz está feliz por la recuperación de su hijo. No piensa tanto en las limitaciones económicas que están enfrentando, debido a que ella y su esposo no tienen trabajo, ya que están sobreviviendo con la ayuda de la familia y de algunos ahorros producto de la venta de todos los bienes que poseían en Nicaragua.
El más afectado por la crisis económica es su esposo Marlon. “Él está acostumbrado a trabajar, yo me distraigo porque estoy al cuidado del niño, nos preocupa que sólo estamos sacando los ahorros y no le metemos nada. Pronto se van a agotar”.
Para trabajar en Estados Unidos el matrimonio necesita una autorización laboral. Marlon Pastora tiene experiencia en ventas, pero ahora ninguna empresa quiere arriesgarse a contratar personal sin permiso de trabajo, debido a las regulaciones y las severas sanciones que impone el Gobierno, que inician con una multa de diez mil dólares.
La familia Pastora permanece en Estados Unidos con visa de turista, que vence el próximo 18 de julio. “Estamos solicitando una extensión de visa, ya tenemos la carta del Hospital Holtz Children, la que justifica la necesidad de permanecer aquí por el tratamiento del niño. Posteriormente podríamos solicitar la residencia”, dijo Magaly.
El pequeño Marlon requerirá de tratamiento de por vida, a fin de garantizar que su cuerpo no rechace el órgano trasplantado. En el futuro sus padres podrían solicitar una visa humanitaria en Estados Unidos para residir aquí legalmente.
Magaly, abogada de profesión, sabe que todavía les queda una larga y difícil batalla, que consiste en mantener estable la salud de Marlon, obtener un estatus legal en Estados Unidos y conseguir trabajo; enrumbar sus vidas en un país extranjero.
Ella relata que su amor de madre le da fortaleza y está dispuesta a cualquier sacrificio, incluso el de abandonar su carrera, lo que podría ser definitivo.
Para Magaly, las limitaciones que enfrentan hoy valen la pena, porque se trata de preservar la vida de su pequeño hijo que ahora sonríe con frecuencia, mostrando dos dientes en la encía baja, mientras sus hermosos ojos se pierden entre grandes y rosados cachetes.