Una brisa helada volvió a mojar el césped del Estadio Jakob Park de Basilea, donde Suiza movilizó por última vez el balón, conquistando su única victoria, inédita, sobre Portugal.
Los lusos salieron con lo esperado, era el momento que la banca demostrara su talento. Cristiano Ronaldo se sentía extraño en la silla.
La barra suiza parecía irse sobre el árbitro Ivan Bebek, cada vez que pitaba en contra de sus jugadores. Cuando los ánimos estaban calmados una ola roja con franjas blancas se levantaba sobre sus asientos para incentivar a los seleccionados y que marcaran el gol que les diera sus primeros puntos.
Desesperado. Así se mostraba el técnico Jakob Kunh, quien veía cómo su tropa dominaba el juego, pero al igual que los anteriores partidos, no concretaba las jugadas
Por otro lado estaba Felipe Scolari, tranquilo, algo sereno, pero avispado, dirigiendo a su plantel para que no tuvieran ninguna sorpresa.
Quaresma y Nani desequilibraban a los suizos, pero Zuberbühler estaba allí para detener la jugada. Cada parada que hacía el arquero era aplaudida por la fanaticada y muy lejos se escucharon los silbidos de los portugueses.
En la segunda mitad, la tropa suiza salió inspirada. “Arriba Suiza, arriba Suiza” se escuchó en toda Basilea y pareció haberle agregado una dosis de motivación para penetrar el marco de Ricardo.
“Con el olé, olé, olé , olé” apareció Hakan Yakin. Recibió el pase y sin dudar penetró el marco de Ricardo, desprotegido por su defensa.
Los gritos de los suizos fueron ensordecedores. Las más de 30 mil gargantas en el colosal estadio hicieron temblar sus pilares. Era indescriptible la emoción, saltos, llantos, sonrisas una mezcla de sentimientos que atrapó a la afición.
Las bufandas de Switzerland fueron alzadas una vez más y Yakin fue el responsable de la locura y explosión total de los fanáticos suizos.