Ven espíritu divino

Sacerdote católico A pocos días del acontecimiento de Pentecostés, demos gracias a Dios por estas semanas de pascua. Primera semana: Los testigos del Resucitado. Segunda semana: Nacer de nuevo. Tercera semana: El pan vivo. Cuarta semana: Cristo Luz del mundo. Quinta semana: Permanecer en el amor. Sexta semana: La obra del Espíritu. Séptima semana: La […]

Sacerdote católico

A pocos días del acontecimiento de Pentecostés, demos gracias a Dios por estas semanas de pascua.

Primera semana: Los testigos del Resucitado.

Segunda semana: Nacer de nuevo.

Tercera semana: El pan vivo.

Cuarta semana: Cristo Luz del mundo.

Quinta semana: Permanecer en el amor.

Sexta semana: La obra del Espíritu.

Séptima semana: La gloria de Jesús.

Primera semana: Los testigos del Resucitado son los discípulos de todos los tiempos que, en medio de las pruebas, saben que Jesús Resucitado les regala la fortaleza para testimoniarle.

Segunda semana: Nacer de nuevo. Con la experiencia de la pascua hay un renacimiento espiritual en el corazón de quienes han tenido un encuentro personal con Cristo.

Tercera semana: El pan vivo es su presencia amorosa en la Eucaristía que nos nutre y vigoriza para pregonar la autenticidad del Evangelio.

Cuarta semana: Cristo luz del mundo. El corazón de Cristo es la puerta segura donde nos hallamos a salvo de los falsos pastores disfrazados con piel de ovejas.

Quinta semana: Permanecer en el amor. La confianza, fortaleza y constancia, son condiciones para hallar el camino, la verdad y la vida en quien nos muestra el rostro amoroso de Dios Padre.

Sexta semana: La obra del Espíritu. Jesús provee confianza a sus discípulos cuando se aproxima el tiempo de su partida hacia el Padre. Da su palabra que enviará al consolador y solamente podrán recibirle quienes estén abiertos a su acción.

Séptima semana: La gloria de Jesús. En el evangelio de hoy (Juan 17, 1-11a). Jesús elevando sus ojos al cielo pide a su Padre que llegue la hora en que lo glorifique para que pueda mostrarse al mundo como el rostro humano de Dios. El amor sin límites de Jesús, que dona su vida por toda la humanidad, hace brillar con esplendor la gloria del Padre.

El Señor exclama: “Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo”. La vida definitiva que nos ha proporcionado Jesús, es el manifestarnos el semblante bello de Dios. Ya no somos siervos ni solamente amigos, sino que le podemos llamar ABBA, que significa papá. Es una relación nueva, de intimidad, de afecto y amor filial. Una experiencia de Dios es la que cambia enteramente la vida de la persona y la habilita para la liberación y la salvación en Cristo. Esto es el garante para una relación nueva con Dios, con el prójimo, con la naturaleza, bajo la óptica del amor de Jesús. Un amor que no es palabra ociosa o publicación embustera, sino un amor que nos da acceso para romper las ataduras de idolatría al poder, la ruindad y el deleite aprovechado y egoísta.

Conocer al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo es impregnarse de los sentimientos del Maestro, combatiendo todo aquello que suplante el lugar que le corresponde solamente a Dios. No hay espacio para nada ni para nadie más. Aunque se quieran erguir soberbios, como faraones que exigen culto a su persona, aquéllos que, estúpidamente, en la historia osan invadir el lugar que le incumbe al Dios vivo, se estrellarán inevitablemente con la barrera de su alucinación.

Ya estamos en la novena de Pentecostés. Como nos dijo el Señor el día de su ascensión, debemos permanecer unidos y en alabanza, para que su Espíritu Divino venga sobre todos nosotros y renueve la faz de la tierra.

Unidos a María, la Madre de Jesús y los discípulos de todos los tiempos oremos. Espíritu Santo ven.

Religión y Fe

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