(DOMINGO/LA PRENSA/ARCHIVO)

Pueblo de chocolate

Periodista Nandaime no sólo es el pueblo donde según los expertos un día se hizo el chocolate más rico y mejor pagado del mundo, como ocurrió en el Valle Menier, donde un francés sembraba cacao que luego convertía en dulce en el lejano París entre 1867 y 1920. En en medio de los parajes nandaimeños, […]

Periodista

Nandaime no sólo es el pueblo donde según los expertos un día se hizo el chocolate más rico y mejor pagado del mundo, como ocurrió en el Valle Menier, donde un francés sembraba cacao que luego convertía en dulce en el lejano París entre 1867 y 1920.

En en medio de los parajes nandaimeños, nació el general José Dolores Estrada, famoso por derrotar a los filibusteros. Esa es la tierra de “Caso Perdido”, el abogado que nunca gana una y que lleva su vida tranquila en los tribunales a la espera de conseguir otro cliente al que pronto le llegará su mala fama.

Allí se crió un viejo matrero, flaco, desgarbado como Don Quijote; tan canoso que parece que se le quedó la espuma del jabón en la cabeza después del baño. Ese flaco se robó una cabra hace ya muchos años. Por ese cuento, tan viejo como él, se hizo famoso con ese glamour de los pueblos, inexplicable si no fuese por la cultura popular.

Delgado cuál más, un día andaba caminando por el pueblo a medianoche y se encontró con un corral. En el corral había una cabra.

–¿Ajá, y qué hacés con la cabra? –lo cuestionó el dueño cuando lo agarró cargándola en el cuello, casi a una cuadra de distancia..

–Le voy a dar a agua. Tiene sed –contestó.

Desde entonces el viejo matrero, libre de la cárcel poco tiempo después, le da agua a la cabra. Está en la memoria popular cada vez que los vecinos se lo recuerdan. Así que le da agua en la esquina del parque. Se la da también en la venta, donde atiende doña María Elena Cabistán. Y en la esquina donde vive doña Tula por donde hace minutos pasó Toto, el hombre que no habla desde que “se volvió loco” según los vecinos. Visitar a la familia puede ser una excusa perfecta para conocer al pueblo desde sus personajes.

Nandaime no sólo es el pueblo donde se hizo el chocolate más rico del mundo. Aquí en este verano de infierno, el calor obliga a recordar que apenas unos kilómetros adentro se puede disfrutar de los ríos. Más cuando se tiene a la familia como compañía.

En mi lista este verano están el tío Félix, narizón, casi calvo, barrigón y el terror de las mujeres… “casadas”, bromea un amigo. “Todas las mañas tuyas, me las echás a mí”, se defiende. Risotadas.

También está papa Pancho, nariz grande, bravo a la cacería y arrecho a contar historias. Igual el primo Ronald, Manny Pacquiao para todos por el parecido con el boxeador filipino. Oscar Torres, gordísimo, y metido en su mundo de computadoras al que se debe aconsejar con una frase algo así: “Primo hay que cultivar el CPU”, queriéndole decir que es bueno que lea para alimentar el cerebro.

Y está ese río junto a la Casa Hacienda donde mi abuelo, el viejo Eduardo Cabistán, fue mandador. Mi abuelo era un negro con cabello blanco y ojos grises que murió en 1990. De niño me paseó a caballo. A mí siempre me recuerda el verso aquel de Nicolás Guillén de “sombras que sólo yo veo, me escoltan mis dos abuelos”, porque además de mi querido abuelo negro, también tuve mi abuelo blanco, don Abelardo Enríquez.

Junto a ese río a uno se le viene a la cabeza las películas de Almódovar. La culpa la tiene la naturaleza que pinta escenografías exquisitas sin que haya un brillante productor de cine detrás. Ese río, que antes fue grandísimo y ahora es ralo, reside bajo un puente. Es su residencia en esta tierra donde la gente vivía de los cañales que eran propiedad de una familia pudiente de Granada.

Bajo el puente de piedra hay una presa, el agua pega en la espalda. Alguien debe haber inventado la frescura en este lugar. Félix Cabistán saca cangrejos sin usar ningún artilugio. Pesca guapotes que cocinarán una hora después. Nandaime no sólo es el pueblo donde se hizo el chocolate más rico del mundo, aquí el chocolate se aprecia en todo. Desde el color de piel, color cacao de sus habitantes, hasta el sabor que provocan las historias de Toto, Caso Perdido, o el benefactor de las cabras. ¡Imposible que se muera una cabra de sed con este hombre caminando por estas calles!

Nandaime, 28 de abril de 2008

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