- Si no es en la casa, es en el trabajo. Si no es con la computadora, es con el celular. Gran cantidad de personas no pueden vivir sin chatear
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Son las 3:00 a.m. Cuando todos duermen en casa, Leyla Moncada aún sigue despierta y “conectada” en el chat conversando con su novio que está en Costa Rica. Moncada, duerme de día y chatea tarde y noche.
Hace cuatro meses, en un día normal de trabajo, Milton Martínez se “conectaba” al chat desde que iniciaba su jornada de trabajo hasta la hora de salida. Sólo cambiaba su estado de conectado a ausente por pequeños momentos cuando se le hacía imposible contestarle a sus contactos si estaba presente su jefe o tenía demasiado trabajo.
Y es que el chat se ha convertido en parte esencial de las relaciones interpersonales de muchos que tienen el acceso a esta herramienta tecnológica. Según la página del idioma español elcastellano.org, el chat nació en la Universidad de Oulu, Finlandia, cuando Jarkko Oikarinen creó el Internet Relay Chat (IRC) para conversar con académicos de otras latitudes.
El problema de esta herramienta proporcionada por el internet es que es un arma de doble filo: por un lado funciona como herramienta de trabajo, mientras por el otro se convierte en un elemento de distracción.
12 HORAS DIARIAS
Leyla Moncada, de 19 años, confiesa conectarse 12 horas al día. “Comencé a usar el Messenger desde hace seis años y lo usaba una o dos veces por semana. Ahora lo utilizo todos los días de mi vida”, explica, pues así se comunica con su novio.
La psicóloga Minerva Montano explica que cuando hay relaciones amorosas de por medio “nos conectamos de manera fija y creamos una dependencia, entonces afecta porque comenzamos a romper normas de la casa y alteramos nuestro horario de vida”.
“Es rápido, es en tiempo real y es relativamente gratis”. Ésas son las ventajas que Moncada encuentra en el chat. Y sostiene que “no imagino mi vida sin chat, porque es parte de mi mundo”, agregó.
Sin embargo, la psicóloga Montano advierte que “esta nueva tecnología a veces evade las relaciones sociales reales que se deben establecer, porque nos acercamos a lo lejano y nos alejamos de lo cercano”. Y Leyla lo confirma: “He dejado de salir con mis amigos por quedarme chateando”.
EN LAS EMPRESAS TAMBIÉN
Desde comienzos de este año, la empresa RAMAR Aduaneros suspendió el internet y chat para todos sus trabajadores. La razón: atrasa el trabajo. Ésa fue la explicación que recibió Milton Martínez, de 22 años y auxiliar de contabilidad en esa empresa. “Me molestó porque ya no podía ver mis correos ”, cuenta.
Sin embargo, acepta que “cuando no está el jefe, chateás y si tenés trabajo lo hacés hasta después”. Marlene Saravia, psicóloga laboral, explica que el chat “atrasa el trabajo, distrae a la persona y no puede dar calidad porque pone atención en varias cosas”.
Martínez afirma que usaba más frecuentemente el chat en sus tiempos libres, lo que según Saravia sí puede estar permitido, pues “podría tener efectos positivos, porque si la persona está estresada, el dialogar con las personas le permite desestresarse”.
Para Saravia, la solución es que las organizaciones tengan políticas del uso, normas adecuadas y educar a sus trabajadores. Propone que si el chat se permite debe ser en horas de receso, para no afectar la productividad de los trabajadores. “Pero si hay un flujo de comunicación entre otras personas con las que pueden intercambiar experiencias laborales, eso se convierte en un beneficio para la empresa”, asegura. Martínez, confiesa que desde que no chatea hace en media hora las tareas que antes hacía en dos.