Nos acercamos a la experiencia de Pentecostés después de transitar un recorrido espiritual en estas semanas posteriores a la Pascua.
Primera semana: Los Testigos del Resucitado.
Segunda semana: Nacer de Nuevo.
Tercera semana: El Pan Vivo.
Cuarta semana: Cristo Luz del Mundo.
Quinta semana: Permanecer en el Amor.
Sexta Semana: La Obra del Espíritu.
Séptima semana: Gloria de Jesús.
Primera semana: Los Testigos del Resucitado. Son aquellos hombres y mujeres, cuyas vidas son un testimonio vivo del Amor de Cristo.
Segunda semana: Nacer de Nuevo. Es la transformación de una existencia egoísta a una vida de solidaridad con el prójimo.
Tercera semana: El Pan Vivo. Necesitamos del pan material para la vida biológica, del pan de la dignidad para la vida humana y del Pan Vivo que es Cristo, para la vida espiritual.
Cuarta semana: Cristo Luz del Mundo. El identificarse plenamente con el resplandor de Jesús es entrar por la única puerta a una existencia plena.
Quinta semana: Permanecer en el Amor. La confianza en Jesús es fundamental en los períodos de turbulencia. Permaneciendo en ese Amor percibimos el Camino, la Verdad y la Vida en abundancia. Jesús nos muestra a Dios Padre, pues es la imagen visible del Dios invisible.
El evangelio de hoy (Juan 14, 15-21) es un momento formidable para dar ánimo a los discípulos del Señor de todos los tiempos. Jesús vuelve al Padre, pero si guardamos sus mandamientos, que se resumen en la ley del Amor a Dios y al prójimo, recibiremos en toda ocasión la fuerza del Padre y del Hijo por medio del Espíritu Santo.
Jesús sigue viviendo en todos aquellos que actúan conforme sus sentimientos, en la justicia, la paz, la fraternidad y la entrega sin límites.
Jesús es responsable y compasivo con sus discípulos en su discurso de despedida frente al momento culminante de su existencia: su muerte en cruz. El sabe del trauma que sufrirán sus seguidores y les da palabras de aliento. Ya les ha dicho que El se va para construirles un lugar en la casa del Padre, que no se desconcierten, porque El es el Camino, la Verdad y la Vida. Ahora los estimula con la promesa del Espíritu Santo para que puedan cumplir su mandamiento del Amor.
El Espíritu de la Verdad solamente puede coexistir en los que son buscadores de la Verdad, quienes viven en ella, la aman y son capaces de morir protegiéndola.
El Espíritu Santo es el Defensor contra los falsos acusadores que se han amparado durante todos los tiempos bajo el manto de la noche tenebrosa de tiranías y opresiones. El Espíritu Santo es el consolador de quienes combaten y sostienen sus valores por la dignidad de la vida. En medio de una lucha desigual contra los que intentan destruir arbitrariamente, con el poder de la barbarie, el inquebrantable Espíritu del Amor; surge el Poder del Espíritu Santo que habita en el sagrario más íntimo del ser humano.
Los que no pueden recibir ese Amor de Jesús por medio del Espíritu Santo, son quienes se resisten y lo rechazan. Son los injustos, los opresores contra los débiles, los idólatras del dinero y del poder, los que compran conciencias por hambre y los que se dejan comprar por ambición, los que son destructores de los valores morales, éticos, cristianos, ecológicos y los acaparadores de vanidades pasajeras que se enorgullecen de sus perversidades pensando ilusamente que el oropel será eterno en su maniática perversión de creerse omnipotentes.
Frente a este panorama desolador tenemos la permanente promesa del Señor: El nunca nos deja solos.