La princesa Diana y Dodi al Fayed caminan en la riviera de St. Tropez un viernes. Fotografía tomada el 22 de agosto de 1997. ()

El dolor de las conspiraciones

Luego del veredicto del lunes, Mohamed al Fayed se resiste a creer que la muerte de su hijo y de la princesa Diana fue un accidente trágico CORTESÍA DE BBC MUNDO La investigación sobre la muerte de la princesa Diana de Gales, que terminó este lunes, debería poner fin al abultado catálogo de conspiraciones que […]

  • Luego del veredicto del lunes, Mohamed al Fayed se resiste a creer que la muerte de su hijo y de la princesa Diana fue un accidente trágico

CORTESÍA DE BBC MUNDO

La investigación sobre la muerte de la princesa Diana de Gales, que terminó este lunes, debería poner fin al abultado catálogo de conspiraciones que surgió casi desde el momento en que se dio a conocer el accidente, bajo el Puente del Alma, en París, el 31 de agosto de 1997.

Pero no ha terminado para Mohamed al Fayed, cuyo hijo Dodi murió junto a Diana y el chofer Henri Paul.

“Esto no es un accidente, es un complot, es un asesinato”, dijo en la madrugada de ese fatídico 31 de agosto, y durante los últimos diez años ha seguido creyendo esa verdad tan suya, tan personal y tan trágica.

La lista de los mencionados en esta “conspiración” pasó de unos pocos al inicio del caso, hasta ahora a formar una lista que incluye a la crema y nata de la sociedad británica.

MUCHOS “CÓMPLICES”

Entre los mencionados están el ex primer ministro Tony Blair, dos jefes máximos de la Policía, hoy retirados; el ex secretario privado de la Reina, Lord Fellowes, y el ex embajador del Reino Unido en Francia, Lord Jay.

Hasta Trevor Rees, el guardaespaldas que viajaba con la pareja y que resultó gravemente herido en el accidente, es un “bribón” cómplice del “crimen”, según el dedo acusador.

Ni la familia de Diana se salva.

Al Fayed dice que Sarah McCorquodale, la hermana mayor de la Princesa, también es cómplice pasiva del asesinato.

Francia, Estados Unidos, los servicios médicos y las autoridades judiciales han sido señalados también por Al Fayed como parte de un “aparato siniestro”, que habría buscado impedir que la madre del heredero de trono británico se casara con un musulmán.

Existe un problema serio en esta campaña personal del dueño de las tiendas Harrods: que ni sus asesores ni sus abogados han podido llevar al tribunal una sola prueba fehaciente que respalde estas aseveraciones.

Y ésta ha sido, justamente, parte de la tragedia de los últimos 10 años.

Al deseo de la familia, sobre todo de los hijos de Diana, Guillermo y Enrique, de aceptar lo dolorosamente prosaico de la muerte accidental, se ha opuesto la intensidad de las pasiones de Mohamed al Fayed.

Los tribunales necesitan pruebas, circunstancias que superen a las dudas, y nada de eso pudieron mostrar los abogados del empresario.

Donde hubo negligencia, Al Fayed vio una nueva teoría que consolidaba sus creencias.

CONSPIRACIONES

Las autoridades forenses francesas cometieron errores en las primeras pruebas de sangre de Henri Paul, a cuya embriaguez se atribuye en parte el accidente.

Las primeras pruebas de sangre no dieron un resultado concluyente, debido a lo pobre de los métodos.

Pero tres días después los mismos expertos obtuvieron nuevas pruebas, esta vez supervisadas y correctamente marcadas.

Quienes trabajaban en el bar del Hotel Ritz, de donde salió la caravana fatídica, vieron a Paul beber licor antes de conducir el automóvil de Dodi y Diana.

Pero para Al Fayed, las pruebas de sangre no eran de Paul, sino que fueron plantadas para confundir las investigaciones.

Muchos testigos hablaron de cómo Paul perdió el control del vehículo, luego de rozar un automóvil blanco.

Pero existe un grupo pequeño que habló de un “rayo de luz” que cegaba en el túnel y hombres “vestidos de negro” en una motocicleta.

Los cinco abogados de la parte investigadora demolieron estas teorías con una facilidad abrumadora.

“Un número de personas parece haber tenido el deseo incontenible de pretender que estuvieron ahí, cuando la verdad es que no fue así”, dijo Scott Baker, el juez que presidió la investigación.

Al comenzar el proceso, los abogados del empresario dijeron que el automóvil blanco, un Fiat Uno, un vehículo nunca hallado y mucho menos identificado, tuvo que ver con el accidente al “chocar” con el Mercedes de Dodi.

Días después, el mismo equipo legal tuvo que admitir que el automóvil no tuvo nada que ver con el accidente y que “(su) conductor no era culpable de nada”.

De forma espectacular, uno de los elementos clave de la conspiración, el fantasmagórico Fiat Uno, termina siendo absuelto, disolviendo así varias teorías que resultaría muy largo mencionar en esta nota.

Mohammed al Fayed insiste en que Diana estaba encinta, por lo que las autoridades forenses francesas embalsamaron de forma ilegal el cuerpo, para ocultar el embarazo.

Aquí también los abogados de Al Fayed debieron admitir que no había pruebas de que éste fuera el caso. Diana no estaba embarazada.

Y en el caso de la presunta culpabilidad del príncipe Felipe y los servicios de inteligencia británicos, los asesores legales del empresario debieron abandonar una teoría desprovista de la más mínima credibilidad.

TRAGEDIA

“Luego de nueve días de una investigación exhaustiva, que incluyó testimonios de 250 testigos, los equipos legales de Al Fayed tiraron la toalla”, dice Nicholas Witchell, el especialista de temas monárquicos de la BBC.

El juez que presidió la causa ha dicho que el que Mohamed al Fayed crea en la conspiración no la convierte en realidad.

Un ex portavoz de Al Fayed dijo a la BBC que los asesores del empresario le decían lo que el quería escuchar, endosando cada teoría, cada conspiración, cada campaña.

Cuando un periodista de la BBC le hizo una pregunta que incomodó a Al Fayed, éste lo acusó de ser un “idiota” que trabajaba para los servicios de inteligencia.

La única conclusión que él parece querer aceptar es aquélla que calme su dolor de padre diciéndole que, en efecto, la familia real mató a Diana y Dodi, que hubo un complot, que la negligencia no es una explicación plausible para una muerte prematura e injusta.

Eso, a pesar de que la realidad, pesada e inconmovible, ha superado a la fantasía brutal de un hombre al que le sigue doliendo el alma.

Espectáculo

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí